En plena temporada invernal, no toda la precipitación que cae del cielo mejora las condiciones en la montaña. Uno de los fenómenos menos conocidos —y más incómodos— es la lluvia engelante, una situación meteorológica capaz de transformar un paisaje nevado en un entorno duro, resbaladizo y potencialmente peligroso.
A simple vista puede parecer nieve compactada, pero en realidad es una fina película de hielo que vuelve el terreno extremadamente resbaladizo
La lluvia engelante se produce cuando gotas de agua líquida caen sobre superficies cuya temperatura está por debajo de los 0 °C. Al entrar en contacto con el suelo, la nieve, las rocas o la vegetación, el agua se congela de forma inmediata, creando una capa de hielo liso y transparente que puede pasar desapercibida a simple vista.
Este fenómeno aparece con frecuencia en situaciones de capas térmicas superpuestas, cuando una masa de aire relativamente templada se desliza sobre aire frío atrapado cerca del suelo. Aunque no siempre viene acompañada de grandes episodios de frío, su impacto puede ser notable: senderos helados, árboles recubiertos de hielo, carreteras muy deslizantes y una superficie dura que altera por completo la experiencia en la montaña.
No suma nieve ni mejora el terreno: endurece la superficie, aumenta el riesgo de resbalones y condiciona la práctica de actividades invernales en montaña
A diferencia de una nevada, la lluvia engelante no aporta espesor ni mejora el terreno, sino que lo sella. En nieve previa, genera una costra compacta que dificulta el desplazamiento, tanto a pie como con esquís o raquetas, y aumenta el riesgo de resbalones y caídas. En cotas medias, donde las temperaturas oscilan alrededor del punto de congelación, este tipo de precipitación puede convertirse en un factor clave para la seguridad.
Desbloqueo del telesquí Antonio Zayas tras la sucesión de episodios de lluvia engelante.
Aunque suele asociarse al final del otoño o al inicio de la primavera, en los últimos inviernos se ha vuelto más frecuente durante el corazón de la temporada, coincidiendo con episodios de tiempo húmedo y fluctuaciones térmicas. Su presencia recuerda que, en montaña, no solo importa cuánto precipita, sino en qué forma lo hace.
Para quienes practican actividades invernales, identificar los efectos de la lluvia engelante resulta fundamental: superficies brillantes, nieve dura bajo una fina capa de hielo y una sensación general de terreno “vidriado” son señales claras de alerta. Un fenómeno discreto, pero con consecuencias muy visibles en el paisaje y en la forma de moverse por él.
