Internacional

Un globo de fiesta y no un dron del narco

Conflicto fronterizo

Un conflicto entre la Agencia Federal de Aviación y el

Agentes de la Guardia Nacional vigilan las orillas de Río Grande en la frontera de El Paso (Texas) 

Agentes de la Guardia Nacional vigilan las orillas de Río Grande en la frontera de El Paso (Texas) 

HERIKA MARTINEZ / AFP

Eso que vuela qué es: ¿un avión, Superman, un dron con la marca registrada del cartel de Sinaloa o de Jalisco bien visible? La respuesta correcta, sin embargo, es otra. Solo era un globo perdido de una fiesta.

La administración Trump ha vivido esta semana uno de los capítulos más grotescos de cuantos se han registrado en algo más de un año de mandato. El país se despertó el miércoles con la noticia de que la Administración Federal de Aviación (FAA) había cerrado por diez días el espacio aéreo de El Paso, en cuyo aeropuerto internacional se suspendieron todos los vuelos, debido a “razones especiales de seguridad”.

Cualquier especulación parecía válida. El Paso está a cruzar de un puente de Ciudad Juárez, en México, país al que el presidente Trump ha amenazado con convertirlo en territorio bélico para destruir a los cárteles de la droga.

La orden provocó rápidamente confusión. Los funcionarios locales y federales explicaron que no habían sido notificados. Pero solo nueve horas después del anuncio de cierre, la FAA levantó abruptamente esa orden.

Según su comunicado, de pronto todo había cambiado. “No existe ninguna amenaza para la aviación comercial”, señaló la FAA en la red social X. “Todos los vuelos se reanudarán con normalidad”, subrayó. Fuentes oficiales aclararon que una operación había logrado inutilizar drones de los cárteles mexicanos que habían violado el espacio aéreo estadounidense. Así se justificó que se hubiera tomado una decisión por lo general muy limitada e inusual, equivalente a las que se impusieron el 11-S del 2001 ante el ataque islamista con aviones comerciales a Nueva York y Washington.

Incluso el secretario de Transporte, Sean Duffy, sostuvo que la FAA y el Departamento de Defensa “actuaron con rapidez para hacer frente a una incursión con drones de un cártel”. Duffy celebró que “la amenaza ha sido neutralizada y no hay peligro para los vuelos comerciales en la región”.

Hasta ahí, el asunto se percibió como algo exagerado. Sin embargo, detrás había otra historia menos peliculera. El caso había adquirido tal dimensión que el cierre de El Paso llegó a la Casa Blanca, donde acabó celebrándose una reunión entre los responsables de las dos agencias con Susan Wiles, jefa de gabinete de Trump. El resultado fue que la FAA levantó las restricciones minutos después.

En realidad los drones no existieron nunca. La causa residía en un error de comunicación, dicho de forma políticamente correcta, para no hablar de disputa, entre la FAA y el Departamento de Defensa por haber experimentado con una nueva tecnología láser para interceptar y destruir drones, herramienta que los narcos utilizan cada vez más tanto para rastrear los movimientos de los agentes fronterizos como para introducir drogas.

El Pentágono transfirió temporalmente el sistema láser a la agencia de Aduanas y Protección Fronteriza para neutralizar a los drones operados por los cárteles mexicanos. Funcionarios del Departamento de Defensa y de la FAA tenían previsto reunirse el 20 de febrero para discutir asuntos de seguridad relacionadas con el despliegue de ese arma.

Sin embargo, siempre a partir de medios estadounidenses, el Pentágono y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), del que dependen las patrullas fronterizas, querían avanzar de forma más rápida. El Departamento de Defensa decidió movilizar esta tecnología operando desde los cuarteles de Fort Bliss, una base militar cercana a El Paso.

Sin embargo, lo hicieron sin coordinación alguna con la FAA. Su administrador, Bryan Bedford, decidió por su cuenta cerrar el espacio aéreo, dada la premura y la imposibilidad de contactar con las compañías comerciales, por el temor a que aviones comerciales pudieran sufrir consecuencias trágicas. Tomó esa decisión, según la cadena CBS, sin decir nada a la Casa Blanca, al Pentágono ni al DHS. Fue esa preocupación por la seguridad la que llevó a la FAA a imponer los diez días de restricciones de vuelo.

En aquel momento, la FAA todavía no había completado una evaluación del riesgo que la nueva tecnología podría representar para otras aeronaves. Funcionarios de la agencia advirtieron al Pentágono que no se les había dado ni suficiente tiempo ni información para hacer esa revisión.

El enfrentamiento dentro del gobierno estuvo motivado, según 

The New York Times, porque el arma láser se desplegó a toda prisa por la irrupción de lo que pensaron era un dron. Pero les confundió el exceso de diligencia. El dron resultó ser un globo lanzado en una fiesta. Como si fuera un peligro inminente, la operación para neutralizarlo se realizó sin coordinación del Pentágono con la FAA.

La congresista por Texas Veronica Escobar, demócrata, cuyo distrito incluye El Paso, puso en duda la versión oficial del gobierno al resaltar que los drones de los cárteles son algo habitual en la zona.

“No hubo nada extraordinario ni ninguna incursión de drones en Estados Unidos de la que yo tenga conocimiento”, remarcó Escobar. “No estaba ocurriendo nada en Fort Bliss que hubiera justificado un cierre de diez días o incluso un cierre inmediato”, denunció. 

Francesc Peiron Arques

Francesc Peiron Arques

Corresponsal de 'Guyana Guardian' en Nueva York

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