Cada lugar, un sentimiento
Thomas Mann cuenta en La montaña mágica que “cuando un día es idéntico al siguiente todos acaban pareciendo el mismo”, como sucede en el sanatorio. Lo vivimos en la pandemia, que, día tras día idéntico al anterior, pasó volando y hoy parece mentira que estuviéramos casi dos años encerrados. Moser lo contrasta, en cambio, con que todos recordamos qué hacíamos el 11-S, un día que se hace muy largo en la memoria. Y es que lo que sentimos al vivir un hecho condiciona la forma en que lo recordamos. Al cabo, tus emociones configuran el recuerdo, que acaba siendo tu identidad. Así que quien tiene mayor dominio sobre sus emociones también lo tendrá sobre cómo recuerda los hechos que las provocaron y, de ese modo, sobre cómo va conformando su propia personalidad.
¿Espacio, tiempo, memoria:¿cómo los une el cerebro?
Son los tres ejes con los que nos adaptamos a la realidad para transitar por el entorno. Y ha sido apasionante descubrir neuronas especializadas en lograr que nos orientemos y otras en que recordemos años después un lugar, un recorrido, un itinerario...
¿Gracias a redes de neuronas?
Son las que nos permiten adaptar el espacio-tiempo de nuestro cerebro al espacio- tiempo universal de la física.
¿Nos inventamos un espacio-tiempo?
Y lo memorizamos de forma que nos permita orientarnos cada vez mejor.
¿Nos orientamos como un GPS?
En parte, sí; en parte, no. Digamos que nosotros nos orientamos usando el propio movimiento, como hace el GPS.
¿Y así vamos confeccionando mapas?
Vamos situándonos a partir del movimiento, como el GPS. Ni el GPS ni nosotros necesitamos ver fotos del entorno para deducir dónde estamos ni para saber a dónde vamos. Al movernos los trazamos.
¿Elaboramos mentalmente mapas que luego recordamos?
Veamos: hace 25 años que empezamos a estudiar esa actividad cerebral en lo que llamamos el córtex entorrinal. Es un hub, un nudo de conexiones, que provee información al hipocampo, bien conocido como generador de memoria.
¿Cómo recordamos caminos y lugares?
En 1970, John O’Keefe descubrió que en el hipocampo había unas neuronas que se activan al localizar un determinado lugar.
¿Y al memorizarlas se mezclan con emociones? ¿Cada lugar nos emociona?
Mi equipo quería comprender cómo se relacionaban esas neuronas con la memoria y con mapas mentales que recordáramos. Así descubrimos las neuronas red, que forman un sistema hexagonal coordinado que funciona como un GPS cerebral.
¿Nos orientan?
Nos ayudan a determinar la dirección y la distancia en cualquier trayecto.
¿Cómo?
Se encienden a intervalos regulares en determinados puntos creando un mapa periódico que complementa el de las neuronas del hipocampo.
¿Y así vamos trazando y memorizando mapas constantemente?
Tras 25 años de laboratorio comprobamos que al movernos trazamos un mapa cerebral paralelo al de la realidad.
¿Si voy de la cocina al lavabo en casa también voy en el cerebro?
Ese mismo trayecto se puede leer en su cerebro con la tecnología adecuada.
¿También en el de los animales?
Ha sido comprobado en mamíferos y veremos también si en otras especies.
¿Los pájaros migratorios tendrían mapas mentales más sofisticados?
Creemos que esas neuronas de localización y las de nodo también existirían en aves y peces. Pero, además, están las neuronas que decidirían la dirección. Y esas neuronas direccionales las hemos detectado incluso en moscas. Han sido muy tempranas en aparecer en la evolución.
Orientarse y memorizarlo: ¿ha aprendido algo sobre sí mismo al investigarlo?
Me divierte la percepción del tiempo: observar que la emoción alarga o acorta el tiempo... Y cómo determina mi recuerdo.
¿Ese recuerdo es modulado en el hipocampo, donde se gestionan las emociones?
Esa percepción de la duración en tiempo es muy subjetiva. Tenemos los ritmos circadianos, sí; pero aparte de esos ritmos de 24 horas de los que no somos conscientes, medir el tiempo es algo muy emocional.
Y emocionante... O todo lo contrario.
Si me pregunta cuánto tiempo llevo sentado ante usted ahora mismo respondiendo preguntas... No sabría decirle.
Casi que mejor.
No sé si han sido 30 o 60 minutos.
Ya acabamos.
Sin reloj sería casi imposible acertarlo. Y eso nos pasa a todos. Depende de la calidad de la experiencia. Si estamos en una sala de espera vacía sin hacer nada, por ejemplo, el tiempo se vuelve lento.
¿Qué le enseña esa variación?
Que los conceptos en neurociencia y especialmente los psicológicos suelen ser muy inexactos.
¿Por ejemplo?
Resulta que estimar la duración de un suceso con exactitud al evocarlo es muy difícil. Y la neurociencia, en cambio, exige ser muy preciso al estimarlo. Espero que las nuevas tecnologías nos ayuden a serlo.
¿Dónde observa otras inexactitudes?
Estimar con precisión el tiempo es una habilidad que requiere mucha experiencia y madurez, pero desaparece con facilidad. Por ejemplo, al sufrir alzheimer.
