Los ataques en el Golfo no distinguen entre objetivos militares y civiles
Asedio frente al régimen de los ayatolás
Irán centra su respuesta en infraestructuras y centros de producción de petróleo

El ataque conjunto de Israel y Estados Unidos continúa. El estruendo de las explosiones se oye cada día en Teherán e incluso asustan a las bandadas de pájaros

“Estoy viendo misiles por la ventana, creo que van hacia tu zona”, dice con sorna, por teléfono, Anmar, quien bromea que su ciudad, Damasco, “es el único lugar de Oriente Medio que no está en llamas”. Acierta de lleno: dos minutos después, los sistemas de defensa aérea israelíes se activan sobre el cielo de Jerusalén para detener la enésima oleada de misiles balísticos de los últimos días.
La entrada en la guerra de Hizbulah, la milicia chií libanesa aliada de Teherán, complica aún más un conflicto que ha incendiado toda la región y más allá, desde Chipre hasta los confines del antiguo imperio persa. Un ataque con misiles y drones contra una refinería al sur de Haifa –sin heridos– metieron de lleno a Líbano en un ciclo de violencia sin precedentes y que amenaza con alargarse al menos un mes.
En un comunicado, el grupo armado anunció su “represalia” por el asesinato del ayatolá Ali Jamenei en Teherán el pasado sábado por parte de la coalición militar formada por Estados Unidos e Israel.
La respuesta de Tel Aviv fue inminente: los cazas israelíes bombardearon el sur de Líbano y los suburbios de Beirut, el principal enclave de Hizbulah. El portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en árabe, Avichay Adraee, ordenó la evacuación de 50 poblaciones libanesas y pidió a la población alejarse de los lugares utilizados por la milicia.
Según las autoridades sanitarias, al menos 31 personas perdieron la vida y otras 149 resultaron heridas en los bombardeos del lunes sobre Líbano. Decenas de miles de personas abandonaron sus hogares y se dirigieron a otras partes del país y de la capital, donde el gobierno ha habilitado una red de escuelas como refugio.
Las imágenes de columnas de humo y caravanas de coches replican las escenas de setiembre de 2024, en el que Israel llevó a cabo una gran ofensiva aérea terrestre y aérea con Hizbulah, en la que falleció el líder histórico del movimiento chií, Hasan Nasralah. Sin embargo, el comandante de las FDI, Eyal Zamir, declaró a los medios que por el momento no se plantea enviar soldados al territorio libanés.
Hizbulah arremete contra
Su sucesor en la secretaría general del grupo, Naim Qasem, es un de los “objetivos de eliminación” del Ejército hebreo. A lo largo del día, Tel Aviv anunció la muerte de figuras clave de la milicia y otras organizaciones, como Husein Makled, a quien describió como “el jefe del cuartel general de inteligencia de Hizbulah”, y Adham Adnan el Otman, comandante de la Yihad Islámica, entre otros.
Al mismo tiempo, en el corazón de la guerra, EE.UU. E Israel continuaron con su potente ofensiva contra el régimen de Irán. El número de víctimas mortales ascendía a 555, según el registro de la Media Luna Roja iraní. Solo durante la mañana del lunes murieron al menos 35 personas en la provincia meridional de Fars, mientras que en Teherán más de 20 fallecieron en un ataque contra la plaza Niloofar.
En la ciudad de Sanandaj, en el centro del país, al menos dos personas fallecieron y varios edificios residenciales próximos a una comisaría quedaron destruidos tras el impacto de seis misiles, según las agencias Fars y Tasnim, que aseguran que los proyectiles alcanzaron barrios densamente poblados.
El embajador iraní ante el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Reza Najafi, denunció además que los ataques alcanzaron el domingo la planta de enriquecimiento nuclear de Natanz y calificó de “gran mentira” las acusaciones de que Irán busca desarrollar armas nucleares. Ni Washington ni Tel Aviv han confirmado oficialmente ese bombardeo.
La magnitud de los daños empieza a reflejarse en la infraestructura civil. En Minab, el número de víctimas por el ataque contra una escuela de niñas el sábado asciende ya a 180, según las autoridades iraníes.
En Teherán, el hospital Gandhi resultó gravemente dañado tras el impacto de un misil y tuvo que evacuar a sus pacientes. También el edificio de los servicios de emergencia de la capital sufrió “daños severos” en otro ataque, que dejó varios trabajadores heridos.
Washington empieza a sentir la embestida iraní y pierde tres cazas por fuego amigo en Kuwait
Las explosiones se repitieron en distintos puntos del país. En Kermanshah, cerca del aeropuerto internacional, se levantaron enormes columnas de humo, mientras que en Teherán se oyeron nuevas detonaciones en las inmediaciones de la plaza Enghelab, donde se celebraba una manifestación masiva contra la ofensiva estadounidense e israelí. Las defensas aéreas iraníes interceptaron algunos proyectiles, pero el creciente número de víctimas civiles alimenta la preocupación por la deriva de una guerra que ya no distingue entre objetivos militares y civiles.
A pesar de la muerte de Jamenei, la estructura del régimen de los ayatolás continúa en pie y con la determinación de destruir a todos los objetivos israelíes y estadounidenses en la región. Las alarmas antiaéreas no dieron un respiro a un Israel que ha trasladado la vida a los búnkeres. En la ciudad altamente militarizada de Beersheba, al sur del país, 19 personas resultaron heridas por el impacto de un misil balístico.
Además, la fuerza militar de élite iraní aseguró ayer haber atacado objetivos de alto nivel del liderazgo israelí en la décima oleada de su operación Promesa Verdadera 4. El cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica afirmó que había alcanzado la oficina del primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, y al comandante de la Fuerza Aérea israelí, y añadió que “el destino del primer ministro israelí es desconocido”. Israel desmintió la información y aseguró que Netanyahu sigue con vida y en funciones.
Según Teherán, en esta fase se emplearon misiles balísticos Kheibar, que “abrieron enormes puertas de fuego” sobre el territorio ocupado y golpearon el complejo gubernamental en Tel Aviv, centros militares y de seguridad en Haifa y objetivos en Jerusalén.
El ataque contra Irán también ha sumido al Golfo en guerra, así como la producción y comercio de petróleo, la principal fuente de riqueza de la región arábiga. En pleno caos bélico, las defensas de Kuwait derribaron por error tres cazas estadounidenses F-15 durante un ataque iraní; los seis tripulantes se eyectaron y fueron rescatados sanos y salvos, aunque un vídeo mostró uno de los aviones cayendo en espiral hacia la superficie con un motor en llamas.
Una columna de humo negro fue avistada cerca de la embajada estadounidense en Kuwait y otras explosiones se replicaron en Dubái, Samha y Doha. En ese contexto, Qatar ha detenido la producción de gas natural licuado y Arabia Saudí ha cerrado su mayor refinería tras un incendio provocado por drones. Incluso aliados europeos como Reino Unido o Francia han indicado que podrían ayudar a limitar la capacidad de Irán.
La Guardia Revolucionaria anuncia el cierre del estrecho de Ormuz y amenaza con disparar
La frontera más lejana de esta guerra llegó a las costas de aguas cristalinas de Chipre, donde la base de la RAF británica en Akrotiri, cerca de Limasol, fue atacada por un dron iraní la mañana del lunes, mientras Londres anunció un refuerzo de la seguridad de las instalaciones.
Por su parte, la Guardia Revolucionaria anunció anoche el cierre del estrecho de Ormuz y aseguró que Irán atacará cualquier barco que intente pasar.
El alcance y las dimensiones del conflicto es todavía una incógnita incluso en los despachos de Washington, Tel Aviv y Teherán. Los ciudadanos de Oriente Medio viven enganchados a la televisión. “Estamos acostumbrados a las guerras, pero esto… esto se sale de cualquier escala”, dice Anmar desde Siria, el único país no involucrado en el lío.






