Israelíes perciben la eventual confrontación con Irán como un
Conflicto en Oriente Medio
* Israel alerta de ofens

Banderas de Israel y del Irán monárquico en una manifestación el pasado 14 de febrero en Tel Aviv en apoyo al movimiento de protestar en Irán

La inminencia de un conflicto armado con Irán domina las portadas de los medios globales, aunque no perturba, por ahora, la cotidianidad de los ciudadanos en el centro de Tel Aviv. En Jaffa, la zona antigua de la urbe —donde cohabitan palestinos e israelíes— inaugura su mercadillo vintage durante la jornada inicial soleada de la temporada. Entretanto, a unos diez kilómetros de distancia, en el aeropuerto Ben Gurion, descienden aeronaves militares estadounidenses con el fin de suministrar recursos a sus tropas aéreas desplegadas en Oriente Medio y enfocadas hacia Teherán.
Conforme a un sondeo divulgado por el rotativo Times of Israel, un 59 % de los israelíes respalda una incursión coordinada de EE. UU. Y su nación contra el mando de los ayatolás. “Esto no lo hacemos solo por Israel, es por el bien del mundo”, comenta un israelí desde la costa, quien opta por no revelar su identidad a los reporteros.
El gobierno de Beniamin Netanyahu ha declarado a Irán como “la mayor amenaza existencial para el Estado de Israel”. Teherán ha sido durante años clave para la financiación de grupos como Hamas en Gaza, Hizbulah en Líbano y los hutíes de Yemen. Desde los ataques del 7 de octubre del 2023, el autodenominado Eje de la Resistencia ha sido la principal oposición armada a la invasión terrestre de la franja.
De hecho, Israel amenazó este martes a Líbano con bombardear con fuerza la infraestructura civil, incluido el aeropuerto, en caso de que Hizbulah se involucre en una posible guerra entre Estados Unidos e Irán, según dos altos funcionarios libaneses.
El conflicto entre las dos naciones se intensificó hasta junio pasado, periodo en el cual, por doce jornadas, Irán e Israel intercambiaron proyectiles; mientras Washington actuó bombardeando el núcleo del proyecto atómico persa. Cerca del 70 % de los israelíes rechazaban en aquel tiempo la tregua y opinaban que “aún había trabajo por hacer”. Las manifestaciones de enero frente al sistema impulsaron nuevamente el plan de deponer al ayatolá Ali Jamenei durante una etapa de gran vulnerabilidad.
En ese sentido, las autoridades israelíes han avisado a la población de que podría volver el tiempo de los búnkeres y las alarmas antiaéreas. “Estamos acostumbrados a la guerra”, asegura Marta, que pasea junto a su madre por los puestos de antigüedades. “Yo me siento bien. Ya pasamos por esto en junio. En los medios dicen constantemente que será esta noche, así que uno se acostumbra”, declara.
La disciplina militar en Israel es el motor que define y
En las principales ciudades del país, los ayuntamientos han distribuido un documento con el protocolo y las recomendaciones sobre qué hacer en caso de un bombardeo. Muchos han vuelto a instalar la aplicación de alerta de misil, donde se marcan los refugios públicos. Algunos colegios en Jerusalén también han comunicado a los padres que se llevarán a cabo clases telemáticas a partir de esta misma semana.
Una realidad a la que muchos israelíes no quieren volver. “Nadie quiere una nueva guerra, pero si viene, viene. No es nuestra decisión. Son los políticos los que tienen que tomar esas decisiones, aunque, tristemente, nosotros somos los afectados”, reclama Solene, árabe israelí, desde su cafetería de especialidad en la principal urbe del país.
Su compañero de trabajo Moshe describe a la perfección el carácter marcial de la mayoría de los israelíes, profundamente marcado por el servicio militar obligatorio tanto para hombres como para mujeres. “Vamos al Ejército queramos o no. No nos preguntan. Te dan un papel: o vas a la cárcel o a la academia militar”, explica. Una disciplina militar que, según él, les hace sobrellevar las noches de bombardeo y normalizar la sombra constante de un nuevo conflicto. “Aquí, el Ejército es la llave de la vida”, añade.
“He vivido muchas guerras aquí”, dice Rifka, de 66 años, cuyos padres judíos emigraron desde Irán. “El régimen debe acabar. Me preocupa la gente allí y quiero (…) que la gente sea libre y feliz, que tenga dinero y que pueda vivir dignamente. No tienen comida, no tienen agua, no tienen nada”, explica y añade que “el momento es ahora”.
Tras varias horas de entrevistas, solo una persona, Karina, nacida en Alemania y cuya familia sobrevivió al Holocausto, invoca el término paz: “Estoy en contra de cualquier guerra. No me gusta que Israel haya matado a 60.000 personas en Gaza. Incluso después de lo que ocurrió el 7 de octubre, no me siento bien con eso. Matar nunca es la respuesta correcta a un conflicto”.
Recuerda otros tiempos más cargados de esperanza. “Me mudé hace treinta años. Israel era diferente entonces. Había un ambiente más positivo, una sensación de shalom (paz)”, una reliquia que ya no es posible encontrar en ningún anticuario de Tel Aviv.


