Los mejilloneros del delta del Ebro ultiman la siembra de la cría, cerca de un millón y medio de kilos de semilla ya cuelgan de las bateas.
Este año, estas semillas vuelven a venir de otras partes del Mediterráneo. Las han tenido que comprar, sobre todo en Italia, porque las altas temperaturas del agua en verano mataron al 90% de la cría autóctona. Antes esto ocurría una vez cada cuatro años y ahora ocurre tres de cada cuatro.
Los costes de producción se disparan, sobre todo cuando en las zonas donde se compra la semilla también se muere por el calentamiento del mar, como ocurrió el año pasado. Los acuicultores confían en que las pruebas de viveros de cría de mejillón en alta mar den buenos resultados y la alternativa cuando se les muere su semilla sea de proximidad.
Los camiones de Grecia e Italia llegan de madrugada, con 'la Pequeña Venecia' a oscuras. Los acuicultores esperan la remesa a la entrada de las instalaciones de la Ràpita (Montsià) cuando aún quedan unas horas para que salga el sol. La cría salió de destino 24 horas antes y tiene la hora de llegada comprometida. Si viene de Grecia, el viaje es de tres días. Este año unos 75 trailers han descargado semilla en las instalaciones acuícolas de la 'Pequeña Venecia'.
Crías de mejillón.
A medida que descargan los palés cargados de semilla, los mejilloneros la compran y se la llevan hacia sus almacenes. Allí deshacen los lotes y van cargando las cuerdas en las pontonas, para tenerlo todo listo y salir hacia las bateas cuando se haga de día. La cría se sumerge en el agua “para que se recupere” antes de trabajarla y repartir las cuerdas de nuevo, si hace falta.
Sin cría propia
Esta operación de compra antes de la siembra del mejillón, hasta ahora, no era habitual. Cada acuicultor hace su cría en las bateas, y la recogen y guardan cuando cosechan el mejillón. Con el cambio climático, los veranos de temperaturas extremas y un agua de mar calentada, cada año se sufre más para sobrevivirla. A mediados del verano se viven unas semanas críticas en las que prácticamente toda la semilla muere y los mejilloneros del delta del Ebro pierden la siembra de la campaña siguiente.
El mejillón a partir de los 26 grados de temperatura del agua deja de comer y pierde carne, ya partir de los 28 grados, muere. No es extraño llegar a temperaturas del agua de hasta 35 grados en Alfacs y Fangar y ya hace unos años que la campaña de recogida del mejillón se adelanta casi dos meses. Antes terminaba a finales de septiembre y ahora prácticamente se da por finalizada en julio.
Los productores pierden uno de los mejores meses de consumo y ventas, que es agosto. La semilla, en cambio, debe pasar todo el verano en las bateas y con los registros de calor actuales, resulta muy difícil que sobrevivan. Este año, por ejemplo, a finales de julio la cría de mejillón “estaba perfecta” y el 17 de agosto había muerto.
Comprarlo significa un incremento de costes muy importante y también un encarecimiento del precio final del producto para el consumidor. Como ha detallado Gerardo Bonet, gerente de la Federació de Productors de Mol·luscos del Delta de l'Ebre (Fepromodel), “llevan la cría del Mediterráneo”, desde Grecia, Italia y también Francia, “porque es la única que se adapta a las bahías del delta del Ebro”. Necesitan un millón y medio de kilos para poder llegar a los tres o cuatro millones de kilos de producción de mejillón en verano.
La semilla, el pasado viernes se pagó a 1,25 euros el kilo. Hace sólo cuatro años les costaba la mitad, unos 0,67 céntimos de euro el kilo, pero el pasado año pagaron el triple, a 1,80 euros. Se ha llegado a pagar a 3 euros por kilo.
El encarecimiento del pasado año se produjo porque en Italia, en el sur, también sufrieron una mortalidad del 90% de la cría de mejillón por el calor. A diferencia de las bahías del Delta, que tienen unos dos o tres metros de profundidad, la cría de mejillón sobrevive mejor en unas aguas italianas, más profundas y más frías, sobre todo en el delta del Po, en el norte del país.
Por el contrario, la poca profundidad de las bahías de los Alfacs y el Fangar tiene una ventaja, una gran cantidad de fitoplancton, que puede llegar a ser entre tres y cuatro veces más que en otros lugares del Mediterráneo. Esto hace que el mejillón “tenga un gusto especial, una textura única y crezca muy rápido” en el delta del Ebro.
Pruebas en alta mar en el Ebro
Agricultura ha autorizado recientemente, la instalación de un vivero de cría de mejillón en la costa de la Ametlla de Mar. La empresa Mol·luscos Mar Abierto instalará nuevas estructuras en alta mar para plantar unos 500.000 kilos de semilla autóctona. Abaratar costes a los productores que pierden la cría y garantizar una variedad más autóctona, ”100% del Delta”, son los objetivos de esta prueba. Desde Fepromodel celebran su concesión. “Lo vemos bien, es una posibilidad más que tenemos”, ha dicho Bonet.
Plantarán una tercera parte de la cantidad de semilla que necesitan los mejilloneros del Delta, pero si funciona, confían en que “se pueda ampliar” y que los acuicultores tengan una alternativa “de calidad y de proximidad”. Comprarla cerca garantizará una mayor supervivencia de la semilla. Que cada acuicultor tuviera su plataforma en alta mar para realizar la cría, no se plantea. El trabajo dentro de las bahías es muy distinto que fuera. Salir a alta mar requiere “unas estructuras diferentes, embarcaciones grandes, tripulación y otros recursos” que los mejilloneros no tienen.

