Bienestar

Jorge Romero-Castillo, profesor de la Universidad de Málaga, sobre el vínculo entre la contaminación del aire y la salud mental: “La ansiedad está disparada por la polución”

Mal respirar

Panorámica de Nueva Delhi en medio de una densa niebla tóxica este miércoles

Panorámica de Nueva Delhi en medio de una densa niebla tóxica este miércoles

RAJAT GUPTA / EFE

Según el más reciente informe sobre calidad del aire en España, realizado por Ecologistas en Acción, “31 millones de personas estuvimos expuestas en 2024 a unos niveles de contaminación que exceden los nuevos límites aprobados para 2030 por la Unión Europea”. Los investigadores de la organización detallaron que hasta 400.000 personas murieron en 2022 a causa del aire contaminado en distintos países europeos. Una dinámica muy negativa que se extiende en otros aspectos, como el de la salud mental.

Jorge Romero-Castillo, profesor de Psicobiología en la Universidad de Málaga, compartió sus hallazgos sobre esta conexión en The Conversation, indagando en los distintos tipos de partículas que respiramos. “Tanto las partículas finas como las ultrafinas pueden alcanzar los alveolos pulmonares, entrar en la sangre para llegar a la cabeza e internarse en el cerebro atravesando la barrera hematoencefálica. Incluso pueden ingresar directamente al cerebro a través de las neuronas presentes en el interior de la nariz, en el epitelio olfatorio”, aseguraba, explicando qué ocurre exactamente en el cerebro.

La contaminación en Nueva Delhi ha alcanzado niveles alarmantes en múltiples ocasiones
La contaminación en Nueva Delhi ha alcanzado niveles alarmantes en múltiples ocasiones

“Un aumento del estrés oxidativo y la consecuente inflamación: estos procesos se han observado en estudios con humanos y en modelos animales, y resultan especialmente importantes en el caso de los trastornos de ansiedad y depresivos. Un efecto neurotóxico directo, que lleva a cambios estructurales: esta situación compromete la conectividad neuronal y el equilibrio de neurotransmisores. Al parecer, las partículas de plomo, mercurio, manganeso y de combustión del diésel podrían causar este efecto neurotóxico y contribuir al riesgo de suicidio”, apuntaba.

“La alteración del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA), el sistema que regula las respuestas del organismo al estrés: Las partículas contaminantes pueden afectar a la producción de hormonas, como el cortisol, e interferir en el equilibrio neuroendocrino, lo que puede correlacionarse con ansiedad, depresión y suicidio”, insistía. En esta línea, uno de los ejemplos más claros y problemáticos es un aumento de la ansiedad a causa de la polución. Romero-Castillo asoció una aflicción más grave en aquellos que ya sufren problemas de respiración o cardiovasculares.

Nube de aire, lleno de partículas perjudiciales, sobre Barcelona
Nube de aire, lleno de partículas perjudiciales, sobre BarcelonaAlejandro García / EFE

De mal en peor

“La mala calidad del aire también se asocia a tasas aparentemente más altas de depresión mayor, un trastorno muy presente en el mundo y que puede desembocar en suicidio. La consistencia de los hallazgos en distintos países y contextos respalda la solidez de esta relación. Tanto la exposición a corto plazo como a largo plazo a partículas finas es problemática. El riesgo es aún más elevado en personas que sufren enfermedades cardiovasculares, diabetes o asma. Esta relación sugiere que la contaminación podría actuar como un factor que golpea con más fuerza a las poblaciones más frágiles”, desgranaba.

“La exposición a corto plazo al aire sucio se ha asociado positivamente con suicidios intentados y consumados. La relación se evalúa vinculando la concentración media de material particulado en los momentos previos al lugar del suicidio con datos extraídos de las autopsias. En esta línea, también se ha hallado que un aumento transitorio del material particulado aumenta el riesgo de suicidio en personas con enfermedades cardiovasculares preexistentes”, sentenciaba.

Etiquetas