El antagonista
El 13 de marzo se estrena en Prime Video Day one, un thriller tecnológico de Amazon Prime y Mobile World Capital en el que Jordi Mollà es Diskin, un visionario que lanza una innovación capaz de cambiar el mundo y que obliga a preguntarse cuánta libertad y privacidad estamos dispuestos a sacrificar a cambio de progreso; rodada en infraestructuras tecnológicas estratégicas, la serie proyecta Barcelona como capital tecnológica global y se verá en más de 280 países. Mollà, que lleva rodando desde los 20 años y ha trabajado con Bigas Luna, Greenaway, Ron Howard o Terry Gilliam, estuvo a punto de ser Obi-Wan Kenobi en la segunda trilogía de Star wars, pero lo rechazó: “Era demasiado, ya iba a toda velocidad”; mientras que otros actores viajan con su entourage, él encontró en la pintura un refugio: “Me ha salvado muchas veces la vida”.
¿Siempre ha sido tan inquieto?
La necesidad de crear está en mí desde niño. Y en la adolescencia, con mi hermano y los amigos, éramos muy creativos: filmábamos películas en Super8, fotografiábamos lugares inhóspitos, tocábamos música: yo la batería.
¿Qué busca?
Llevo 27 años pintando y más de 200 exposiciones. Lo he hecho sin hacer ruido, pero con consistencia. Un artista es alguien que hace.
Usted no se aburre.
Nunca. No entiendo la pereza ni la inacción. Siempre sigo buscando, en el ámbito que sea: actor, músico, fotógrafo, editor…
¿Qué fue primero?
Primero, actor. Profesionalmente con 20 años. De niño me fascinaba el cine. Mi padre nos llevaba mucho, y a doble sesión.
¿Qué impacto tenía para usted?
Al salir de ver La espía que me amó, mi madre vio que tenía un ojo rojo. En urgencias el médico preguntó: “¿Qué ha hecho su hijo estas últimas horas?”. “Ir al cine”, respondió mi madre. Y él dijo: “Su hijo no ha pestañeado en tres horas”. Se me habían reventado un montón de venas. Eso era el cine para mí.
Y la pintura, ¿cuándo apareció?
Apareció como sistema de supervivencia. Tenía que rodar en París, no conocía a nadie y tenía muchos días libres. Escribí mi primer libro y empecé a dibujar. La pintura se convirtió en un amigo secreto. Es íntima. No necesita a nadie. Es un diálogo.
¿Le gusta la soledad?
Me interesa y la practico. Me ha permitido saber lo que quiero y lo que no quiero. Tener un buen diálogo conmigo mismo. Mimarme, quererme bien. Vivir en un estado de amor consciente. Todo eso se aprende en soledad.
¿Autoabastecimiento afectivo?
Sí. No ser un mendigo del amor. Es el pan nuestro de cada día. Gente que salta de relación en relación… ahí pasa algo. Date un tiempo; si no, entras en un estado de necesidad. Y desde la necesidad no eliges bien.
¿No ha querido tener hijos?
Sí quería, pero no se dio en el momento; quizá no tenía que ser para mí.
¿Cómo fue su salto a Hollywood?
A los 33 años estaba en Hollywood a todo tren. La primera década fue atómica. Hice casi 80 películas. Para mí son demasiadas.
¿Decidió bajarse de ese tren?
No quería esa vida. Despertarme sin saber si estaba en California o en Hamburgo. Ese ritmo te puede traer consecuencias fuertes. Decidí hasta dónde quería llegar. No fue fácil. Yo podría haber sido mucho más famoso de lo que soy, no tengo ninguna duda. Pero no quise.
¿Cómo domesticó el éxito?
Vengo de familia obrera. Mi padre siempre me decía: “No te lo creas”. Y nunca se me subió a la cabeza. Lo que tenía que hacer era protegerme.
¿Por qué cree que a otros les afecta tanto?
Porque no están preparados para algo así. De repente les viene un tsunami. Si no tienes una base muy sólida, te descoloca. No entiendes lo que está pasando y te puede trastornar.
A usted no le van las fiestas.
Nunca. El “vámonos de fiesta” me daba escalofríos. Soy tímido. Pero si me dices “vámonos de siesta”, soy el primero.
¿Qué tiene con la siesta?
En mi casa era sagrada. Mi padre trabajaba en Mercabarna, se levantaba a las tres de la mañana y necesitaba dormir cuatro horas cada tarde. No se podía oír una mosca. Mi hermano y yo acabábamos haciendo la siesta también. Yo lo heredé.
¿Alguna anécdota?
La siesta de los 20.000 dólares. Perdí una venta porque preferí dormir.
¿Qué es importante para usted?
La contemplación. Mirar y ver. Hay gente que mira, pero no ve. La pintura te entrena la mirada. Y la creatividad es una necesidad absoluta. Es amor. Es atención. Incluso hacer un huevo frito: con creatividad sabe distinto.
¿Medita?
Cuando pinto dejo de existir. Cuando dicen “acción” en un rodaje, dejo de ser Jordi. Eso es meditación.
Parece que le cuesta comprometerse con series largas.
Es una cuestión de tiempo. No quiero pasarme seis años haciendo lo mismo. Nunca firmo una segunda temporada de antemano. No quiero comprometerme con algo que no sé lo que será.
Ha hecho muchos papeles de malo.
Todo el mundo está encasillado. Pero el antagonista es el motor de la historia. Si no hay conflicto, no hay película. Me encanta hacer de malo. Me lo paso bomba.
¿Lo más revelador que le ha ocurrido?
Mi encuentro con Dios. Mi madre quería ser monja. Cuando tenía siete años casi la pierdo. Me refugié en Dios para que sobreviviera. Desde entonces siempre ha estado conmigo. Incluso en los peores momentos escucho una voz que me dice: “Yo voy contigo”. Eso es lo más grande que me ha pasado en la vida.
