Noelia Pinilla, 27 años, residente en Madrid: “La mitad de mi sueldo se va en el alquiler y hay meses en los que llego a cero, teniendo que recurrir a ahorros”
Alquiler
Hablamos con Noelia Pinilla, una joven de 27 años, que nos explica parte de su día a día en Madrid y cómo gestiona sus gastos para hacer frente al elevado precio del alquiler

Noelia Pinilla, 27 años

Noelia Pinilla tiene 27 años y vive de alquiler en Madrid. Comparte piso con otra joven, con quien la convivencia es distante pero cordial. Cada mañana sale a trabajar, con su horario de oficina de lunes a viernes, consciente de que esta independencia tiene un precio y de que la ciudad no siempre lo pone fácil. En España, alrededor del 87 % de los jóvenes emancipados comparten vivienda, y el 70 % lo hace en régimen de alquiler, según el informe Un problema como una casa, del Consejo de la Juventud de España (CJE). El estudio refleja las difíciles condiciones de emancipación de la juventud española, que se enfrenta a un panorama económico complicado en cuanto al acceso a la vivienda.
Una de las principales razones para compartir piso es reducir gastos, con una media de 3 o 4 personas por hogar. Noelia es un ejemplo de ello: “Me hubiera encantado mudarme sola, pero en Madrid no siempre eliges lo que quieres, sino lo que puedes”, confiesa para Guyana Guardian. A través de su experiencia, habla del alto precio de los alquileres: “Los pisos medianamente decentes están por las nubes, y la demanda es tan alta que muchas veces se aprovechan para ofrecer condiciones bastante complicadas”, confiesa con cierto enfado. La joven es contundente: “Con precios desorbitados, intentan alquilar auténticos agujeros como si fueran oportunidades, y eso acaba empujando a compartir piso, aunque no sea tu opción ideal”.
Aun así, Noelia reconoce que ha tenido suerte: su piso tiene un precio razonable en comparación con el mercado actual y es bastante grande para dos personas, algo que considera difícil de encontrar hoy en día. Su objetivo a medio plazo es dar el paso hacia una independencia más estable: “Sería un paso ligado a una mayor estabilidad personal y profesional, dejar atrás la sensación de provisionalidad y empezar a construir un proyecto propio. Mi idea no es tanto alquilar como dar el paso a comprar, crear un espacio que sea realmente mío, pero a ver qué obstáculos me voy encontrando por el camino”, confiesa.

Trabajo, gastos y día a día de Noelia Pinilla
Noelia trabaja en una agencia de comunicación, de lunes a viernes, aunque en semanas con eventos o picos de trabajo la jornada puede alargarse. Aun así, intenta compaginarlo todo: “Cuando salgo del trabajo, procuro hacer vida normal, ir al gimnasio para cuidarme y mantener una rutina bastante ordenada, dentro de lo posible. También reservo tiempo para ver a mis amigos y a mi familia, algo que para mí es importante cuidar y priorizar, incluso cuando el ritmo es más intenso”, destaca.
Su sueldo actualmente es el mínimo, por lo que la organización es clave. “Aproximadamente la mitad de mi sueldo se va en el alquiler y, a partir de ahí, hay que cubrir gastos como la luz, otros suministros y la compra. Intento ser muy consciente con el dinero y, siempre que puedo, destinar algo al ahorro, aunque entre ajustes y cuestiones como Hacienda no siempre es sencillo”, confiesa. Explica que “hay meses en los que llegas muy justa, prácticamente a cero, o incluso tienes que tirar de ahorros, pero aun así procuro mantener cierto control”. Su salario le permite cubrir los gastos básicos, pero mantener una independencia real y tranquila, le resulta complicado. “Hay que medir mucho y estar siempre pendiente de ahorrar lo mínimo para ir creando un pequeño colchón por lo que pueda pasar. Al final, vas mirando el precio de todo y eso hace que la independencia tenga muchos límites”, añade.

Noelia reconoce las dificultades de emanciparse en Madrid y confiesa que no es nada fácil: “Muchos jóvenes tienen que destinar su salario solo al alquiler si quieren vivir solos, lo que hace prácticamente imposible emanciparse sin compartir piso o contar con apoyo familiar. Que en 2025 solo una minoría pueda acceder a una vivienda, ya sea en alquiler o en propiedad, dice mucho de lo complicado y desalentador que es el mercado actual”, concluye.
Hábitos de convivencia
Noelia confiesa que, en realidad, lo único que valora de compartir piso es el reparto de gastos, que le permite vivir en Madrid sin que el alquiler se lleve prácticamente todo su sueldo. “Más allá de eso, no es algo que elija por gusto, sino por necesidad”, explica, sobre todo cuando toca convivir con alguien con quien no hay demasiada afinidad. Lo más complicado, añade, es mentalizarse ante la presencia continuada de la otra persona, “algo que no siempre es fácil de asumir ni de hablar”.
Sobre la convivencia en sí, Noelia reconoce que no existe un truco infalible. “Convivir es como cualquier relación, ya sea de amistad o de pareja: la comunicación es clave”, asegura. En su caso, admite que no siempre se ha aplicado bien, lo que ha generado roces sin que lleguen a hablarse abiertamente. Cuando no se habla, la tensión se nota, aunque no haya discusiones.
Respecto a su vida social, asegura que compartir piso no la afecta de manera directa: intenta mantener sus planes y ver a sus amigos, aunque reconoce que en ciertos momentos condiciona cómo se está en casa. Sobre la independencia y autonomía, lo describe como una experiencia necesaria, casi como un primer trabajo: “Con lo complicado que es vivir solo, probablemente tengas que pasar por esto en algún momento”, confiesa. Advierte, además, que no debería ser solo una cuestión de precio o de quién se queda la habitación más grande. Su consejo, basado en su corta experiencia de un año, es hablar desde el principio sobre hábitos, límites y expectativas, incluso de esas cosas incómodas que cuesta sacar, porque “marcan mucho la convivencia después”.


