Ainara Theodorescu, nacional de España que habita en Alemania: “Aquí estamos mejor, pero nadie deja de pensar en España. A las cuatro de la tarde las calles ya están vacías”
Española en Alemania
La nacional de España Ainara Theodorescu relata en Guyana Guardian sus experiencias cotidianas residiendo fuera del país.

Ainara Theodorescu, 26 años, española

Para Ainara las jornadas resultan cada vez más breves. Dejó de frecuentar sitios al aire libre con sus conocidos tras laborar para retornar a su vivienda a las cuatro de la tarde, envuelta en la oscuridad y un clima gélido difícil de tolerar. Sin embargo, estas situaciones y otros tantos elementos constituyen el contraste cultural que atraviesa desde su estancia en Alemania.
Al igual que sucede con numerosos ciudadanos de España que emigran al extranjero, Ainara, originaria de Alcalá de Henares (Madrid), optó por iniciar su trayectoria vital en Alemania después de su estancia Erasmus. Esta vivencia ha influido profundamente en sus ámbitos laboral e individual, abarcando desde sus inicios hasta el afianzamiento de su trayectoria; hoy en día se desempeña como Digital Operations Manager en Hugo Boss.
Para numerosos jóvenes españoles, laborar en otras naciones implica apostar por su porvenir profesional, si bien supone un reto a nivel personal. A partir de sus vivencias se perciben las variaciones de la vida fuera de sus fronteras: el aislamiento del comienzo, el ajuste a nuevas costumbres y, simultáneamente, las posibilidades de crecimiento laboral y la autonomía que únicamente brinda un contexto internacional.

¿Cómo fue su primer año en Alemania?
Considero que mi etapa inicial transcurrió dentro de una especie de burbuja. No experimenté una vinculación inmediata con la nación en sí, debido a que aterrizar para laborar como expatriada no se compara, poseyendo un empleo formal y una trayectoria profesional definida, con el hecho de arribar en calidad de alumna. Bajo mi experiencia, me mudé para estudiar, lo cual provoca que uno conviva constantemente con personas extranjeras, quienes atraviesan circunstancias muy parecidas a las propias.
De este modo, se elimina la sensación de estar sola y la urgencia de manifestar “tengo que conocer gente”, puesto que ya se halla en un ámbito donde irremediablemente contactará con más gente y se nota todo el tiempo respaldada y en compañía.
¿En qué momento siente que llega el verdadero choque con la realidad del país?
Pienso que el impacto real me golpeó al finalizar mi estancia de Erasmus, lo cual ocurrió justo al empezar la crisis sanitaria. Súbitamente me vi en una nación donde carecía de un círculo cercano y surgió esa sensación de culpa: por experimentar una situación crítica lejos de casa y percibir que me ausentaba de momentos fundamentales.
¿Considera que la vivencia se transforma significativamente dependiendo de la etapa de la vida y la razón por la cual alguien decide trasladarse al extranjero?
Considero que todo está muy vinculado al motivo por el cual uno se traslada. No resulta igual arribar para formarse siendo joven que establecerse por empleo en una fase vital más avanzada. En la juventud es considerablemente más simple entablar vínculos y existe mayor margen para proponer salidas. Una vez que se posee un horario de ocho a cinco o de ocho a seis, la existencia suele restringirse mayormente al ámbito laboral. Por otra parte, en este sitio la población no comparte la misma cultura social post-laboral que en España, lo que complica el relacionarse con los nativos. Ellos ya poseen sus rutinas fijas y esto puede derivar en una percepción de soledad, fundamentalmente al comenzar la estancia.
Si aterrizas con el propósito de integrarte y tratar con los lugareños, es posible que sufras una desilusión. En mis comienzos puse mucho interés en aprender sobre la cultura y los vecinos de la zona, pero con el paso de los días uno percibe que no siempre hay una disposición equivalente por ellos. En definitiva, lo que observo igualmente en otros españoles es que se termina creando un círculo muy hermético de españoles, latinos, italianos o personas en la misma coyuntura, ya que es una forma de cobijarse y sentirse respaldado.
¿Cómo fue la experiencia con el idioma?
Tomaba como base lo ocurrido en España, debido a que solía trabajar con alumnos de intercambio facilitando su ajuste y vinculación con los estudiantes españoles. He notado permanentemente esa proximidad de los españoles, esa voluntad de recibir otras culturas. En el momento en que un foráneo utiliza el español, el público queda encantado.

En Alemania sucede lo opuesto. Existe cierta impaciencia en ese aspecto y, si perciben que el interlocutor no es nativo o presenta trabas al hablar, cometiendo fallos gramaticales, pasan enseguida al inglés.
Es posible que procedan por empatía, asumiendo que de esa manera les hacen el camino más fácil, pero cuento con amigas que se expresan en alemán con total fluidez, tras haber asistido a colegios alemanes y poseer un dominio casi impecable. No obstante, el mero hecho de poseer acento las evidencia y les sucede lo idéntico: se comunican siempre en alemán y obtienen respuestas en inglés.
Aunque están allí, muchos ya piensan en volver. ¿A qué cree que se debe?
Considero que esto se vincula estrechamente con la cultura española, la cual es sumamente familiar y de mucha convivencia social. El aislamiento que se llega a percibir aquí, aun teniendo amigos españoles, es lo que termina provocando el pensamiento de partir. En Alemania, los vínculos afectivos suelen ser más distantes. Existen sujetos que habitan en el mismo país que sus parientes y con visitarlos una vez al año les es suficiente.
Si mañana tuviese que decidir entre permanecer en ese lugar o retornar a España, ¿cuál sería su elección y por qué motivo?
Depende de la perspectiva. Lo óptimo sería conservar un puesto con la misma autonomía y un sueldo equivalente al que percibo en este sitio, pero localizado en España. Con ese panorama, retornaría sin pensarlo. No obstante, admito que los beneficios, la evolución de mi carrera y, primordialmente, los ingresos que poseo ahora, no estarían a mi alcance en España. Por tal motivo, viendo el contexto actual, no proyecto un regreso pronto. Si lograra obtener lo mismo allá, me trasladaría al instante.

¿Qué tendría que cambiar en España para animarla a volver?
Fundamentalmente, que se incrementaran los sueldos y las condiciones habitacionales. En la actualidad, al contrastar costes, el mercado inmobiliario en Alemania y en España es muy parecido, aunque las remuneraciones difieren enormemente. Al calcular la relación entre ingresos y desembolsos cada mes, residir en España acaba siendo más costoso.
Considero que sería necesaria una transformación relevante en el ámbito del empleo, donde las compañías invirtieran más en el talento joven y depositaran mayor seguridad en ellos. Además, resulta evidente que se debería regular de algún modo la crisis habitacional, ya que representa uno de los impedimentos principales al momento de considerar un regreso.
En definitiva, la impresión que queda es: nos hallamos en mejores condiciones por aquí, aunque ninguno olvida a España. Es algo frustrante, pues todos conservamos el anhelo de que el contexto allá evolucione positivamente y en algún momento sea posible regresar para tener una existencia equivalente o incluso más próspera que en Alemania.
Por otro lado, en aquel lugar los lazos familiares son bastante más sólidos y se goza de una interacción social constante, especialmente durante la juventud. Actualmente cuento con 26 años y trato con personas de mi generación, y en este periodo vital uno siente deseos de reunirse con amistades, ir a beber algo o programar actividades. En este sitio aquello resulta mucho más difícil. Durante el invierno, a las cuatro de la tarde, las vías lucen desiertas y el organismo mismo no te incita a abandonar el hogar. Las jornadas se perciben notablemente más breves.


