Internacional

Qué busca realmente China en el Ártico

Seguridad

La estrecha cooperación de Pekín con Moscú alarma a muchos países de la región.

Los rompehielos chinos de investigación polar Xuelong y Xuelong 2 

Los rompehielos chinos de investigación polar Xuelong y Xuelong 2 

Chen Dongbin / Xinhua

Con el inicio del invierno en el Ártico, China celebraba un año excepcional en la región. En septiembre, uno de sus rompehielos, el Xuelong 2, completó la mayor expedición ártica realizada hasta la fecha por el país. En la misión participaron un centenar de científicos y se llevó a cabo la primera inmersión tripulada de China en aguas profundas bajo el hielo. En octubre, un buque portacontenedores operado por China realizó el primer tránsito programado desde China a Europa por el Ártico sin necesidad de rompehielos. Los medios chinos ensalzaron su travesía de 20 días a través de la Ruta del Mar del Norte (que empleó la mitad de tiempo que el canal de Suez) como “la entrega más rápida en la historia del transporte de contenedores”.

Sin embargo, el ambiente entre los investigadores árticos chinos era sombrío cuando se reunieron a principios de febrero en Tromsø, en el norte de Noruega, con motivo de dos conferencias. En la conferencia anual del Centro de Investigación China-Ártico Nórdico, a la que también asistió The Economist, los participantes chinos no mencionaron la “Ruta de la Seda polar”, el ambicioso plan de 2018 para desarrollar rutas de navegación, infraestructuras y explotaciones mineras en el Ártico que había expuesto China. En su lugar, sugirieron que el Ártico no figura entre las prioridades de la política exterior china. Y lamentaron el nuevo énfasis en la seguridad en la región, especialmente desde que Donald Trump ha intensificado sus esfuerzos por hacerse con Groenlandia.

La repentina discreción de China respecto a sus ambiciones en el Ártico se debe a un vertiginoso cambio en la geopolítica de la región. La reciente afirmación de Trump de que barcos de la marina china acechaban cerca de Groenlandia era un completo disparate. Sin embargo, su amenaza sobre el territorio ha incrementado las tensiones con los aliados, empujando a algunos a acercarse más a China. No obstante, las actividades chinas en otras zonas del Ártico son motivo de verdadera preocupación para Estados Unidos, Canadá y los europeos, especialmente debido a la alianza de China con Rusia. Algunos temen que China esté recopilando datos y experiencia para operar buques y submarinos en la región. Desde la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022, los países nórdicos, que en su día esperaban mantener el Ártico como una zona de cooperación pacífica, han comenzado a priorizar la seguridad en el extremo norte.

La respuesta de China consiste en restar importancia a los aspectos relacionados con la seguridad en sus planes para el Ártico. Ya en 2018, los presentó como parte de la Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative), un programa valorado en billones de dólares para transformar el comercio mundial mediante la construcción de infraestructuras de transporte, energía y otros sectores. Autodenominándose (de forma un tanto neológica) un “Estado cercano al Ártico”, afirmó que, a medida que se retirase el hielo polar, las nuevas rutas marítimas y las oportunidades para explotar minerales podrían “tener un impacto enorme en la estrategia energética y el desarrollo económico de China”. Las actividades chinas en el Ártico iban “más allá de la mera investigación científica”, abarcando la seguridad y la gobernanza, según declaró.

Ahora, China se presenta como un socio en la investigación del cambio climático, pero detrás se temen intereses militares

Ahora, China se presenta como un socio en la investigación sobre el cambio climático (a diferencia de la América de Trump). Zhang Beichen, subdirector del Instituto de Investigación Polar de China, afirmó en la conferencia de Tromsø que China podría permitir que otros países participen en sus futuras expediciones al Ártico. Según sus palabras, China está preparada para “reforzar una colaboración científica transparente y abierta con los socios nórdicos y todos los demás actores implicados en el Ártico”. Zhao Long, del Instituto de Estudios Internacionales de Shanghái, un laboratorio de ideas chino, acusó a los países occidentales de “sobredimensionar la seguridad” en torno a las actividades de China. Los gobiernos europeos deben entender que “China tiene objetivos muy limitados respecto al Ártico”, declaró a The Economist.

Algunos de los asistentes a la reunión, y más tarde en una cita más multitudinaria, el Arctic Frontiers, expresaron su simpatía por la postura de China. Muchos acusaron a Estados Unidos de exagerar la presencia china en la región. El primer ministro noruego, Jonas Gahr Store, afirmó que no había pruebas de la presencia de barcos de guerra chinos frente a Groenlandia. También señaló que los científicos chinos en el Ártico solo tenían una presencia limitada en Noruega: una estación de investigación en el archipiélago de Svalbard. No obstante, indicó que Rusia y China representan las principales amenazas en materia de inteligencia “y su interés prioritario está en el norte”. Añadió que Noruega había intensificado la vigilancia de las actividades chinas después de descubrir que investigaciones anteriores podían tener fines militares.

Las actividades de China están siendo observadas cada vez más de cerca por los vecinos de Noruega, otros socios de la OTAN y la Unión Europea. Kaja Kallas, la jefa de la diplomacia europea, expresó un temor compartido por muchos: que China pueda utilizar las rutas de navegación del Ártico y las cadenas de suministro de minerales como herramientas de presión. Suecia impidió en 2020 que China accediera a una estación espacial ártica y en 2023 se retiró del Centro de Investigación China-Ártico Nórdico. Finlandia también ha reducido proyectos conjuntos con China. Los servicios de inteligencia daneses advirtieron en diciembre de que China pretende operar buques y submarinos en el Ártico en un plazo de cinco a diez años.

El reto al que se enfrenta China es doble. Por un lado, muchos países de la región recuerdan su actitud anterior, más agresiva, en el Ártico. Esta estrategia implicaba intentos de invertir en proyectos como tres aeropuertos en Groenlandia, otro en Finlandia y una extensa superficie de terreno en Islandia. A muchos les incomodó la magnitud de estos planes, así como la política china de exigir la colaboración entre entidades civiles y fuerzas armadas. Además, Noruega se sintió molesta por las muestras de nacionalismo en la estación de investigación china en Svalbard.

El segundo y más grave problema para los europeos, especialmente, es la inquietante relación de China con Rusia. Rusia depende cada vez más de China debido a las sanciones occidentales y al apoyo chino a la guerra en Ucrania. Ahora ambos países colaboran en el desarrollo de la Ruta Marítima del Norte invirtiendo en puertos, tecnología y formación. Decenas de los aproximadamente 90 barcos que utilizaron esa ruta el año pasado forman parte de una “flota en la sombra” que sortea las sanciones transportando petróleo ruso hacia China. Los dos países también cooperan cada vez más en cuestiones científicas, expediciones conjuntas e intercambio de datos.

Aunque ambos insisten en que estos esfuerzos son exclusivamente civiles, las autoridades occidentales opinan lo contrario. Los datos sobre temperatura y salinidad del agua son fundamentales tanto para las operaciones de submarinos como para la investigación sobre el cambio climático; la investigación atmosférica ayuda a guiar misiles. “No están estudiando a las focas ni a los osos polares”, afirmó Grynkewich, máximo responsable de la OTAN en Europa, el pasado mes de enero. China y Rusia también han incrementado su cooperación en materia de seguridad en la región, realizando en 2024 sus primeras patrullas conjuntas de guardacostas y su primer vuelo conjunto de bombarderos estratégicos frente a Alaska.

El fin de la guerra en Ucrania podría aliviar las tensiones con Europa, permitiendo a China ampliar su colaboración ártica y maximizar su acceso a la región. Esto reduciría su dependencia de Rusia, que controla la mayor parte de la costa de la Ruta del Mar del Norte y cobra tarifas elevadas por el uso de puertos y rompehielos. Europa, sin embargo, teme nuevas agresiones rusas, posiblemente en el extremo norte. Por eso, hasta que China reconsidere sus lazos con el Kremlin, sus intentos de acercamiento a otros Estados árticos recibirán una respuesta fría.

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