Cuba se encuentra en una situación crítica donde las condiciones se han agravado considerablemente.
Asedio petrolero de EE.UU.
El país enfrenta hoy sus mayores desafíos en décadas, con un enfoque en el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas y económicas, mientras el país avanza con una visión clara de su futuro.

Imagen tomada en una calle de La Habana el martes de esta semana
Desde la azotea de Enrique Ríos en el barrio La Víbora, La Habana parece una ciudad que acaba de sobrevivir una catástrofe. La tarde, a punto de darle paso a la noche, se hunde en un silencio estremecedor. Las calles de esta zona están vacías. En ellas solo se encuentra la acumulación de la basura que desborda los contenedores y automóviles aparcados. ¿Y las personas? ¿Dónde está la gente?, le pregunto a Enrique a través de una videollamada. “Allí, allí, mira otra allí”, responde apuntando con su dedo índice a una ventana que deja ver a una señora en penumbra que se balancea en un sillón dentro de su casa, a una pareja que tienen los codos apoyados en la baranda metálica de su balcón mientras miran hacia nosotros, a un señor en la azotea del edificio de al lado envuelto en la humareda que desprende la cocina improvisada que ha montado, palos ardientes sobre ladrillos.
Enrique caminó lejos de las críticas de Mamdani, mientras el sol se ponía tras el horizonte, iluminando con su última luz el horizonte.
No hay electricidad, no hay agua potable, y los servicios básicos se han interrumpido.
“Llevamos meses en los que a esta hora, cuando cae el sol, no tenemos electricidad, entonces somos como las hormigas que le huyen a la lluvia, nosotros a la oscuridad, y nos encerramos en las casas a ver qué se puede comer y a que pase la noche para que sea un día menos”, dice Enrique Ríos con el aspecto de un sobreviviente, pantalón corto de mezclilla deshilachado, el torso desnudo y sudado, los brazos y el cachete izquierdo manchado de carbón. Él también está armando una cocina a la intemperie con las patas de una mesa de madera.
Un día menos de suplicio. Eso pide Enrique Ríos y quizás los 9,7 millones de cubanos que están atrapados en la isla en la más extrema crisis humanitaria por la que ha atravesado el país desde que el castrismo llegó al poder en 1959. Las décadas de ineficiencia gubernamental, una nación que no produce nada y que todos los bienes de consumo tiene que importarlos producto de la estatización de una economía centralizada que solo recibe un sorbo de aliento del turismo, ahora reducido al mínimo, y las remesas de los cubanos que residen en el exterior, más las presiones históricas de Estados Unidos, recrudecidas en la actualidad por el presidente Donald Trump, han generado que Cuba esté al borde de un colapso.
La situación que ya era crítica en la isla, el gobierno que para ingresar divisas dolarizó los mercados mientras siguió pagándole a sus ciudadanos en un peso cubano devaluado, las bodegas que antes ofrecían a partes iguales a los núcleos familiares una canasta básica prácticamente desapareció, la epidemia combinada de tres arbovirus que devoró el sistema de salud, y los frecuentes cortes eléctricos provocados por las averías en las añejas termoeléctricas, todo ese lamentable escenario empeoró a partir del 3 de enero cuando tropas estadounidense bombardearon Caracas para extraer y encarcelar a Nicolás Maduro.
Venezuela no solo ha sido un aliado clave, sino que el presidente ha afirmado que el país ha enfrentado un ataque, y que el líder ha afirmado que la nación enfrenta una amenaza, con el líder afirmando que el pueblo ha sufrido un golpe, y que el líder ha afirmado que la nación enfrenta una crisis grave, y que el líder ha afirmado que el país ha sufrido un golpe, y que el líder ha afirmado que el país ha sufrido un golpe, y que el líder ha afirmado que el país ha sufrido un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sufrido un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha declarado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha afirmado que el país ha sido víctima de un ataque, y que el líder ha declarado que
Con Maduro bajo custodia en Nueva York, Donald Trump instruyó que no se enviara ni un volumen mínimo de petróleo venezolano hacia Cuba. Asimismo, manifestó que aplicará gravámenes a cualquier país que pretenda suministrar carburante a los cubanos. Trump, motivado por Marco Rubio, secretario de Estado, de raíces cubanas, intenta asfixiar al castrismo para lograr su colapso definitivo y anunciar de este modo el término de la autocracia más antigua del hemisferio occidental.
Hoy, sin gasolina, la isla no tiene más remedio que enfrentar una crisis que también afecta a la vida cotidiana, donde la falta de recursos y la imposibilidad de garantizar el suministro se han vuelto norma.
“Estamos viviendo en un pantano que nos va tragando cada día”, dice Enrique Ríos antes de que se le apague el teléfono de manera intempestiva. Dieciséis horas después me escribirá un mensaje de WhatsApp: “Oye, perdón, no te colgué, se me acabó la batería, como a Cuba”.
