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‘Zeitenwende’: nuevo mundo, nueva Europa, nueva Alemania

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La época de una hegemonía estadounidense benigna y una complacencia europea rentable ha llegado a su fin

Tanque Leopard 2 del ejército alemán, solicitado como refuerzo para Ucrania frente a Rusia. 

Tanque Leopard 2 del ejército alemán, solicitado como refuerzo para Ucrania frente a Rusia. 

DPA/EP

La invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en febrero del 2022 marcó el inicio del despertar estratégico de Europa, aunque no ha sido el único detonante. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero del 2025 también ha profundizado y agudizado la sensación de incertidumbre geopolítica. En conjunto, esos acontecimientos, sus repercusiones y los retos planteados han hecho añicos las ilusiones europeas de la posguerra fría acerca de la posibilidad de garantizar la paz y la estabilidad duraderas mediante la interdependencia económica y a través de las organizaciones regionales e internacionales y la institucionalización; y también las ilusiones acerca de dar por sentado el liderazgo estadounidense.

La época de una hegemonía estadounidense benigna y una complacencia europea rentable ha llegado a su fin. Lo que queda es un mundo fracturado y volátil, moldeado por la rivalidad sistémica entre EE.UU., China y Rusia. Sus puntos focales van desde Ucrania hasta Taiwán, desde Kaliningrado hasta Gaza, y desde Israel hasta Irán. Para Europa, y para Alemania en particular, la pasividad ya no es una opción.

Tras la agresión de Rusia y las vacilaciones de EE.UU., los europeos y su Unión han comenzado a reorientarse. Lo que para muchos parecía una arquitectura de seguridad estable evoluciona ahora hacia un mosaico de respuestas nacionales y nuevas ambiciones colectivas. La cuestión ya no es si Europa responderá, sino cómo y con qué coherencia. El reajuste europeo incluye una serie de medidas; entre ellas, un aumento drástico del gasto en defensa que supone un ambicioso programa de (re)armamento, compra conjunta de municiones, subvenciones a los fabricantes de material de defensa, así como la introducción de una Estrategia Industrial Europea de Defensa Europea (EDIS).

Alemania ha cruzado un umbral estratégico (en lo material, institucional y discursivo) que solo cabe definir como el cambio más importante en defensa tras la segunda Guerra Mundial

Además, una cooperación europea nueva o mejorada en defensa es hoy accesible a “países afines” a través de acuerdos de asociación en materia de seguridad recientemente negociados. Tras años de relaciones congeladas como consecuencia del Brexit, por ejemplo, Bruselas y Londres firmaron en mayo del 2025 un acuerdo de asociación en materia de seguridad que permite la adquisición conjunta, restablece el diálogo político y esboza la cooperación en misiones, ejercicios y teatros estratégicos desde el Ártico hasta el Indo-Pacífico. La UE también está ampliando su red de socios globales. Canadá, Japón, Corea del Sur e India han firmado o están negociando acuerdos estratégicos de seguridad, algunos con componentes industriales y otros centrados en la seguridad marítima y la resiliencia de la cadena de suministro.

En medio de todo esto, y de modo muy relacionado, la trayectoria, el papel y las posturas de Alemania están evolucionando. Dicha dinámica incluye varios cambios estructurales, como la redefinición de las prioridades estratégicas mediante una importante inversión a largo plazo en defensa, la adopción de una postura más firme en materia de seguridad y la desvinculación del gasto en seguridad de las restricciones presupuestarias habituales. Esos movimientos van acompañados de un cambio en la retórica política, que se aleja de décadas de extrema cautela.

Juntos, todos esos acontecimientos apuntan a que Alemania ha cruzado un umbral estratégico (en términos materiales, institucionales y discursivos) de modo que solo cabe definir el nuevo escenario como el cambio más importante en la defensa del país desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la concreción plena de este Zeitenwende, este cambio de época, sigue sin materializarse. No está claro cuán lejos se aventurará Alemania en la nueva trayectoria, ni a qué lugar llegará exactamente.

FEBRERO DE 2022

¿‘Zeitenwende’ 1 o la insinuación de un ‘Zeitenwende’?

Como reacción inmediata, tres días después de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, el 27 de febrero del 2022, el entonces canciller Olaf Scholz pronunció ante el Bundestag, el Parlamento alemán, lo que enseguida se conoció como el discurso del Zeitenwende. Scholz anunció la creación, como respuesta a la agresión rusa, de un fondo especial presupuestario, un Sondervermögen de 100.000 millones de euros para modernizar las fuerzas armadas alemanas.

Durante décadas, Alemania había sido descrita como un “aliado a veces reacio, a veces fiable” caracterizado por la contención militar tras la Segunda Guerra Mundial, la dependencia de los marcos de alianzas y un escepticismo profundamente arraigado en relación con el uso de la fuerza militar. Su postura de seguridad y defensa fue en gran medida reactiva y de perfil bajo, privilegiando la diplomacia, las herramientas económicas y el multilateralismo sobre el poder duro.

A medida que el orden mundial se fractura, Alemania se está reposicionando no solo como potencia nacional, sino como ancla diplomática dentro de Europa, tendiendo puentes entre Este y Oeste

En un principio, pensando en tales antecedentes, muchos observadores desestimaron el discurso de Scholz como un gesto simbólico; un gesto políticamente significativo, pero carente de continuación. Sin embargo, a la luz de las decisiones tomadas en los meses y años posteriores, el discurso del 27 de febrero aparece cada vez más no como la proclamación de un cambio estratégico, sino como la insinuación de algo de una escala mucho mayor.

PRIMAVERA DE 2025

‘Zeitenwende’ 2.0 o el ‘Zeitenwende’ a gran escala

Tras haber ganado las elecciones, pero sin haber tomado aún posesión de su cargo, el canciller entrante Friedrich Merz negoció (junto con su partido CDU y la CSU, el SPD, los Verdes y el liberal FDP) una enmienda constitucional interpartidista para crear un nuevo fondo extrapresupuestario y eliminar las restricciones fiscales al gasto en defensa. Los días 12 y 18 de marzo, el Bundestag aprobó la enmienda con la mayoría de dos tercios necesaria.

La reforma constitucional permite que los gastos de defensa y seguridad superiores a un 1,5% del PIB eludan el freno constitucional de la deuda (Schuldenbremse). Así, el gasto puede aumentar muy bruscamente y en teoría no tener límites. La supresión del Schuldenbremse constitucional para el gasto en defensa es el “todo que haga falta” de Merz.

Unos dos meses después, el 14 de mayo, Merz expuso su visión de convertir el ejército alemán en el “más fuerte de Europa”. En términos de preparación militar, orientación estratégica y señalización política, Alemania no se está limitando a reforzar los compromisos del pasado, sino que está remodelando e intensificando plenamente sus ambiciones. Ya no se trata solo de una respuesta temporal de un aumento del gasto en defensa. El Zeitenwende es ahora un punto de partida del todo nuevo en materia de seguridad y defensa, algo que define una nueva normalidad. Alemania está experimentando una transformación estructural, quizás incluso rehaciéndose como potencia militar europea de primer orden.

ReArmar Europa

En el 2025, el plan ReArmar Europa/Preparación 2030 de la UE (otra respuesta a la guerra de Ucrania y la creciente inestabilidad estratégica) lanza a la Unión y sus estados miembros a un impulso armamentístico masivo que podría suponer un desembolso total equivalente o superior a 800.000 millones de euros. El programa calcula que un aumento medio del gasto en defensa de un 1,5% del PIB en todos los estados miembros podría generar hasta 650.000 millones de euros de espacio fiscal nacional en cuatro años. Eso podría complementarse con un instrumento de préstamo propuesto de 150.000 millones de euros para inversiones en defensa.

Alemania no solo participa en dicho esfuerzo, sino que es fundamental en él. No cabe duda de que la industria armamentística europea ha sufrido durante mucho tiempo de duplicaciones, falta de capacidad, insuficiente compatibilidad (interoperabilidad) de los sistemas nacionales o coalicionales y fragmentación de las compras. La capacidad fiscal, la base industrial y el peso político de Berlín convierten el país en un componente indispensable en cualquier aumento coherente de la defensa europea. Desde las compras conjuntas hasta el gasto en infraestructuras, la implicación de Alemania determina tanto la escala como la credibilidad de la iniciativa. Sin Alemania, ReArmar Europa es una aspiración o se queda en un eslogan. Con Alemania, puede convertirse en parte de una estrategia.

Los cambios de Alemania: multidimensionales y básicos

Sin embargo, las cifras del gasto en defensa y armamento por sí solas no logran reflejar los cambios en las posturas alemanas en materia de seguridad. El cambio es multidimensional y básico. En términos de comportamiento político y de cambios operativos reales, desde el 2022, Alemania (tras unas renuencias iniciales) ha comenzado a armar masivamente a Ucrania. Cruza así otro umbral estratégico: entrega armas en una zona de guerra activa, algo impensable durante mucho tiempo para los alemanes posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Además, la Bundeswehr, las fuerzas armadas alemanas, ha emprendido misiones más arriesgadas; en particular, un despliegue con fuego real en el mar Rojo contra los rebeldes hutíes. Además, en mayo del 2025 creó formalmente como parte de la posición oriental de la OTAN una brigada de combate completa y permanente en el centro de Vilna (Lituania). La nueva Brigada 45 de la Bundeswehr, que estará compuesta en última instancia por 5.000 efectivos, supone un alejamiento histórico de la que ha sido durante décadas la zona de confort de la política de seguridad de Berlín. Alemania ya no se limita a las rotaciones de reaseguro, ahora está anclando el flanco oriental de la OTAN con una fuerza estacionada de modo permanente y totalmente equipada. No se trata de algo simbólico, sino de disuasión con botas reales sobre el terreno.

Y, a medida que el orden mundial se fractura, Alemania se está reposicionando no solo como potencia nacional, sino también como ancla diplomática dentro de Europa, tendiendo puentes entre el Este y el Oeste, entre el pragmatismo y los principios. Berlín está rejuveneciendo viejos lazos como el motor franco-alemán, reconstruyendo las tensas relaciones con Polonia y posicionándose como el nodo central de la coalición europea pro-Ucrania. Al mismo tiempo, el país está interesado en mitigar las tensiones transatlánticas y trabaja para mantener a EE.UU. (Y a Donald Trump) a bordo en la defensa de Ucrania sin perturbar el consenso europeo. Alemania no está eligiendo entre París, Varsovia, Bruselas y Washington; está intentando mantenerlos a todos unidos bajo un propósito estratégico compartido: contener a Rusia, defender a Ucrania y estabilizar Europa.

El canciller alemán, Friedrich Merz, ha declarado que Europa no está en guerra, pero tampoco en paz por los ataques híbridos que se repiten en los últimos meses. 
El canciller alemán, Friedrich Merz, ha declarado que Europa no está en guerra, pero tampoco en paz por los ataques híbridos que se repiten en los últimos meses. Europa Press/Contacto/Kristian Tuxen Ladegaard Ber / Europa Press

En términos doctrinales, Alemania publicó su primera Estrategia de Seguridad Nacional en el 2023 y actualizó sus Directrices de Política de Defensa, reconociendo un mundo multipolar definido por amenazas estratégicas, la competencia sistémica y un paraguas de seguridad estadounidense disminuido. El cambio es muy visible también en lo que se refiere a la terminología y retórica política. Palabras apenas imaginables hace poco en los debates alemanes, como Kriegstüchtigkeit (preparación para la guerra) o Abschreckung (disuasión), o un nuevo tipo de disuasión nuclear europea, quizás bajo el paraguas nuclear de Francia que suponga un nuevo almacenamiento de armas nucleares en suelo alemán, son ahora bastante habituales o (casi) generales.

Nueva época, futuros abiertos

El período posterior a la guerra fría ha terminado. La breve época de estabilidad encabezada por EE.UU. Que la siguió ha quedado atrás, junto con la lógica de defensa estratégica que la acompañaba. Atrás han quedado también la certidumbre estratégica y las esperanzas de un orden mundial. Y también la época de los dividendos de la paz que los europeos disfrutaron o, como dicen algunos, explotaron. Se ha cerrado un capítulo. Su constelación geopolítica no volverá pronto.

Alemania opera ahora en un mundo configurado por potencias que compiten de forma abierta; alianzas menos estables, quizás cambiantes; y una incertidumbre política internacional fundamental. Moscú no muestra ninguna intención de retirarse de Ucrania. El vínculo transatlántico parece menos estable que nunca desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Beijing sigue presionando a Taiwán y expandiendo su influencia por el Sur Global. Mientras intenta normalizar y establecer buenas relaciones con Moscú, la mirada estratégica de Washington se está desplazando firmemente hacia China y el Indo-Pacífico, donde considera que China es el principal rival a largo plazo.

En medio de todo esto, el Zeitenwende no consiste solo en un drástico aumento del presupuesto de defensa alemán. Tampoco es ya únicamente una reacción política para ponerse al día con la guerra de Rusia en Ucrania o hacer frente a un presidente estadounidense inestable, menos fiable o poco fiable. El Zeitenwende marca un ajuste básico a un entorno internacional más complejo y exigente. También es una estrategia de futuro ante un mundo en el que la atención de EE.UU. Está en otra parte, o incluso ante un entorno de seguridad postestadounidense. Y tiene que ver con la resistencia política, diplomática y militar en un mundo que es en apariencia cada vez más peligroso y volátil.

Palabras apenas imaginables hace poco en Alemania, como 'preparación para la guerra' o 'disuasión', incluida la 'nuclear' bajo el paraguas de Francia, son ahora habituales

Sin embargo, la amplitud y el alcance final de la transformación dejan varios interrogantes. Alemania se está rearmando, pero sigue siendo prudente por lo que hace a una escalada. Los retrasos en las adquisiciones, la escasez de personal y las limitaciones de la industria de defensa amenazan con retrasar su aplicación. En el centro de esta transición se encuentra una paradoja. Alemania está demostrando una nueva voluntad de dirigir, gastar y asumir la responsabilidad de la seguridad europea. Sin embargo, lo hace acompañada de reflejos políticos tradicionales profundamente arraigados: una preferencia por el consenso frente a la velocidad, por las normas jurídicas frente a la flexibilidad estratégica, por la cautela económica frente a la reasignación precipitada, e informada por recuerdos colectivos de los horrores de la violencia y la guerra. Aunque los acontecimientos actuales representan una ruptura con el pasado, siguen coexistiendo con actitudes e impulsos históricamente cultivados.

¿Cómo convertirá finalmente Berlín el gasto en defensa y la retórica del Zeitenwende en una transformación estratégica sostenida? ¿Seguirá adelante con el rearme no solo en términos presupuestarios, sino en preparación, postura de disuasión y cohesión de la Alianza? La cuestión ya no es si Alemania está cambiando. Es de qué manera Alemania continuará o completará lo que ha empezado, y exactamente hacia dónde y hasta dónde se moverá.

Ulrich Krotz es profesor investigador en el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI) e investigador asociado sénior en el Centro de Estudios Internacionales (CERI), en Sciences-Po y CNRS, París. Ben Körte trabaja en asesoramiento sobre riesgos geopolíticos en FTI Consulting, en Berlín, y es graduado por el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI).

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