‘El poder del desorden’
Este economista no parece economista. Con Tim Harford me ha parecido conversar con una inteligencia creativa, artística, más que con un especialista en números, porcentajes, estadísticas y dientes de sierra. Pero sí, es un reputado economista, y las columnas que publica en Financial Times son prestigiosas. Harford es economista de renombre, con lectores y visibilidad, aunque contento de verse –es el título de su más leído e influyente libro– como El economista camuflado (Debolsillo). Otros libros suyos accesibles en castellano son Cincuenta innovaciones que han cambiado el mundo (Conecta) y El poder del desorden (Debolsillo), que se leen a gusto. Tim Harford ha estado en Barcelona invitado por la Asociación Española de Asesores y Planificadores Financieros, en su XV aniversario.
Economista.
No solo economista.
¿Qué más hace?
Estar con amigos y jugar a juegos de mesa, algo raro entre hombres británicos.
Invierte usted en capital social.
Me divierte jugar a Asaltar el tesoro .
Un economista ¿qué es?
Alguien que piensa en lo invisible.
Ponga un ejemplo.
El papel: ¿cómo influye en todo, sin que se vea? Estamos aquí –usted, yo y sus lectores– porque un día llegó el papel.
Y la imprenta.
La imprenta no sirve para imprimir en otras superficies, solo papel. ¡Y el papel impreso cambió el mundo!
¿La economía es ciencia o es literatura?
Ambas cosas. El buen economista maneja números, historia, psicología, arte.
¿Y sabe cuándo habrá una crisis?
Si cruza datos... Podrá predecirla.
O también contarla en el telediario y provocarla.
Puede acelerarla, pero la crisis del 2007 venía en todo caso, anunciada o no.
¿Un político debe anunciar una crisis?
Mejor decir la verdad... Endulzada.
¿Cuál es su escuela económica?
El experimentalismo: testar medidas y quedarse, sin apriorismo, con la que mejor funcione. La ciencia médica avanza así: experimenta fármacos y elige.
Muy sensato.
Es preciso un líder que diga: “Probemos esta idea”.
¿El liberal Adam Smith sigue vigente?
Sigue asombrosamente vigente pese a los 250 años de sus ideas: señala que una economía prospera con especialización.
Centrado en el individualismo.
Todo progreso nace del individuo en busca de su propia mejora... Que acabará siendo extensible a su sociedad.
Regulándolo con leyes democráticas.
Evitando populismos, ideas atractivas por simples que pueden resultar muy inútiles ante problemas complejos.
¿Qué país podría servirnos de modelo?
Dinamarca, Corea del Sur, Japón, Finlandia, Suecia... Lo hacen bien: ¡pues a copiar!
¿Qué propone para la fiscalidad?
Que sea justa, que mejore la vida de una sociedad. Y ya sé que nos quejaremos de este impuesto o aquel servicio...
Otros se quejan por los inmigrantes.
Lo más importante es siempre preservar el diálogo colectivo, cruzar ideas, probar medidas... La pandemia fue un momento ejemplar al respecto de lo que digo.
¿Por qué la pandemia?
¿Ha olvidado usted el miedo que pasó? ¿La incertidumbre, el pavor ante la muerte, la soledad o la ruina..? Yo sí recuerdo que el día que salió la vacuna.., ¡yo lloré!
Ahora lloramos... Por no poder comprarnos un techo.
La solución pasa por construir viviendas, de calidad, sostenibles y bien conectadas. Para eso hay que alinear a la banca, las leyes, administraciones y constructoras.
¿Cómo ve a España, en lo económico?
Bien. España tiene un déficit hoy inferior al alemán y es la economía que más crece en la OCDE. Lo malo es que una noticia mala opaca a diez buenas. Un día miraréis la última década y diréis: “Estuvo bien”.
Si echamos la mirada al pasado, ¿veremos que hemos ido siempre a mejor?
¡Sí! Con fuertes altibajos de por medio, el mundo está en el 2025 muchísimo mejor que en 1925 en todo lo importante: salud, educación, prosperidad, libertad.
¿Y dentro de un siglo, cómo lo ve?
Mi bola de cristal está bastante turbia. Pero confío plenamente en la humanidad.
Los europeos del año 1942 debieron de verlo mucho más que turbio: ¡negrísimo!
Muy negro, pero... Pensemos que, a mayor oscuridad, mejor se ven las estrellas.
¡Optimista irreductible, amigo Tim!
La pregunta “¿qué pasará?” No es buena, es muy inadecuada. La pregunta conveniente, siempre, es “¿qué podría pasar?”
¿Por qué es esa la pregunta?
Porque cuando visualices diversos escenarios es cuando podrás plantearte: “¿Cómo debo prepararme ante este escenario o ante el otro?”, y así podrás actuar para hallarte en las mejores condiciones.
Tomo nota, pues: planear... Y actuar.
¡Sobre todo, si eres joven! A los jóvenes les animo a ahorrar y a arriesgar, a no asustarse. Y les animo a buscar lo que les guste... ¡Mis hijos me han salido artistas!
¿Invertiría usted en bitcoins?
No hago eso, no me atrae.
Deme un consejo para invertir bien.
Estudie una empresa con una actividad que funcione y entienda y comprométase con ella: invierta y acompáñela, confíe en su progreso, sin apresuramientos, sin vender a la primera. Y, así, crecer juntos.
