12 destinos culinarios donde deleitarse con las mejores recetas de cuchara.
Gastronomía
Un descubrimiento sensorial a través de recetas que capturan la esencia verdadera de lo tradicional.

Parador de Chinchón, con gastronomía típica de la zona
Al arreciar las bajas temperaturas, el organismo solicita platos de cuchara. Un cuenco profundo. Entre más grande, mejor. Y, para los apetitos más grandes, un caldero disponible para introducir el cucharón reiteradamente. Los cocidos, caldos, sopas, cremas, estofados y platos de legumbres resultan fundamentales y son parte del legado del gusto. Elaboraciones, hechas con delicadeza y tiempo, que reconfortan el espíritu e incitan a gozar de una acogedora costumbre que demanda el uso de la servilleta con total libertad.
Con el fin de que dicha ceremonia logre su mayor esplendor, no hay nada mejor que los Paradores, verdaderos refugios de bienestar para el espíritu y el gusto. Espacios en los que lo clásico se ofrece en recipientes de arcilla y cada elaboración narra un relato que trasciende el simple gusto. Alístate para una travesía culinaria que supone casi una experiencia mística a través de la geografía española, deteniéndose en varias de las cocinas más representativas del país. Durante esta temporada invernal permite que los guisos guíen tu camino. Ya que en ocasiones el bienestar se encuentra dentro de un cuenco profundo.

En este trayecto hallarás doce estaciones gastronómicas en locales de Paradores, de la Mancha a los Picos de Europa, para permitir que las recetas calientes dirijan el recorrido.
Cocido con sello manchego
Bajo manteles tradicionales, rodeado de recipientes de arcilla y sumergido en un entorno de estilo cervantino. De esta manera degustarás el exquisito cocido preparado en La bodega del Convento, rincón culinario del Parador de Almagro, que cumple dos décadas brindando esta receta en unas sesiones que ya representan una auténtica tradición culinaria. Debido a que, si existe una experiencia esencial en este municipio de La Mancha, además de apreciar su teatro clásico, es pernoctar en este establecimiento, ubicado en un histórico convento del siglo XVI, y aprovechar la temporada para deleitarse con este banquete de legumbres, carnes y hortalizas… servido en dos tiempos, disponible para el público hasta marzo, todos los sábados y días de fiesta.
Genuina ceremonia manchega que comienza mediante una entrada de cortesía consistente en encurtidos clásicos del Campo de Calatrava y un caldo de fideos aromatizado con azafrán. Para añadir mayor poesía, la minuta finaliza con natillas de yema acompañadas de flor de Calatrava de sartén. Se toca el cielo.

Fabada asturiana, reina de las regiones septentrionales.
El plato de fabada es ampliamente reconocido. Esas fabes de textura suave junto al chorizo, morcilla y lacón que se integran en un guiso intenso… ¡Es espectacular! Se cuenta que desde el siglo XVI los asturianos disfrutaban de este plato, y en la actualidad continúa siendo una de las preparaciones más representativas del Parador de Cangas de Onís, viejo monasterio benedictino de San Pedro de Villanueva situado junto a la ribera del Sella y con los Picos de Europa de fondo.
Degustarla en este sitio, junto a su compango, allí donde se gestó un fragmento del pasado de los monarcas asturianos iniciales, y bajo esa atmósfera religiosa y antigua que ofrece su imponente capilla de San Miguel, resulta prácticamente un ejercicio de devoción.

Cardos con almendras, alma de la temporada invernal.
El cardo, un vegetal en principio sencillo y saludable, aparca su humildad para servirse junto a una salsa de almendras y jamón en el restaurante Las Cinco Villas del Parador de Sos del Rey Católico, una clásica edificación noble aragonesa que fascinará a los entusiastas de la historia (se trata de la cuna de Fernando el Católico) y de la excelente mesa.
En este sitio la culinaria maña se exhibe mediante borrajas, ternasco y migas, si bien resalta esta elaboración de cardo que condensa la esencia de la mesa invernal: su naturalidad, la facultad de reconfortar y, por añadidura, un detalle de almendra que le brinda un matiz delicatessen. Te cautivará.

Garbanzos y espinacas, una herencia de procedencia morisca
Esta receta rebosa tradición, especialmente si se degusta en el Parador de Carmona. Se trata de una edificación de estilo mudéjar, situada a escasa distancia de Sevilla, erigida sobre los restos de una fortaleza árabe del siglo XVI que sirvió, inicialmente, como hogar del monarca taifa de Carmona y, posteriormente, como estancia de Pedro I.
Bajo el rumor de la fuente de su patio y las crónicas de otros tiempos, saborear unas ricas espinacas con garbanzos resulta un goce genuino que vincula con la herencia culinaria más sabrosa. El majado de pan frito, ajo y aliños, comino y pimentón se funden con la finura del vegetal y la consistencia de la legumbre. Un manjar exquisito en el marco incomparable de su restaurante. Un salón que operó antaño como refectorio y que ahora luce techos altos y grandes ventanales que permiten admirar el bello paisaje exterior.

Olla aranesa, contundencia de los Pirineos.
Para jactarte de haber degustado una de las ollas aranesas más destacadas del Pirineo catalán, acércate a la Cuina de Portolá, restaurante del Parador de Arties, que cocina con delicadeza y con materias primas de la zona este guiso tradicional de montaña, idóneo, junto a patés, butifarras y quesos de la región, para entrar en calor tras una agotadora sesión en la nieve.
Sustancioso potaje, requerido por el frío, se tiene por uno de los cocidos con más historia de Europa, originado de los excedentes de cultivo de los clanes ganaderos araneses. Asimismo, constituye un deleite para el paladar, sobre todo al saborearse ante las más bellas estampas alpinas, bajo el amparo de cimas y parajes de ensueño, en una hospedería tradicional y entrañable que se remonta al siglo XIV.

Garbanzos y callos, tradición berciana.
Justo en el trayecto del Camino de Santiago, se percibe la fragancia de los callos con garbanzos. Dicha esencia anima a detenerse en Villafranca del Bierzo. Es una región con mucha tradición en este guiso de suaves y melosos callos de ternera, elaborado con un rehogado de cebolla, ajo y pimentón, sumado al matiz de chorizo o morcilla que resulta tan gratificante al final, a pesar de que inicialmente pueda imponer respeto.
De esta manera los presentan en el comedor del Parador de Villafranca del Bierzo, hospedaje de caminantes y turistas, localizado a escasa distancia de Galicia, que ha ganado prestigio por su gastronomía berciana y particularmente por su botillo y esta increíble receta que es una auténtica delicia. Representa, ciertamente, el pretexto ideal para detenerse en este sitio, disfrutar de un gran banquete y reposar envuelto en la tranquilidad que emana del paisaje natural circundante.

Sopa de ajos, el alma de Castilla
Existen elaboraciones que no requieren de ornamentos para seducir, y la sopa de ajo constituye un gran ejemplo. Pan del día previo, ajo en abundancia, pimentón, caldo y un huevo que se escalfará pausadamente hasta unirse al resto. No se requiere nada más. Contados elementos y una riqueza de matices que remite a los campos castellanos, a las albas heladas y a los fogones donde la calma define el proceso.
Ciertamente, se precisa algo más. Un espacio ideal para saborearlas es el Parador de Chinchón, donde este plato modesto llega a su nivel más elevado. Tanto por su sazón como por aquel marco histórico: un previo convento agustino del siglo XVII, dotado de claustro y jardines en una posición central, a escasa distancia de su porticada Plaza Mayor, una de las más preciosas de España. De modo que no existe programa más tentador en esta temporada que deleitarse con una caminata por el hermoso Chinchón para estimular el apetito y rendirse ante esta rica sopa pausadamente, como se estilaba en el pasado, disfrutando cada sorbo mientras el clima gélido aguarda en el exterior.

Fumet de pescado de roca, alma del Mediterráneo.
La intensa esencia del océano se percibe en este suquet de rape con patatas y gambas rojas de Palamós, un plato que define perfectamente la identidad de la gastronomía catalana y que elaboran con gran destreza en el Parador de Aiguablava.
De este modo, contemplando el Mediterráneo mientras el color azul penetra por los amplios ventanales de esta estancia moderna situada sobre un risco, te espera servido este potente y caldoso estofado de mar, que cuenta con pescados selectos y un sabroso y denso sofrito capaz de transmitirte la esencia genuina de la Costa Brava.

Andrajos de Úbeda, guiso tradicional de pastores.
No permitas que la sencilla procedencia de esta receta te engañe, pues el comedor del imponente Parador de Úbeda, una edificación renacentista ubicada en el centro histórico del municipio, transforma la degustación de este célebre y típico manjar jienense.
Nos referimos a diminutas tortas de masa delgada elaboradas en un consomé con bacalao, garbanzos y vegetales. Dicho de otro modo, genuino legado andalusí y ganadero, consagrado por el incesante aceite de oliva. Indiscutiblemente, un vestigio vigente de antaño, tal como sucede con el magnífico patio interno de esta posada que te fascinará de inmediato.

Cocido lebaniego, la calidez de las montañas.
Ubicado en el centro mismo del Parque Nacional de los Picos de Europa, el Parador de Fuente Dé representa el sitio magnífico para degustar uno de los platos más típicos de Cantabria: el cocido lebaniego. A diferencia de versiones distintas, aquí resalta el garbanzo menudo de Potes, escoltado por carnes de gran sabor, patatas y berza, y rematado por el fundamental “relleno”, ese preparado de pan, huevo y perejil que hace de esta receta una vivencia absoluta.
Representa la gastronomía de pastores y excursionistas, ideada para recobrar el vigor tras etapas de gélido clima y terrenos escarpados, cobrando una relevancia especial al saborearse ante las gigantescas estructuras de piedra de las cumbres que se dibujan a lo lejos. Ofrecido bien caliente, con su vapor y en raciones abundantes, este guiso constituye un llamado a frenar el paso, a ingerir con calma y a permitir que cada cucharada defina el tempo en uno de los parajes más impactantes del norte.

Patatas a la riojana, el guiso de toda la vida que nunca decepciona.
Contadas fórmulas culinarias ilustran una zona del mismo modo que este plato de patata chascada, chorizo con pimentón, ajo y laurel, que proporcionan la complejidad indispensable a un estofado que gana consistencia y reposa por su cuenta.
Una receta surgida para reconfortar el organismo y complementar los días exigentes que hoy día constituye un emblema de la gastronomía riojana y que en el Parador de Santo Domingo de la Calzada elaboran de forma inigualable. Con la consideración que exige la cocina clásica y con ese matiz de hogar y herencia. Por ello, integra en tu recorrido este histórico hospital de peregrinos del siglo XII y no dejes de solicitar pan para apurar hasta la última gota del caldo.

Alubias del Barco de Ávila, un tipo de legumbre que posee una denominación singular.
Resultan pocos los manjares tan reconfortantes como una ración de alubias bien elaboradas, y escasas legumbres son tan insignes como las de Barco de Ávila. En el Parador de Ávila, emplazado en el histórico Palacio de Piedras Albas, este alimento con Indicación Geográfica Protegida se ofrece con la consideración que requiere una semilla de calidad, de hollejo fino y consistencia cremosa.
Elaboradas a fuego pausado, servidas con su guarnición precisa —chorizo, morcilla y panceta—, estas legumbres representan una muestra de sencillez y distinción culinaria, en la que cada elemento encaja y resulta reconfortante. Resultan aún mejores al degustarlas en una urbe cercada por murallas, poseedora de un pasado medieval y un ambiente acogedor. Una auténtica fortuna.

