Mireia Velasco, nutricionista: “El picoteo constante es una señal de que algo no está bien ajustado; estrés sostenido, emociones no atendidas o microbiota alterada”
Sentirnos bien
La inflamación es algo con lo que muchas personas conviven. La nutricionista Mireia Velasco desvela cómo ciertos hábitos la aumentan incluso más

Mireia Velasco, nutricionista

“El constante picoteo es uno de los mayores errores en cuanto a inflación”, así lo afirma Mireia Velasco, nutricionista integrativa y psiconeuroinmunóloga. La autora de La inflamación no es cuestión y Acaba con el SIBO, explica en esta conversación con Guyana Guardian cuáles son los hábitos que más fomentan sentirnos inflamadas a diario.
Hábitos
Sentirnos inflamadas
¿Cuál es el error alimentario más común que provoca inflamación crónica y que la mayoría de las personas normaliza en su día a día?
Uno de los errores más habituales es el picoteo constante, sobre todo de alimentos ultraprocesados. No hablamos solo de “comer entre horas”, sino de una ingesta casi continua de productos que combinan azúcares, harinas refinadas, grasas de mala calidad y aditivos diseñados para generar más deseo de seguir comiendo. En muchos casos, este picoteo no responde a hambre real, sino a un círculo vicioso: picos de azúcar que generan bajadas rápidas de energía, antojos, cansancio mental o una necesidad emocional de recompensa o alivio. Comemos para calmar estrés, aburrimiento, ansiedad o agotamiento, sin ser plenamente conscientes de ello.

Claro...
A esto se suma la polarización de la alimentación, es decir, pensar que los alimentos son “buenos o malos”, seguir al pie de la letra tendencias de real fooding o demonizar ciertos productos genera una relación con la comida más rígida y conflictiva. Cuando vemos la comida así, el cuerpo recibe señales de alerta y la alimentación deja de ser un acto de cuidado, convirtiéndose en fuente de estrés y, paradójicamente, de inflamación.
Los ultraprocesados son un problema
Claro, además los consumimos pensando que son saludables por el marketing (etiquetas “fit”, “bio”, “natural” o “sin azúcar”) genera una falsa sensación de seguridad. Aunque el mensaje parezca sano, el contenido muchas veces no lo es, y el cuerpo lo interpreta como un estímulo constante, manteniendo un estado inflamatorio de bajo grado.
¿Cómo influyen los horarios de comida, el picoteo constante o el ayuno mal planteado en los procesos inflamatorios del cuerpo?
Los horarios de comida tienen un papel fundamental y a menudo infravalorado. Nuestro cuerpo funciona siguiendo ritmos biológicos muy precisos, y cuando comemos de forma desordenada o muy tarde, interferimos con procesos hormonales clave relacionados con la digestión, el descanso y la regulación inflamatoria.
El picoteo constante, además de mantener elevados los niveles de insulina durante todo el día, suele ser una señal de que algo no está bien ajustado. Detrás de esa necesidad continua de comer puede haber varias causas: comidas principales poco saciantes o mal estructuradas, desequilibrios nutricionales, estrés sostenido, emociones no atendidas o una microbiota alterada. Una disbiosis intestinal puede aumentar los antojos, empeorar la regulación del apetito y favorecer un estado inflamatorio de bajo grado.
¿Y sobre el ayuno?
Es importante matizar. A nivel terapéutico puede tener muchos beneficios, pero no es una herramienta universal ni obligatoria. No todo el mundo necesita realizar ayunos largos, y no es necesario ayunar 18 o 20 horas para obtener efectos positivos. Mal planteado o hecho desde la exigencia, el ayuno puede convertirse en una fuente más de estrés para el organismo y, paradójicamente, aumentar la inflamación.

¿Qué alimentos o productos “saludables” pueden estar inflamándonos sin que lo sepamos?
Además de los ultraprocesados disfrazados de saludables, hay productos que socialmente consideramos buenos pero que no siempre sientan bien a todo el mundo, sobre todo cuando hablamos de uso continuado. Bebidas vegetales azucaradas, yogures con edulcorantes, panes supuestamente integrales, barritas energéticas o snacks proteicos son ejemplos claros de cómo el packaging y el marketing pueden confundirnos.
También hay alimentos saludables en términos generales (como ciertos cereales, lácteos…) pero que, cuando existe un sistema digestivo alterado, sensibilidades o intolerancias, pueden no ayudar a que la base inflamatoria mejore e incluso mantenerla activa. Comer sano no es seguir una lista universal, sino entender cómo responde tu cuerpo a lo que comes.
¿Hasta qué punto el estrés, el sueño y el estilo de vida pueden inflamar más que la propia alimentación?
Muchísimo, de hecho, en muchos casos inflaman más que la dieta. El estrés crónico mantiene activado al sistema nervioso simpático, eleva el cortisol y altera tanto la digestión como la microbiota intestinal. Dormir mal impide que el cuerpo realice sus procesos de reparación y regulación inmunitaria, entre otros.
La inflamación no es solo una respuesta a lo que comemos, sino a cómo vivimos
La inflamación no es solo una respuesta a lo que comemos, sino a cómo vivimos. El cuerpo interpreta el estrés sostenido, la falta de descanso y la desconexión como una amenaza constante, y responde manteniéndose en un estado inflamatorio de bajo grado. Todo está profundamente conectado: cuando empiezas a cuidar uno de estos pilares, los demás tienden a mejorar también. Por eso, pequeños cambios diarios (sostenidos en el tiempo) pueden generar un efecto en cadena muy potente sobre la salud y la inflamación, incluso sin tocar la dieta de forma estricta.
