Barcelona debate recuperar la medalla de oro original de la ciudad que el franquismo modificó
Iniciativa de ERC
El diseño de Enric Casanovas de 1930 se substituyó por otro de Frederic Marés, pero el primero volvió a escena en el 2019, cuando el nieto de Pompeu Fabra aceptó la insignia que su abuelo no pudo recoger en 1938

La medalla de oro que el Ayuntamiento entregó en el 2019 al nieto de Pompeu Fabra que fue cedida al Institut d'Estudis Catalans

Pueden interpretar lo que sigue como un gesto de oportunismo político por parte de Esquerra al reclamar que se recupere el diseño original de la medalla de oro de la ciudad, la máxima distinción municipal, la que en 1930 diseño el escultor Enric Casanovas. Resulta que el gobierno de 1940, a tenor de la querencia del autor por todo lo republicano y la lucha antifascista, decidió desechar su obra por otra que esculpió Frederic Marés y que todavía hoy se sigue entregando a las personalidades que destaquen, reza el reglamento, “por sus extraordinarios méritos personales o por haber prestado servicios relevantes a la ciudad”. Oportunismo, si quieren, pero puede que sea una de esas cosas en las que nadie cae, que dicen mucho de la inercia vital y administrativa de Barcelona. El asunto se discutirá mañana miércoles en la comisión de Presidencia.

El Ayuntamiento ya pasó por esta pantalla en mayo del 2016. El entonces concejal de Esquerra Juanjo Puigcorbé presentó un ruego al gobierno de Ada Colau para que se procediera a dicha reparación. Se les aceptó la petición pero la decisión final se condicionaba a la valoración previa de la Societat Catalana d’Estudis Numismàtics, perteneciente al Institut d’Estudis Catalans.
Se hizo llegar el encargo y Rossend Casanova, doctor en Historia del Arte y hoy presidente de esta institución cultural, redactó un informe. En conversión con este diario, este experto aporta un dato curioso. “La medalla de Casanovas no nace durante la república. Todavía estábamos bajo la monarquía de Alfonso XIII”, recuerda. Difícil decisión la de ERC, que debe que elegir entre un rey o un dictador. Subyace y se impone, sin embargo, el homenaje al escultor nacido en Barcelona en 1882 y exiliado en Francia durante cuatro años (1939-1943) por su lucha a favor de los valores republicanos y contra cualquier expresión fascistoide de la época.

A finales del 2019 se produjo un hecho tan simbólico como peculiar. El 3 de diciembre de aquel año, la capital catalana reparó una deuda con Pompeu Fabra, a quien le fue otorgada la medalla en 1938 pero jamás se le entregó al encontrarse exiliado en Prada de Conflent. Su nieto, Peio Rahola Fabra, recibió la distinción de manos del entonces primer teniente de alcalde, Jaume Collboni. Pero se llevó a casa la insignia diseñada por Casanovas, no la de Marés, pues ese año todavía de paz seguía vigente el modelo anterior.
La alternativa
La insignia de Casanovas se hizo durante la monarquía de Alfonso XIII, así que ERC, de alguna manera, se ve eligiendo entre rey o dictador
Rosa Suriñach, concejal de ERC, considera la petición un “acto de justicia democrática y de memoria histórica”. “Cuesta entender –prosigue– que 50 años después de la muerte del dictador, Barcelona siga entregando la misma distinción con un diseño impuesto por un ayuntamiento franquista. No hablamos solo de una medalla, sino de qué relato institucional proyecta la ciudad: el de la continuidad democrática o el de la renuncia a revisar las herencias del régimen”.

Un portavoz del Ayuntamiento señala que la medalla del 2019 fue “un acto de reparación a la figura de Pompeu Fabra y, dada la significación del evento, se consideró adecuado recuperar el modelo de Casanovas”. Para fabricarla, se construyó un molde a partir de la primera medalla concedida a Josep Llimona, conservada en el Museu d’Història de la Ciutat. “Se produjo una única medalla para ese acto en concreto”, detalla la misma voz, dejando clara la excepcionalidad del momento.
Mañana se desempatará políticamente, pero vale la pena escuchar al experto. Dice Casanova que las dos medallas son muy buenas desde el punto de vista de la estética. “Pero moralmente me quedo con la primera. La de Marés se impuso por contexto, no fue un procedimiento natural. Por eso creo que la legítima es la primera”, resume este doctor en Historia del Arte. Es, dice, una decisión política. Y se atreve con una propuesta de término medio: “Una opción sería convocar un concurso y crear una tercera medalla que sea el fruto de la realidad de hoy”.