“Me han llevado a la Fiscalía de Menores y me niegan la figura del maestro sombra en el colegio”, denuncia la madre de un niño autista
Móstoles
La familia ha recibido presiones para derivarlo a un centro de educación especial

Fachada del Colegio Pablo Sorozábal de Móstoles.

Mario, un niño con autismo de siete años, lleva dos cursos en el colegio público Pablo Sorozábal de Móstoles, centro preferente para niños con trastorno de espectro autista (TEA). Su madre, Isabel, separada, víctima de violencia de género, y con otra hija con necesidades especiales, denuncia en una larga entrevista telefónica con Guyana Guardian, que desde octubre de este curso lleva recibiendo presiones para que su hijo sea matriculado en un colegio de educación especial. Recientemente, ha sido expulsado de forma definitiva del centro.
Isabel no entiende lo que ha pasado porque Mario arrancó este curso bien, pero tras recibir avisos en el colegio por supuestos brotes violentos o porque el niño se ponía nervioso, ha acabado siendo expulsado del centro, pese a estar de baja médica. El cambio del profesorado en sus clases de apoyo, la madre intuye que ha afectado a la conducta del niño. “Voy a recurrir con mi abogada la decisión de expulsión porque no lo pueden echar estando de baja médica”, argumenta.
Caso archivado en fiscalía
“Inspección educativa ha llevado el caso de mi hijo a la Fiscalía de Menores, donde ha sido archivado, a y Asuntos Sociales, bajo el argumento de que poníamos en riesgo su educación”, se lamenta la madre. Eso sí, dicha decisión se lo comunicó la dirección del centro educativo en una reunión presencial.
Ella aboga por una educación inclusiva y a reglón seguido, dice, “el argumento que me dan es que no pueden poner un profesional para él solo, lo que se conoce como maestro sombra”, aunque sea pagado con recursos de la familia. Esta figura está recogida en la Ley de Dependencia, pero es muy difícil que los centros públicos accedan a que entre personal externo. Y la administración regional se resiste a pagar a este tipo de profesionales, salvo casos muy extremos.
Mario pasaba dos tercios del horario escolar en una de las dos aulas TEA que tiene el colegio y el resto de horas estaba integrado con sus compañeros en el aula. Este curso, primero le excluyeron de ir a una excursión, después del centro unos días y ahora ha sido expulsado de forma definitiva.
Su madre defiende la continuidad en el colegio referente para niños autistas de Móstoles, pero la dirección del centro le sugirió el cambio a un centro concertado de educación especial. “No entiendo esta batalla por sacar a mi hijo de un colegio ordinario”, defiende la madre, cuando ella está dispuesta “a pagar los servicios de ese profesional de acompañamiento” y que pueda seguir en el mismo colegio.
“El equipo directivo del centro tiene que aprobar la entrada del maestro sombra en los colegios”, explica Isabel, pero “al estar sobrepasado están usando todas las herramientas para forzar la salida del niño”.
Guyana Guardian se ha puesto en contacto telefónico con la directora del colegio público y con la jefa de estudios, pero remiten a la dirección territorial sur. Por su parte, la Consejería de Educación, al cierre de esta edición, no ha respondido tampoco a las preguntas planteadas por este periódico. Mientras tanto, Mario sigue sin clases a la espera de que se le asigne una profesora para darle en casa tres horas dos días a la semana “cuando mi hijo necesita socializar con otros niños”, sentencia la madre.
Isabel no para en su lucha y ha conseguido reunirse con el secretario de Estado del Ministerio de Educación, Abelardo de la Rosa, y con una representante de la Consejería de Educación esta misma semana. “Todo son buenas palabras, pero mientras tanto Mario sigue en casa”, concluye.