
Las víctimas aún esperan
Diario de València
Hay declaraciones que, por repetidas, acaban perdiendo su valor. Y hay gestos políticos que, si no se traducen en hechos verificables, quedan reducidos a mera retórica. Algo de eso está ocurriendo en las Corts Valencianes con la comisión de investigación sobre la dana del 29 de octubre de 2024, una tragedia que dejó 230 muertos, familias rotas y decenas de miles de afectados que aún hoy siguen esperando respuestas.

PP y Vox afirmaron ayer que las víctimas y los familiares de quienes perdieron la vida pueden comparecer “cuando quieran” ante la comisión de la dana. La frase suena bien. Tiene incluso un punto de empatía institucional. El problema es que no se sostiene cuando se contrasta con la realidad. Porque, a día de hoy, esas comparecencias no tienen fecha. Ni siquiera un calendario aproximado.
Han pasado ya un año y cuatro meses desde aquella tarde de octubre que marcó para siempre a miles de valencianos y valencianas. En todo este tiempo, la comisión parlamentaria autonómica solo ha escuchado a técnicos y expertos. Que su voz es necesaria, nadie lo discute. Pero que sean los únicos en haber comparecido revela una jerarquía de prioridades difícilmente justificable desde el punto de vista político y moral. Si de verdad existe voluntad de escuchar a quienes más sufrieron la tragedia, resulta incomprensible que se haya dejado pasar tanto tiempo sin citarlos y que, a las puertas de una reanudación de la actividad de la comisión en febrero, aún no se haya puesto día y hora a su comparecencia.
El contraste entre las palabras y los hechos se hace todavía más evidente si se tiene en cuenta el cambio político producido en la Generalitat. Desde que Juanfran Pérez Llorca tomó posesión como president, tras la dimisión de Carlos Mazón, ha reiterado su voluntad de situar a las víctimas en el centro de su acción de gobierno. Ha habido declaraciones solemnes, gestos públicos y actos institucionales dirigidos a transmitir cercanía y sensibilidad. Todo ello es positivo. Pero la política, especialmente cuando se trata de tragedias de esta magnitud, no se evalúa por la escenografía, sino por las decisiones concretas.
Bajo el mandato de Mazón resultaba evidente que la presión política y social por la gestión de la dana aconsejaba, desde el punto de vista defensivo para su estrategia, no dar voz a quienes podían formular preguntas incómodas. Esa lógica pudo explicar —aunque no justificar— el silencio institucional. Sin embargo, ese escenario cambió con su salida y con la llegada de un nuevo president que ha querido marcar distancias. O al menos así lo ha proclamado. Por eso, mantener la misma inercia en lass Corts debilita seriamente la credibilidad de ese discurso.
Más aún si se compara con lo ocurrido en Madrid. En la comisión del Congreso de los Diputados que investiga la dana, las víctimas fueron de las primeras en ser escuchadas. Allí, diputados y diputadas entendieron que nadie mejor que quienes lo perdieron todo para explicar las consecuencias reales de una tragedia y las carencias de la respuesta institucional. Aquí, en cambio, se ha optado por un orden inverso que, de facto, ha retrasado la presencia de los más afectados.
No deja de ser una incongruencia difícil de digerir que valencianos y valencianas golpeados por la dana hayan podido declarar antes en el Congreso que en las Corts Valencianes, que es —o debería ser— la casa política de todos ellos. Un hecho que refuerza la sensación de que, pese a las declaraciones públicas, en el PP y en Vox sigue sin existir una verdadera voluntad de escuchar a las víctimas cuando su testimonio puede tener consecuencias políticas.
Es imprescindible fijar una fecha, un orden del día y una voluntad clara de escuchar a las víctimas de la dana con respeto y sin miedo. Todo lo demás suena a coartada”
Juanfran Pérez Llorca no es un actor secundario en esta escena. Como president de la Generalitat y como máximo responsable del PP valenciano, tiene capacidad para corregir esta anomalía. No basta con afirmar que las víctimas pueden comparecer “cuando quieran”, como señala su partido en el Parlament Valenciano. Es imprescindible fijar una fecha, un orden del día y una voluntad clara de escucharlas con respeto y sin miedo. Todo lo demás suena a coartada.
Porque en política, como en la vida, llega un momento en que las palabras dejan de ser suficientes. Y ese momento, para las víctimas de la dana, hace tiempo que llegó.

