Por qué China no salvará a Cuba de sí misma, ni de los Estados Unidos
Tensión en el Caribe
A diferencia de Moscú en el pasado, Pekín no da dinero a fondo perdido por motivos ideológicos

El canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla pidió ayuda urgente a su homólogo chino, Wang Yi, el pasado 5 de febrero en Pekín

Apaga y vámonos. La situación económica de los cubanos es más angustiosa que nunca y muchos se preguntan dónde está China. El único país comunista del hemisferio occidental recibe arroz y buenas palabras de sus camaradas de Pekín. Pero las inversiones chinas buscan rentabilidad sin distinción de ideologías y Cuba solo representa una gota de agua en las caudalosas relaciones comerciales entre América Latina y el gigante asiático.
Es legítimo preguntarse por qué la Cuba del “periodo especial”, bajo Fidel Castro, sobrevivió a la caída de la URSS y al momento hegemónico y unipolar de EE.UU., mientras que la de Miguel Díaz-Canel podría estar al borde del colapso, pese a tener enfrente a unos EE.UU. Supuestamente divididos y en declive. Pese a tener como socio estratégico a la gran potencia emergente.
Parte de la respuesta está en que, efectivamente, la República Popular de China no es la Unión Soviética. “A China le guía su espíritu pragmático y en Cuba tiene dificultades para obtener beneficios”, explica a Guyana Guardian Heriberto Salgado (nombre cambiado), un periodista cubano veterano en varios continentes.
Tras la decapitación del régimen de Venezuela, muchos se preguntan si Cuba será la siguiente. La captura de Nicolás Maduro fue el mensaje más explícito mandado por Donald Trump sobre los límites de la influencia china en su patio trasero. Un revés que Pekín ha podido encajar mucho mejor que La Habana, donde el crudo venezolano apuntalaba la ineficacia económica del castrismo -petróleo por médicos- desde los tiempos de Hugo Chávez.
Aviso
La captura de Nicolás Maduro fue el mensaje más explícito mandado por Donald Trump sobre los límites de la influencia china en su patio trasero
Aunque Díaz-Canel sea ingeniero electrónico de formación, a su país se le están fundiendo los plomos. El pasado Día de los Inocentes circuló que un nuevo culebrón turco iba a ser filmado en La Habana en 2026 y que una de las condiciones de la productora era contar con una “patana”, como llamaban a las centrales eléctrica flotantes de origen turco que estuvieron varadas en el malecón hasta agosto pasado. “Llegó a haber cuatro y daban estabilidad”, explica Salgado.
A la falta de electricidad hay que añadir la peor cosecha de azúcar del siglo, que no ha dejado excedente alguno para cubrir los compromisos de exportación a China. En los últimos años, las esperanzas se han desplazado hacia los yacimientos de níquel y cobalto, esenciales para baterías y uno de los motivos por los que, hace un año, Corea del Sur abrió embajada en La Habana, con décadas de retraso respecto a Corea del Norte.

China es el principal destino de estos metales cubanos, pero no está presente en su extracción, a manos de la canadiense Sherritt, a medias con el estado. Sherritt, por cierto, ha interrumpido sus operaciones en Cuba este mes por falta de combustible.
Aunque el grifo de los préstamos chinos se cerró ya durante la década pasada -en realidad, sucedió en toda América- Cuba sigue recurriendo al níquel para saldar en especie sus deudas con Pekín, tal como Caracas hacía en forma de petróleo.
Intercambio
Aunque el grifo de los préstamos chinos se cerró la década pasada, Cuba sigue recurriendo al níquel para saldar en especie sus deudas con Pekín
Las empresas chinas sí han jugado un papel importante en la exploración de hidrocarburos, pero con resultados discretos. El crudo cubano es caro y difícil refinar. Aun así, la isla logró hace diez años cubrir un 45% de sus necesidades. Hoy es un 30%.
Sea como sea, las empresas chinas están invirtiendo en la extracción de cobre peruano, litio argentino y oro brasileño, infinitamente más que en la minería cubana.
China no es la URSS y no condona la deuda de Cuba, sino que la reestructura. Eso es lo que obtiene el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla cada vez que se entrevista con su homólogo chino, Wang Yi -cuatro veces en el último año- con peticiones cada vez más perentorias. La más reciente, el pasado 5 de febrero en Pekín, cuando también se reunió con el cerebro gris del politburó, Wang Hunin.
China hizo un alegato a favor de la soberanía de Cuba y en contra del “inhumano” bloqueo estadounidense. Ambos países votan de forma muy parecida en foros internacionales y Cuba es uno de los raros países que no reconoce el pasaporte de Taiwán.
Pero más allá de la solidaridad -30.000 toneladas de arroz chino están en camino de Cuba-, China no termina de ver mal la aparente resurrección de las áreas de influencia. Piedra de toque de la nueva doctrina estadounidense de seguridad nacional, que no repugna a la cultura política de la China imperial de reinos tributarios. Diríase que más vale no apretar en Cuba, para que no aprieten en Taiwán.
La estrategia ante EE.UU.
Más allá de la solidaridad, China no termina de ver mal la resurrección de las áreas de influencia: más vale no apretar en Cuba para que no aprieten en Taiwán
Air China mantiene los vuelos entre Pekín y La Habana (con parada técnica en Madrid) y el número de turistas chinos en la isla ha seguido creciendo. Pero Xi Jinping no entrará en colisión con EE.UU. Por Cuba, como pudo hacer Nikita Jrushchov. China exporta coches, no ideología.
Pese al empujón de China en energía solar, las renovables apenas rozan el 10% del cóctel energético cubano. “Sus parques solares ayudan, pero poco, porque los propios vecinos canibalizan los materiales para construir corrales de puercos”, asegura Salgado. “Al cubano no le interesa la matriz energética, sino resolver el día a día”. El periodista termina con una predicción: “Si en marzo no se recibe petróleo, este gobierno tiene los días contados, porque el nivel de compromiso de la gente con la revolución se ha ido agotando”.


