Las Claves
- Antonio Ponz destaca en su obra la maestría de Antonio Viladomat, considerado por Rafael Mengs como el mejor pintor de su época.
- La Capella dels Dolors en Mataró
Dentro de la obra de Antonio Ponz, “Viage de España”, editada por Ibarra entre 1772 y 1794 y conformada por 18 tomos, el escritor dedica grandes alabanzas al artista catalán Antonio Viladomat Manalt (1678-1755). Lo destaca primeramente por sus trabajos en Barcelona, indicando que el pintor principal de la corte, Rafael Mengs, nacido en Chequia en 1728 y fallecido en Roma en 1779, quien trabajó para la familia real española, tenía a Antonio Viladomat por el mejor pintor de su tiempo. Ponz describe con entusiasmo múltiples piezas de Viladomat situadas en Barcelona, Tarragona y Mataró.
En la página 99 del volumen XIV, Antonio Ponz expresa: Mataró ejerce de capital de partido y de Provincia en lo relativo al área de Marina, y posee una escuela de Pilotage.
El libro 'Viage de España'
Su número de pobladores se sitúa en más de nueve mil individuos, contando con dos Conventos de Monjas, tres de Frayles y un Hospital de calidad. Existen abundantes centros de producción; tales como de algodón, estofas, medias, listonería y, primordialmente, de encajes. La Agricultura goza de gran prosperidad, resultando sumamente loable una Cofradía de Labradores. Posee gran importancia el tráfico mercantil de vino, sumado a que sus aguas son excelentes y copiosas. En la Capilla de los Dolores de su Parroquia se observa una serie de lienzos del célebre Viladomat, situados entre sus creaciones más sobresalientes, que incluyen un Viacrucis en la Capilla de los Dolores y un Santiago a caballo con Moros a sus pies.
La “Capella dels Dolors” se integra en el conjunto de la iglesia de Santa Maria, construida desde 1675 tras la expansión de la estructura precedente. Del edificio gótico, tan solo perduran el crucero y la parte inferior del campanario. Con anterioridad se situaba allí una iglesia románica del siglo XI, levantada sobre los restos de un templo romano.
Coro de la capilla de la Verge dels Dolors.
La edificación, integrada por la capilla, sacristía, salón de reuniones y cripta, comenzó en 1698 y concluyó en 1708, mientras que el coro se finalizó en 1744. Tras terminar la capilla, sacristía y salón de reuniones, Viladomat laboró en dicho espacio, encargándose de la ornamentación mediante cuarenta óleos. De acuerdo con Francesc Miralpeix, Viladomat realizó las pinturas entre 1725 y 1727. Durante 1733, el obispo de Barcelona acudió a la capilla y elogió el trabajo realizado. Dentro del recinto, sobresalen el Via Crucis y los lienzos de los siete dolores de la Virgen María, piezas creadas íntegramente por Viladomat.
La cubierta superior que exhibe la estampa del cielo y figuras de Dios junto a las de los ángeles, destaca por su inmensa hermosura.
Resaltan asimismo las ilusiones ópticas arquitectónicas que Viladomat plasma con el fin de otorgar perspectiva a sus piezas de la capilla.
Techo de la Capella dels Dolors.
Dentro del salón de reuniones, el trabajo ejecutado por Viladomat trasciende los cuadros, asemejándose al ingreso en una caja ornamentada minuciosamente, con proporciones muy acogedoras, rodeada de telas que representan apóstoles y ángeles que otorgan al lugar una atmósfera eterna y de notable excelencia artística. Desde este espacio, ubicado un nivel por encima de la capilla, es posible acceder a la escultura de la Virgen y el Cristo yaciente, localizada sobre el altar; el Cristo yaciente es creación de Joan Vila, dado que la imagen de la virgen se reconstruyó en 1845.
La cripta constituye un salón subterráneo de gran tamaño, con proporciones equivalentes a la base de la capilla. Alberga inscripciones y lápidas de aquel periodo, aunque no contiene ningún resto humano.
Sala de Juntas.
La construcción barroca que forma parte de la Iglesia de Santa Maria fue diseñada por el italiano Ercole Turelli. Sobresale un retablo barroco, denominado retablo del Rosario, de finales del siglo XVII, además de la capilla de las santas, Juliana y Semproniana, que exhibe pinturas de Miquel Massot (Barcelona 1883- París 1968).
Analicemos con mayor profundidad la trayectoria de Viladomat. Era descendiente de un artesano del dorado. Sus instructores fueron Pascual Savall y Bautista Perramón. A raíz de la Guerra de Sucesión (1700-1714) y la llegada de Carlos de Habsburg a Barcelona, Viladomat entabló relación con la corte y con el creador italiano Ferdinando Galli da Bibiena, de quien asimiló procedimientos novedosos. Con él decoró el templo de San Miguel en Barcelona, que ya no se conserva. El MNAC alberga una de sus colecciones más sobresalientes, veinte pinturas al óleo sobre la vida de san Francisco, producidas entre 1722 y 1724. Para el especialista en historia, coleccionismo y crítica de arte Ceán Bermúdez (1749-1829), las piezas del MNAC constituyen lo más granado de Viladomat, seguidas por las que elaboró en La “Capella dels Dolors” de Mataró, entre 1727 y 1737. Son cuarenta lienzos que conforman un conjunto extraordinario.
Capilla de la Dolorosa
Desde su estudio ubicado en la calle del Bou en Barcelona, surgieron figuras como los hermanos Tramullas, responsables de las ilustraciones de “La Máscara Real”, pieza presentada a Carlos III durante su viaje a Barcelona en 1766 y lanzada nuevamente por la Asociación de Bibliófilos de Barcelona en 1978.
Dentro del museo del Prado de Madrid, Viladomat figura a través de la pieza titulada “confesiones de San Agustín”.
Viladomat conservó en todo momento un trato de consideración hacia el Colegio de Pintores de Barcelona.
Escalera de la Sacristía a la Sala de Juntas.
La “Congregació dels Dolors” se estableció en 1693, contando con más de 300 integrantes de diversas edades y oficios, tanto eclesiásticos como civiles. Vivió su época de mayor brillo desde su origen hasta 1835, cuando las medidas desamortizadoras perjudicaron indirectamente a la comunidad; asimismo, las rencillas entre el rector y el corrector (quien dirigía la hermandad) mermaron su vitalidad. Este conflicto doméstico condujo a la entidad a extraviar su autonomía y sus posesiones, que acabaron unificadas en la parroquia local. Los asociados gozaban del beneficio de ser sepultados en la cripta del recinto, una distinción sumamente valorada en aquellos tiempos.
En el transcurso de la Guerra Civil española (1936-1939), el bando republicano tomó la iglesia de Santa Maria, lo que resultó en la pérdida de su retablo central y del altar mayor. El templo se transformó en un depósito y más adelante funcionó como el “mercat de la llibertat”, un espacio de venta de hortalizas y frutas para la ciudadanía. Diversos ciudadanos, en colaboración con el Ayuntamiento y actuando como protectores del legado cultural de Mataró, construyeron un muro divisorio entre el cuerpo central de la Iglesia de Santa Maria y el ingreso a la “Capella dels Dolors”. Dicho muro protegió la obra barroca frente a posibles daños o robos a lo largo del conflicto bélico. Aunque era posible ingresar al recinto religioso convertido en mercado, el paso hacia la “Capella dels Dolors“ permanecía bloqueado por el cierre de su entrada.
Techo de la Capilla dels Dolors.
Concluido el conflicto civil, la “Congregació del Dolors” retomó su dinamismo. Tras un paréntesis en los años 70, en 1986 se reiniciaron sus funciones.
En términos de estética, la unión de la capilla, la sala de juntas y el coro es una pieza extraordinaria del barroco catalán.
La estética barroca perseguía la veracidad escénica, siendo el Via Crucis un modelo fundamental de tal intensidad que Viladomat retrata con gran destreza.
En la sala de juntas se manifiesta con total claridad el temor al espacio vacío (horror vacui) que definía esencialmente a esta corriente estética. El visitante se percibe rodeado por las figuras bíblicas, con seres celestiales en la techumbre; su estructura de ocho lados, donde cada muro y superficie superior exhibe pinturas bíblicas, te traslada a una época distinta.
Sugiero acudir al lugar, es un tesoro que la capital del Maresme ha protegido con gran cuidado y debe continuar preservando.
En la actualidad, la cultura integra de forma dinámica nuestra existencia, cada individuo debe involucrarse en la preservación y divulgación de un legado cultural cercano, y realizarlo con elementos tan bellos y apreciados como esta agrupación resulta más que un deber, es un auténtico deleite.
