Internacional

El mundo entra en una nueva era sin límites nucleares entre EE.UU. Y Rusia

Amenaza de rearme

Mañana expira el tratado New START, que restringe los arsenales de las dos principales potencias atómicas

El fin del tratado New START puede desatar una carrera armamentística entre las potencias nucleares

El fin del tratado New START puede desatar una carrera armamentística entre las potencias nucleares

zpagistock / Getty

Si nadie lo remedia a última hora, el mundo será más inseguro a partir de mañana.

El jueves 5 de febrero es el día en el que expira el Nuevo Acuerdo de Reducción de Armas Estratégicas (más conocido por su nombre en inglés, New START), el último tratado suscrito por EE.UU. Y Rusia para limitar sus respectivos arsenales nucleares. Será la primera vez desde 1972 que los dos países no estarán obligados legalmente a restringir sus fuerzas. Una pésima noticia si se tiene en cuenta que ambos acaparan cerca del 90% de ojivas atómicas existentes en el globo.

Los expertos temen que la ausencia de controles desencadene una carrera armamentística similar a la de la guerra fría, cuando la desconfianza reinaba en las relaciones entre Washington y Moscú. De hecho, fruto de la actual inestabilidad geopolítica, ya hace meses que se está avanzando hacia ese escenario: el año pasado, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo alertaba de que casi todas las potencias nucleares estaban incrementando sus capacidades bélicas en lugar de apostar por su reducción.

El tratado New START fue firmado en el 2010 por el entonces presidente estadounidense, Barack Obama, y su homólogo ruso, Dimitri Medvédev, como continuación de una serie de acuerdos diseñados para evitar una contienda nuclear de resultados catastróficos. En él se establecía que tanto Washington como Moscú podían disponer de un máximo de 1.550 ojivas estratégicas desplegadas y hasta 800 lanzadores. Asimismo, el pacto –que fue renovado por Joe Biden y Vladímir Putin en el 2021– contemplaba el intercambio de información y un sistema de inspecciones de las instalaciones nucleares para que cada parte pudiera cerciorarse del cumplimiento de las restricciones. 

Sin embargo, ese último punto quedó en suspenso en el 2023, cuando el Kremlin decidió paralizar las inspecciones –que, por otra parte, ya habían quedado interrumpidas durante la pandemia de covid– como represalia al apoyo militar de EE.UU. A Ucrania en la guerra iniciada por Putin. Desde entonces, los dos países se han visto obligados a basarse en sus propias evaluaciones de inteligencia. Eso sí, pese a esa falta de transparencia, ninguna de las partes ha denunciado el incumplimiento de las limitaciones de armamento.

Futuro incierto

Rusia propone una prórroga informal, pero Trump quiere un nuevo acuerdo que incluya a China

El tratado no se puede prorrogar más, pero, ante su inminente expiración, el pasado septiembre Putin propuso seguir respetando el tope de ojivas un año más, tiempo que se podría aprovechar para negociar un nuevo acuerdo. El presidente estadounidense, Donald Trump, que en octubre ordenó al Pentágono reanudar las pruebas con armas nucleares, ha dicho que eso le parece “una buena idea”, pero todavía no ha dado una respuesta formal.

En EE.UU., la clase política está dividida. Hay voces que abogan por aceptar la oferta rusa para evitar una carrera nuclear de consecuencias inciertas, que además resultará muy costosa para los contribuyentes. Por otro lado, están los que consideran que el Kremlin no es fiable, y que el país necesita reforzar su armamento para hacer frente a los nuevos retos del escenario internacional.

En una entrevista concedida a The New York Times hace unas semanas, Trump dejaba caer que lo que a él le interesaba era forjar un acuerdo “mejor” que incluyera a China, y que ya había hablado con Xi Jinping al respecto. “Creo que estaría dispuesto a participar”, aseguró.

Sin embargo, resulta casi utópico pensar que Pekín pueda sumarse a un tratado de este tipo. El arsenal nuclear chino es mucho más reducido que el de EE.UU. Y Rusia, por lo que para el gigante asiático no tiene sentido comprometerse a limitar sus capacidades bélicas. De hecho, desde la entrada en vigor del New START, China se ha dedicado con ahínco a expandir su armamento atómico: si en el 2011 contaba con 240 ojivas, ahora dispone de 600 –frente a las casi 5.500 de Rusia y las cerca de 5.200 de EE.UU., cifras que incluyen ojivas retiradas–.

Así pues, a falta de que Trump mueva ficha, se impone el vértigo.

Medvedev, que actualmente forma parte del Consejo de Seguridad de Rusia y es uno de las figuras más beligerantes del entorno de Putin, avisaba el pasado lunes: si el New START expira sin un reemplazo, todo el mundo debería “alarmarse”.

Daniel Rodríguez Caruncho

Daniel Rodríguez Caruncho

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Periodista. Redactor de Internacional de Guyana Guardian.

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