Vagabundo en Canarias
Los padres de Anderson viajaban mientras sumaban hijos: tres genéticos (uno, Jon Lee) y dos hermanas adoptadas en Costa Rica y Taiwán. Familia multirracial, cosmopolita de verdad. Por eso “la patria de Jon Lee Anderson ha sido el periodismo”, dijo su entrañable amigo Gabo. Anderson ha sabido meterse en temibles avisperos y salir indemne... Y siempre con una historia irresistible bajo el brazo. Ha antologado su medio siglo de periodismo en los dos volúmenes de He decidido declararme marxista (Debate), sus artículos y reportajes y perfiles desde 1980. Simultáneamente comparte Aventuras de un joven vagabundo por los muelles (Anagrama), deliciosa crónica de su viaje adolescente entre Europa y África, con una larga estancia en Canarias, en busca de su hermana Michelle.
¿Puedo llamarle sâkúi?
Así me llamaban de niño en una de las lenguas de Liberia, el kpelle: “niño inesperado”.
¿Llegó usted por sorpresa?
Mi padre era diplomático norteamericano en Liberia. Yo me iba por la selva.
¿Felices recuerdos?
Sí. Tanto que, con 14 años, viviendo en Inglaterra con mi madre, me aventuré a viajar ¡hasta Togo! Para reunirme con mi hermana Michelle, de 18 años.
¿Cómo viajó?
Autostop: crucé media Europa y España. Era 1972, palpé el miedo a Franco. En un libro de fotos vi rostros de españoles durante la Guerra Civil... ¡Me daban pena!
¿Cómo era usted entonces?
Melenudo y barbudo, pantalones acampanados blancos pintados con champiñones de color naranja... Había probado todas las drogas, escuchaba a Pink Floyd, David Bowie, Jimi Hendrix, Santana...
Un hippy... ¿Aprendió castellano?
En mi medio año vagabundeando en muelles de Canarias, esperando embarcar hacia África... Y luego, años por Sudamérica.
¿Encontró a Michelle?
Reparaba una embarcación para navegar y llegó ella a Las Palmas. Viajamos juntos a Florida, con mis padres divorciándose.
¿En qué otros lugares ha vivido?
En California, Liberia, Corea del Sur, Trinidad, Haití, Sudáfrica, China, Taiwán, por toda Sudamérica...
¿Viajar y escribir?
Ha sido mi vida, sí.
Sucesor de Kapuscinski, le han llamado.
He ejercido como periodista durante cinco decenios en cinco continentes.
Entrevistó a Pinochet...
Y a Hugo Chávez. He caído bien a los tiranos... Y me han confiado cosas.
Y luego se habrán arrepentido...
Probablemente. Un general boliviano me reveló dónde estaba enterrado el cuerpo del Che Guevara... Se le honró en Cuba.
Ha titulado su antología periodística así: He decidido declararme marxista...
Es un guiño tierno a mi preadolescencia: esa frase es la que anoté en una entrada del diario que escribía a mis 13 años... Sí me sumo a los que pusieron su pecho contra racismos y apartheids.
Fue niño en Corea del Sur, ¿no?
Sí: casitas de madera, un puente en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas, ejercicios militares aéreos... Luego vivimos en Colombia, tuvimos chófer armado: una sociedad violenta... ¡En total, viví en nueve países antes de los 18 años!
¿En qué trabajó usted antes de ser periodista?
Corté tabaco en Kentucky, fui guardián en una cárcel... ¡Ahí aprendí mucha psicología humana!
¿Y lo de escribir? ¿Cuándo empezó?
Mi madre estaba rodeada de libros y amigos escritores...
Como periodista, ¿qué método sigue?
Algo me interesa y me acerco... Sin juzgar. Y sin pelearme: yo no soy Oriana Fallaci. Más bien pretendo un hilo de simpatía con el otro, busco alguna intimidad.
¿Qué personaje de todos sus entrevistados le ha caído mejor?
Gabriel García Márquez: me cayó súper.
¿Y el más malvado?
Ha sido Papa Doc, dictador de Haití, al que no llegué a entrevistar, aunque sí al que le emulaba en maldad, el dictador sádico y asesino liberiano Charles Taylor, un auténtico psicópata.
¿Qué pregunta ha formulado a todos los poderosos?
Una pregunta triple: ¿cuál es su noción de la justicia?, ¿cómo ve usted la sociedad?, ¿a usted le gusta la gente?
¿Ha visto peligrar su vida?
Hace 30 años, en Gaza, una turba me envolvió para lapidarme: me libré, pero me tomaron como escudo humano. Y en un despiste... Escapé a la carrera...
¿Alguna otra vez?
Escribí bajo las bombas en Bagdad. Y, en Siria, el Estado Islámico secuestró y degolló a mi amigo Jim Foley.
¿Hacia dónde se encamina el periodismo, Anderson?
Hacia el infoentretenimiento, la mentira, el populismo y el autoritarismo.
¿Lo dice por la presidencia de Donald Trump?
Minará la democracia americana: es algo que temía... Y que veo que se confirma.
Vive usted actualmente en el Reino Unido: ¿cómo está yendo lo del Brexit?
Una decepción enorme, un disparo en el pie, la tontería más grande del mundo.
¿Cómo ve a España y a Pedro Sánchez?
Pedro Sánchez es un político democrático mucho más hábil que todos sus rivales en liza, y altamente capaz en el poder.
¿Por qué hace usted lo que hace?
Me gusta desde siempre y he llevado y llevo la vida que he querido y quiero: la de ser un testigo de mi tiempo.
