Luis Quevedo, divulgador científico, sobre el ejercicio y la gestión del tiempo: “Cuando dices 'no tengo tiempo', pueden estar pasando cuatro situaciones distintas”
Ejercicio
El divulgador científico analiza cómo la percepción del tiempo influye en nuestra actividad física y por qué organizarse y disfrutar del ejercicio es más eficaz que dejarse llevar por excusas
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Luis Quevedo, divulgador científico, sobre el ejercicio y la gestión del tiempo: “Cuando dices 'no tengo tiempo', pueden estar pasando cuatro situaciones distintas”
Decir que no hay tiempo para hacer ejercicio es una frase que todos hemos pronunciado alguna vez. A menudo se presenta como una excusa, aunque muchas veces refleja cómo organizamos nuestras rutinas y prioridades. El verdadero reto está en reconocer qué nos impide aprovechar los momentos disponibles y en encontrar formas de reorganizar el día para incluir movimiento de manera realista.
Aunque algunas personas realmente tienen agendas muy apretadas, muchas otras disponen de tiempo suficiente para entrenar si saben planificar y comprometerse con pequeñas sesiones a lo largo del día. La famosa frase de “no tengo tiempo” puede esconder motivos más profundos de los que imaginamos, y comprenderlos es clave para mejorar la constancia y disfrutar del ejercicio.
La trampa del “no tengo tiempo”
Una mentira científica
Como decimos, decir “no tengo tiempo” se ha convertido en una de las excusas más comunes para posponer la actividad física, pero según Luis Quevedo, es en realidad una “mentira científica”. La sensación de falta de tiempo refleja cómo organizamos y percibimos nuestras jornadas, y no tanto una carencia de motivación o fuerza de voluntad.
Según el divulgador científico, muchas personas creen que para entrenar hace falta una hora completa o ir al gimnasio, cuando en realidad pequeños bloques de actividad distribuidos durante el día pueden ser igual de efectivos. La percepción de escasez de tiempo, explican los expertos, actúa más como un condicionante psicológico que como un obstáculo real.
Comprender esta dinámica permite replantear la relación con el ejercicio. Reconocer que cada oportunidad de moverse cuenta y que el tiempo disponible se puede adaptar a nuestras necesidades ayuda a transformar la excusa de “no tengo tiempo” en una estrategia real para mantenerse activo.
El modelo EXPERT
La ciencia ha estudiado este fenómeno y lo ha plasmado en el modelo EXPERT (Exercise Participation Explained in Relation to Time). Este enfoque ayuda a comprender los distintos motivos por los que una persona siente que “no tiene tiempo” para entrenar. Según el modelo, pueden estar sucediendo cuatro situaciones principales:
- Preferencias temporales: se cree que solo se puede entrenar a una hora específica o durante periodos largos. La realidad es que sesiones cortas, “incluso de tres bloques de 10 minutos”, pueden ser igual de efectivas y ayudan a crear hábito sin complicaciones.
- Uso del tiempo: muchas personas asocian ejercicio con gimnasio, esfuerzo intenso y horas de dedicación. En realidad, “caminar, subir escaleras o bajarse una parada antes del transporte público ya cuentan como actividad física”.
- Condiciones temporales: la rutina diaria, los hijos o el trabajo pueden limitar la práctica de ejercicio. Sin embargo, vincular la actividad a algo que se disfrute (como caminar mientras escuchas un podcast) “puede transformar la percepción de esfuerzo en placer”.
- Autonomía temporal: sentir que el día decide por nosotros limita la constancia. “Estudios muestran que concentrar la actividad física en fines de semana también puede ofrecer beneficios similares a repartirla entre la semana”.

Estrategias para entrenamientos efectivos y rápidos
Mantenerse activo durante las fiestas
Eso sí, también es cierto que, con la llegada de las fiestas, los hábitos de actividad suelen desvanecerse. Las rutinas se rompen, los horarios se diluyen y la motivación basada en la culpa no funciona a largo plazo. Lo que sí demuestra la investigación es precisamente que la planificación inteligente y la motivación intrínseca (disfrutar la actividad por placer propio, no por obligación) son mucho más efectivas para mantener el hábito.
Por eso, elegir ejercicios que resulten agradables, adaptarlos a la capacidad personal y centrarse en progresos visibles como resistencia, fuerza o técnica aumenta la satisfacción y el compromiso. Entrenar en grupo o compartir avances también refuerza la motivación y hace que la actividad física sea parte natural del día.
El mensaje de Quevedo es claro: cada pequeño momento de actividad cuenta y puede transformar nuestra energía y bienestar diario. Aprovechar las oportunidades que surgen en la rutina y adaptar el ejercicio a lo que realmente funciona para cada persona convierte la actividad física en un hábito sostenible y gratificante, sin depender de planes complicados o excusas.