Él está ahí
Trabaja de noche en la unidad ECO, el equipo que coordina clínica y operativamente todas las emergencias de Barcelona durante las horas más frágiles. Es una figura clave, invisible para quienes duermen, pero presente para quienes la noche sorprende vulnerables. Accidentes, violencia, un corazón que se rompe o se salva. Prieto, reconocido con el premio a la Excelencia Profesional 2025 por el Col·legi de Metges de Barcelona, lleva más de tres décadas atendiendo a la ciudad cuando duerme. Lo ha visto todo: partos en paradas de bus, muertes súbitas en soledad, incendios, atentados, choques con múltiples víctimas. Coordina equipos, decide en minutos. La adrenalina pasa factura: insomnio. “La noche –dice– lo exagera todo: la angustia, el frío, la soledad. Los sintecho duermen de día. De noche se esconden. La ciudad cambia”. Y él está ahí.
¿Qué pasa en Barcelona de noche?
De todo. Hay gente que trabaja, gente que está sola, gente que duerme en la calle, delitos…
Usted conoce sus vergüenzas.
De noche todo se amplifica: la angustia, el frío, la soledad. Quien está solo se siente más solo. Los sintecho buscan rincones para esconderse del frío. El vulnerable lo es más.
¿Por qué eligió trabajar en la noche?
Porque todo parece más lento, más callado. Me gusta ese ritmo.
Ya lleva 32 años.
Lo que más impacta es el sentimiento de los pacientes que no tienen a nadie y se encuentran mal. Y también las reacciones emocionales de los familiares de un enfermo grave. Muchas veces no solo tenemos que atender al paciente, sino también al entorno.
Ha coordinado situaciones críticas.
Ahora estoy en el equipo de coordinación clínica operativa y nuestra función fundamental es dar apoyo y ser el enlace de todas las unidades que intervienen en situaciones graves con múltiples cuerpos de emergencia.
Póngame ejemplos vividos.
Accidentes con múltiples víctimas, el atentado de la Rambla, un incendio en una residencia de ancianos.
¿Cómo reaccionamos los ciudadanos cuando estamos en peligro?
Algunos se quedan en shock, incluso enmudecen, otros sufren una crisis de ansiedad, otros se quejan y otros colaboran.
¿Qué poso deja este trabajo?
La conciencia de nuestra fragilidad. Nunca sabes qué va a pasar ni cuándo, pero pasará y necesitarás ayuda. Es importante tener una red social.
¿Qué les dice a sus alumnos para prepararlos con lo que se van a encontrar?
Que en medicina y en el amor no existe el siempre y el nunca: puede pasar cualquier cosa. La anticipación, pensar que si algo puede pasar, igual sucede, es importante.
¿Los barceloneses somos agradecidos?
En un primer momento muy demandantes, pero a posteriori la gente es agradecida. Recuerdo a un chico que atendimos tras un accidente de moto. Estaba inconsciente, no sabía quiénes éramos, pero cuando se recuperó vino a agradecernos la vida.
Bravo por él.
Hizo lo mismo con todos los servicios por los que pasó. Es bonito, muy bonito.
¿Hay patologías más nocturnas?
Sí: edemas pulmonares, insuficiencias cardiacas, crisis asmáticas… Todo se complica más cuando el cuerpo debería descansar.
¿Y usted? ¿Descansa?
Muy poco. 20 años de noches y 10 con guardias de 24 horas me han dejado insomnio.
¿Algún sanitario no ha sido capaz de soportar una situación?
Cuando ocurre algo así, es responsabilidad nuestra, del equipo de coordinación clínica y operativa, acudir, decidir y dar el apoyo clínico y emocional. Tenemos una red de psicólogos a nuestra disposición.
¿Y si lo necesitan los ciudadanos?
Lo activamos, a menudo para los familiares de las personas atendidas.
¿Hay alegrías también en sus noches?
Nos ponemos muy contentos cuando reanimamos a una persona o cuando nace un bebé, porque también atendemos partos en la calle, dentro de un taxi, en una parada de autobús, en el metro.
¿Alguna situación le ha tocado personalmente?
Normalmente las situaciones que más te afectan son aquellas en las que te ves reflejado. Yo, por ejemplo, cuando tenía niños pequeños, si atendíamos a un niño pequeño crítico, me quedaba tocado.
Debe ser común en su servicio.
Sí, por eso, cuando acabamos el servicio, hacemos lo que se llama el defusing (desactivación), una técnica psicológica breve e informal, aplicada inmediatamente después de una situación traumática, y que consiste en hablar entre nosotros de lo que ha ocurrido.
Eso debe unir.
Nos tenemos aprecio, muchos de nosotros hemos vivido juntos situaciones complicadas, y eso hace que el vínculo sea más fuerte.
¿Qué es lo importante en una situación complicada?
Transmitir calma. Los equipos necesitan que alguien diga: “Hay que hacer esto”, e ir todos a una, aunque la decisión no resulte la más adecuada. Luego lo revisamos en el defusing, algo en lo que yo insisto mucho.
¿Se permiten el cariño con los pacientes?
Muchas emergencias son por palpitaciones, dolor torácico, ahogo; pero cuando llegamos con la ambulancia y se examina a la persona, no tiene nada. Lo que tiene es que está sola, y eso ocurre en todos los barrios. El apoyo emocional salva tanto como el clínico.
¿Qué falta en la medicina de emergencias?
Más formación para todos. Y es esencial que cada ciudadano sepa hacer una RCP, porque cada minuto sin actuar reduce un 10% la posibilidad de que alguien sobreviva.
