Comunidad Valenciana

Julio González, el hierro que fundó una modernidad

Arte

El IVAM conmemora el 150º aniversario del escultor que revolucionó la escultura del siglo XX y cuyo legado fue el cimiento del museo valenciano

Obra de Julio González en el IVAM

Obra de Julio González en el IVAM

Miguel Lorenzo

A Julio González le ocurrió algo que solo les pasa a los artistas verdaderamente fundacionales: su obra no solo transformó una disciplina, sino que acabó dando forma —literal y simbólica— a una institución. El Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) nació, a finales de los años ochenta, con una gran donación de su legado como uno de sus principales cimientos. Por eso, cuando en 2026 se cumplen 150 años de su nacimiento, el homenaje que prepara el museo valenciano no es un simple aniversario redondo en el calendario cultural, sino una vuelta a los orígenes, un ejercicio de memoria y de futuro a la vez.

El IVAM celebrará durante todo el año el 150º aniversario del nacimiento de Julio González (Barcelona, 1876 – Arcueil, 1942) con una ambiciosa programación que combina exposiciones, literatura, talleres de creación, propuestas educativas y actividades familiares. Una constelación de iniciativas que dialogan con la figura de un artista decisivo en el desarrollo de la escultura moderna y, en particular, en la invención de un lenguaje radicalmente nuevo a partir del hierro.

Exposición Julio González en el IVAM. 
Exposición Julio González en el IVAM. Terceros

Julio González es considerado internacionalmente uno de los grandes pioneros de la escultura moderna en hierro. Su aportación no fue solo técnica, aunque la técnica fue esencial, sino conceptual: entender el hierro no como una masa pesada y cerrada, sino como una línea que se expande en el espacio, como un dibujo tridimensional donde el vacío es tan importante como la materia. “Dibujar en el espacio”, decía él mismo, y esa formulación resume buena parte de su legado.

Hijo y nieto de orfebres y herreros, González se formó desde muy joven en el taller familiar de Barcelona, donde aprendió forja, repujado y fundición. Esa educación artesanal, completada en la Escuela de la Llotja, sería decisiva años después, cuando la vanguardia europea buscaba romper con la tradición académica sin renunciar al dominio del oficio. Sus años de juventud coincidieron con el estallido del modernismo catalán y con un ambiente artístico intenso, del que surgieron amistades y referencias que lo acompañarían toda la vida.

En 1899, como tantos otros artistas catalanes, se instaló en París. Allí pasaría la mayor parte de su vida y allí entraría en contacto con figuras fundamentales de la modernidad: Brancusi, Manolo Hugué, Torres-García, Magnelli y, sobre todo, Pablo Picasso, con quien mantuvo una amistad profunda y una colaboración artística decisiva. González aportó a Picasso su conocimiento del hierro y de la soldadura; Picasso, a su vez, empujó a González a explorar nuevas posibilidades formales. El diálogo entre ambos es uno de los episodios más fecundos del arte del siglo XX.

Obras de Julio González en la Exposición “Ser artista”
Obras de Julio González en la Exposición “Ser artista”Ivam

Durante muchos años, sin embargo, la vida de González estuvo marcada por la precariedad. Su deseo inicial era ser pintor, pero las dificultades para abrirse camino le obligaron a subsistir realizando piezas de orfebrería. No fue hasta 1922 cuando logró su primera exposición individual. Y no fue hasta 1927 cuando se replanteó de manera radical su trayectoria y se orientó definitivamente hacia la escultura.

A partir de ese momento, Julio González inicia una investigación decisiva en torno al hierro. Primero con planchas recortadas, forjadas o curvadas; después con barras soldadas que le permiten construir formas abiertas, casi esqueléticas, que nunca abandonan del todo la referencia al cuerpo humano. La figura femenina, el desnudo, la maternidad y la relación entre cuerpo y espacio atraviesan buena parte de su producción.

El dominio de la soldadura autógena —una técnica que aprendió trabajando en una fábrica francesa durante la Primera Guerra Mundial— fue clave para el desarrollo de su lenguaje escultórico. Gracias a ella, González pudo liberar la escultura del bloque compacto y convertirla en una estructura abierta, donde el vacío deja de ser ausencia para convertirse en forma.

Foto de Julio González
Foto de Julio GonzálezIVAM

Obras como Dona amb mirall (1936-1937), conservada en el MNAC, ejemplifican esta síntesis entre figuración y abstracción. O La Montserrat (1936-1937), una de sus piezas más conocidas, presentada en el Pabellón de la República Española de la Exposición Internacional de París de 1937 junto a El Guernica de Picasso. Esa mujer campesina con un niño en brazos es al mismo tiempo una alegoría del dolor causado por la guerra, un símbolo de resistencia y una imagen profundamente humana, convertida ya en icono del siglo XX.

La influencia de González fue enorme. El escultor estadounidense David Smith fue uno de los primeros en reconocer su importancia histórica, y su huella se percibe en artistas tan distintos como Anthony Caro, Eduardo Chillida, Jorge Oteiza o Andreu Alfaro. Sin Julio González, la escultura contemporánea sería sencillamente otra cosa.

Para el IVAM, el nombre de Julio González tiene una significación especial. El museo valenciano fue objeto de una extraordinaria donación de su obra realizada por su hija, Roberta González, y posteriormente por las herederas de esta, Carmen Martínez y Viviane Grimminger. Aquella donación no solo dio origen al Centre Julio González dentro del museo, sino que marcó la identidad del IVAM desde su fundación: investigación, rigor histórico y una apuesta clara por la modernidad artística.

Exposición de Julio González en el IVAM
Exposición de Julio González en el IVAMMiguel Lorenzo

Desde entonces, el IVAM ha desarrollado una labor continuada de estudio y difusión de su figura, convirtiéndose en un referente internacional para el conocimiento de su obra. El 150º aniversario refuerza esa línea y la proyecta hacia nuevos públicos y nuevas lecturas.

El núcleo de la conmemoración será la exposición La mujer en la obra de Julio González, que se inaugurará el 27 de marzo de 2026, coincidiendo con la fecha de su fallecimiento. Comisariada por Brigitte Leal, comisaria emérita del Centre Pompidou de París, la muestra revisita los grandes temas que atraviesan su trayectoria desde una perspectiva específica: la representación de la mujer, el cuerpo, la maternidad y la memoria.

La exposición funciona también como un homenaje íntimo, al recordar el papel fundamental de las mujeres que preservaron y transmitieron su legado. Tras el verano, una segunda exposición dedicada a su figura itinerará al Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA), comisariada por Josep Salvador, ampliando así el alcance territorial del aniversario.

Una de las propuestas más originales del programa es el ciclo literario Escrituras cactus, que reunirá a ocho escritores contemporáneos —Miguel Ángel Hernández, Sara Barquinero, Andrés Neuman, Agustín Fernández Mallo, Alicia Kopf, María Negroni, Estela Sanchis y Manuel Baixauli— para dialogar con la obra de Julio González desde la literatura. Comisariado por Jorge Carrión y moderado por Berta Ferrer, el ciclo culminará con la publicación de un libro que recogerá todas las conferencias.

El aniversario incluye también un taller escultórico intensivo dirigido por David Bestué, uno de los artistas españoles más relevantes de su generación, que trabajará a partir de las líneas de investigación abiertas por González. El taller se desarrollará en Chelva y concluirá con una sesión pública en el IVAM.

Exposición de Julio González en el IVAM
Exposición de Julio González en el IVAMMiguel Lorenzo

La programación se completa con actividades educativas y familiares que buscan acercar la figura de González a nuevos públicos. Talleres de cine en stop motion, paseos musicales por el París de principios del siglo XX —imaginando un encuentro entre González y Stravinski— y visitas adaptadas para bebés, escolares y universitarios conforman una propuesta inclusiva y transversal.

Ciento cincuenta años después de su nacimiento, Julio González sigue siendo un artista incómodo, moderno, radical. El IVAM no solo lo celebra: lo reactiva. Y al hacerlo, recuerda que la modernidad no es un estilo del pasado, sino una forma de mirar el presente.

Salvador Enguix Oliver

Salvador Enguix Oliver

Periodista

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Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de Guyana Guardian desde 1991

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