‘Alas para volar’
Elsa Punset, guiada por un gorrión caído ante su casa, nos explica qué hacer cuando la vida se nos desordena y nos desnortamos y pensamos que ya nunca levantaremos cabeza. Pero sí podemos, y bien lo detalla en Alas para volar (Destino), libro que te recuerda esto: la empatía, la alegría, la ternura y la amistad te salvarán. El gorrión que Elsa cuidó volvió a volar. Y eso le inspiró para atravesar una crisis personal: si el gorrión había volado, ¡ella también volaría! Aplicó lo que había descubierto en este proceso... Y voló. Ahora lo explica al detalle en este libro bonito e inspirador. Elsa culmina su manual aconsejando volver a la naturaleza; por eso cristaliza su sueño de crear la Fundación Punset Terraviva (www.terraviva.eco): ayudará a personas necesitadas a arrancar de nuevo a volar libres.
Un gorrión cayó al suelo...
Tenía pocos días, iba a morir. Y lo metí en casa.
¿Lo salvó?
Sí. Y, un día, pudo volar. Antes le protegí y cuidé, y de su fragilidad aprendí muchas cosas.
¿Qué es lo primero que aprendió?
Que su fragilidad reflejaba la mía. Llevamos dentro el niño herido que fuimos.
¿Y qué hago con ese niño?
Comprender a tus padres, perdonarles y amarles: así pasas de niño a adulto.
¿Usted ya es adulta?
Le llamo “segunda parte de la vida” y puedes alcanzarla a cualquier edad... O nunca.
¿En qué consiste?
En aprobarte, soltar lastre y liberar tus alas... Para volar alto.
Hace años usted me enseñó algo.
¿Ah, sí?
Me dijo: “Todas las emociones se reducen a dos: amor o miedo”.
Y es así. Y hay que elegir: o vives con miedo (desconfianza, sospecha, mejor lo malo conocido, aislamiento...) O con amor.
¿Y en qué consiste vivir con amor?
Vivir confiado, alegre, creativo, abierto a otros, haciendo amigos nuevos...
Procuro vivir con amor.
¡Buen legado para sus hijos! Los hijos no aprenden de lo que los padres dicen, sino de lo que los padres son y hacen.
¿Este aserto lo avala la ciencia?
Está demostrado: de una persona, tú no recordarás lo que te dijo, ¡tú recordarás cómo te hizo sentir! No nos transforma el conocimiento, sino el sentimiento.
¿Descartes y el racionalismo yerran?
Han dañado al mundo y a la humanidad. Antonio Damasio abrió la crítica con su El error de Descartes: ¿animales racionales? ¡No! Somos animalitos emocionales.
Como su gorrioncito...
Entendí con el gorrión que, además de comida y cobijo, todos necesitamos otra cosa: ¡cariño! De otras personas y de animales. Estamos vinculados a lo viviente.
¿Qué más le enseñó el gorrión?
¡A decir no! Intenté darle de comer más de la cuenta... Y dejaba caer esa comida de su pico. Entendí: marca tus valores y haz respetar tus límites. Eso nos cuesta especialmente a las mujeres: ¡aprendamos!
A una amiga la ha dejado su pareja...
El duelo es inevitable y lo atravesará. Pero que no se estanque en el dolor: toca replegarse... Para volver a florecer, como la naturaleza con su invierno y primavera.
¿Existe alguna brújula para saber si estamos yendo por buen camino?
Existen dos brújulas. Una: el cuerpo. Dos: la alegría.
¿El cuerpo?
La mente te enreda, el cuerpo no: ¡escúchale! Una mujer era alérgica... ¿a qué? ¡Al vello corporal de su marido! ¿Qué mayor elocuencia puede haber? El cuerpo es inteligencia pura.
¿Y la alegría?
La alegría es conexión contigo mismo y con el mundo. Es genética al 50% y trabajada en el otro 50%: puedes cultivarla, exponte al sol, a una bonita canción, al viento, a compartir algo con alguien...
¿Tiene que ver esto con la felicidad?
Con el optimismo. El pesimista es victimista: lo que le pasa... Le viene de fuera. El optimista actúa y se hace responsable. Y, claro, al optimista todo le saldrá mejor.
No me ha dicho qué es la felicidad.
Es retrospectiva. Es mirar atrás y poder decirte: “Ha sido complicado... Pero todo tenía sentido y... ¡ha merecido la pena!”.
¿Somos buscadores de sentido?
Desde el siglo XX nos enfocamos al placer, tan adictivo y que detona picos de dopamina, pero les sigue siempre... Un vacío. Hace treinta años, la edad más infeliz eran los 47,2 años, pero hoy un estudio en 130 países muestra que la edad más infeliz... ¡es la juventud! ¿Ha visto lo de Rosalía?
Sí, lo de Lux: ¿cómo lo interpreta?
Rosalía es artista y ha captado ese vacío espiritual en los jóvenes, y lo canta y propone llenarlo con la presencia divina.
¿Necesitamos la religión, pues?
Rebrota la necesidad de religarnos con la naturaleza y cuidar del planeta, de reconectar con todos los seres vivos. Y sentimos la imperiosa conveniencia de soñar.
¿Soñar?
Sí. ¡Soñar es tan necesario como comer! Yo sueño con ayudar a la gente a despertar, a mejorar.
¿Tiene para eso alguna técnica?
El “método Jane Fonda”. Si alguien me parece interesante, me acerco: “¿Quieres ser mi amigo?”, le propongo. Y ya tengo en mi vida cuatro amigos Jane Fonda.
¿Algún otro consejo, Elsa?
Mi madre (85 años) acaba de aleccionarme: “Te va a encantar hacerte viejita”, me ha dicho. “¿Por qué?”, le he preguntado, y me dice: “¡Nunca había sido tan libre!”.
