Roser Gort, psicóloga: “Mirar la cuenta bancaria en enero puede bloquear más que ayudar”
Cuesta de enero
Después de las fiestas, muchas personas no solo miran la cuenta bancaria con preocupación, sino también su propio estado de ánimo
La psicóloga Roser Gort explica por qué enero pesa tanto, cómo nos afecta psicológicamente y qué podemos hacer para no empezar el año desde la culpa y el agotamiento

Roser Gort es psicóloga especializada en trastornos de ansiedad

Enero llega siempre con una promesa implícita: empezar de nuevo. Pero para muchas personas, ese comienzo se parece más a una cuesta empinada que a un punto de partida ilusionante. Las luces de Navidad se apagan, las rutinas vuelven y el cuerpo —y la mente— acusan el contraste. No es solo una cuestión de dinero. Es cansancio, presión, expectativas incumplidas y una sensación difusa de haber empezado el año “ya tarde”.
La psicóloga Roser Gort, especializada en salud mental, gestión emocional y trastornos del sueño, lleva años trabajando con pacientes que llegan a consulta precisamente en este punto del calendario, cuando la vuelta a la normalidad se vive como un golpe. “En enero se nos junta todo”, explica. “El impacto económico de las fiestas, la exigencia de ser productivos desde el primer día y la idea de que deberíamos tener claros nuestros propósitos vitales”. El resultado, dice, es un cóctel emocional que muchas personas viven en silencio, pensando que el problema es solo suyo.
Cuesta de enero
Una cuesta no solo económica sino también emocional
“La cuesta de enero no es solo económica, es emocional”. ¿Qué quiere decir exactamente con eso?
Porque hablamos mucho del dinero, pero poco de lo que pasa por dentro. Evidentemente, el impacto económico existe y genera estrés real, pero lo que veo en consulta es que enero activa muchas emociones: culpa por haber gastado, agotamiento acumulado, frustración por no estar donde creemos que deberíamos estar y una presión enorme por “empezar bien” el año. Todo eso pesa tanto o más que la cuenta bancaria.

¿Por qué enero concentra tanto malestar psicológico?
Porque es un mes de contraste. Venimos de semanas en las que se permite el exceso, el descanso relativo, los encuentros sociales… y de repente pasamos a la exigencia absoluta: horarios, objetivos, productividad. El cuerpo y la mente no hacen ese cambio de forma inmediata. Además, socialmente enero está cargado de mensajes muy exigentes: “nuevo año, nueva vida”, “este sí”, “ahora toca ponerse en serio”. Eso genera mucha presión.
¿Nos exigimos demasiado nada más empezar el año?
Muchísimo. Queremos cambiar hábitos, ser mejores profesionales, cuidarnos más, ahorrar, hacer deporte, comer mejor… todo a la vez y desde el día uno. Y si no lo conseguimos, aparece la culpa. Es paradójico: enero debería ser un mes de ajuste, pero lo vivimos como un examen.
Compararnos con las redes sociales cuando estamos cansados o preocupados aumenta la sensación de fracaso
Habla mucho de la culpa. ¿Por qué aparece con tanta fuerza en este momento?
Porque sentimos que hemos fallado antes incluso de empezar. Culpa por el dinero gastado, por no haber descansado lo suficiente, por no tener claros los propósitos, por no estar motivados. Vivimos en una cultura muy orientada al rendimiento, y enero simboliza ese “ahora sí”. Cuando no encajamos en ese relato, nos culpamos.
¿La comparación con los demás influye?
Muchísimo. Las redes sociales están llenas de mensajes de éxito, disciplina y transformación personal en enero. Personas que empiezan el año con energía, rutinas perfectas, objetivos claros. Compararnos con eso, cuando estamos cansados o preocupados, aumenta la sensación de fracaso. Olvidamos que nadie muestra el cansancio, la duda o el miedo.

¿Qué señales indican que la cuesta de enero está afectando a nuestra salud mental?
Irritabilidad constante, dificultad para dormir, sensación de agobio sin motivo claro, pensamientos muy negativos sobre uno mismo o el futuro, desmotivación extrema. No es tristeza puntual, es una sensación de peso continuo. Cuando eso se mantiene durante semanas, conviene escucharlo.
Cuesta de enero
Es importante bajar el nivel de exigencia
Muchas personas dicen: “Es normal, ya se pasará”. ¿Es un error normalizarlo todo?
Sí, porque normalizar no significa ignorar. Es normal sentirse más bajo de ánimo en enero, pero no deberíamos resignarnos a vivir mal. Si el malestar interfiere en tu día a día, pedir ayuda no es exagerar, es cuidarse.
¿Cómo podemos atravesar la cuesta de enero sin hundirnos emocionalmente?
Lo primero es bajar el nivel de exigencia. Enero no tiene que ser el mes de los grandes cambios, puede ser simplemente un mes de adaptación. También ayuda mucho poner el foco en lo controlable: rutinas básicas, descanso, pequeños gestos de autocuidado. Y, sobre todo, cambiar el diálogo interno: hablarnos con más comprensión y menos reproche.
¿Qué papel juegan los famosos propósitos de año nuevo en todo esto?
Un papel ambivalente. Los propósitos pueden ser motivadores, pero también se convierten en una fuente de frustración si no los planteamos bien. El problema no es tener propósitos, sino convertirlos en obligaciones rígidas que no tienen en cuenta cómo estamos realmente.

¿Cuál es el error más común al plantearlos?
Querer cambiar demasiadas cosas a la vez y hacerlo desde el “tengo que”. “Tengo que adelgazar”, “tengo que ahorrar”, “tengo que ser más productivo”. Ese lenguaje ya genera tensión. Además, solemos plantearlos de forma muy abstracta, sin procesos intermedios, lo que hace que abandonemos rápido.
¿Cómo deberían plantearse, entonces?
Desde la realidad y la amabilidad. Preguntarnos: ¿qué necesito ahora?, ¿qué es sostenible para mí?, ¿qué pequeño cambio tendría un impacto real en mi bienestar? A veces el mejor propósito no es hacer más, sino exigirse menos.
No tener propósitos no significa estar perdido. A veces significa que estás escuchándote
¿Es válido no tener ningún propósito en enero?
Totalmente válido. No tener propósitos no significa estar perdido. A veces significa que estás escuchándote. Vivimos con la idea de que siempre hay que avanzar, pero también hay momentos para sostenerse y recuperarse.
¿Qué le diría a alguien que empieza el año con sensación de fracaso?
Que no va tarde. Que la vida no empieza el 1 de enero. Que sentirse cansado no es un defecto, es una señal. Y que el valor personal no depende de la productividad ni del cumplimiento de objetivos. Empezar el año cuidándose ya es, en sí mismo, un buen comienzo.
¿Puede enero ser una oportunidad, pese a todo?
Sí, si dejamos de verlo como una carrera. Enero puede ser un mes para observar cómo estamos, revisar expectativas y ajustar el rumbo con calma. No es el mes del éxito, es el mes del ajuste. Y eso también es salud mental.