Cristina Giner, yogui: “Los humanos deberíamos hacer como los gatos y los perros al despertar: desperezarnos y abrir el cuerpo para empezar bien el día”
Bienestar
Giner reflexiona sobre la escucha del cuerpo, la conciencia en la rutina cotidiana y cómo se puede practicar yoga en la rutina sin necesidad de acudir a una clase

Cristina Giner, yogui

Encontrar un momento de paz y escucha para nuestro cuerpo parece casi algo imposible en el mundo ajetreado en que vivimos. Horarios laborales imposibles, el cuidado de la familia y las obligaciones hacen que nos despreocupemos del cuidado personal
Cristina Giner, periodista y traductora, cuenta a Guyana Guardian como el yoga llegó a su vida de forma orgánica. “Desde pequeña estudiaba danza y siempre he tenido una conexión muy fuerte con el cuerpo, la salud y el bienestar”, explica. Esa curiosidad la llevó, con el tiempo, a formarse como profesora de yoga, no como un cambio de rumbo profesional, sino como una manera de profundizar en esa relación con el cuerpo que siempre la había acompañado.
Recientemente, Giner ha publicado Tú también eres yogui (LAROUSSE), un libro que propone integrar el yoga más allá de la esterilla y llevarlo a los pequeños gestos del día a día. En esta entrevista reflexiona sobre la escucha del cuerpo, la conciencia en la rutina cotidiana y cómo se puede practicar yoga en la vida real, incluso cuando no hay tiempo ni calma aparente.

¿Qué le dirías a alguien que dice que no tiene tiempo ni dinero para hacer yoga?
La clave está en incorporar al día a día lo que aprendes en una clase. Muchas veces vas a yoga, haces tu hora de práctica y sales pensando: ya está, ya he cumplido. Pero luego vuelves al mundo real y sigues con un montón de hábitos poco saludables, incluso a nivel postural: vas torcido, mirando el móvil con el cuello mal colocado. Entonces, esa hora de yoga pierde parte de su sentido si, en el día a día, no hay un mínimo de conciencia corporal.
A alguien que dice que no tiene ni tiempo ni dinero para hacer yoga le diría que empiece a tomar conciencia de su cuerpo
A alguien que dice que no tiene ni tiempo ni dinero para hacer yoga le diría precisamente eso: que empiece a tomar conciencia de su cuerpo. Ese es, en realidad, el objetivo último del libro: aprender a escucharse. Preguntarse cómo se siente en cada momento. No tanto qué hace, sino cómo lo hace: cómo respira, cómo come, si está presente o no. Algo tan simple como prestar atención a si comes delante del móvil o del ordenador y decidir que, aunque solo sean diez minutos, vas a estar presente en lo que estás haciendo, ya es un gran paso. Sé que no es fácil, sobre todo al principio, pero creo que este manual puede ser una buena manera de empezar.

Dices que es muy importante la forma en la que nos despertamos, ¿por qué?
La forma en la que nos despertamos influye mucho en cómo afrontamos el resto del día. Algo tan simple como poner el despertador diez minutos antes y darte tiempo para desperezarte, desayunar o tomarte un café puede cambiar completamente el inicio de la jornada. Después de muchas horas dormidos, el cuerpo necesita activarse poco a poco; desperezarte ayuda a despertar el cuerpo y la mente de una forma mucho más amable que levantarte corriendo y mirando el móvil. Es, en definitiva, levantarte abriendo el cuerpo y no el móvil.
Poner el despertador diez minutos antes y darte tiempo para desperezarte, desayunar o tomarte un café puede cambiar completamente tu día
Para empezar el día con calma, sin cambiar la rutina, basta con algo tan básico como desperezarse en la cama: estirar brazos y piernas, alargar el cuerpo. También propongo Urdha Hastasana, una postura muy accesible y la primera del saludo al sol. Siempre digo lo mismo: los animales —un perro, un gato— cuando se levantan, lo primero que hacen es desperezarse. Nosotros deberíamos hacer lo mismo: tomarnos un momento para abrir el pecho, estirar el cuerpo y empezar el día tomando conciencia de cómo estamos.
¿Cómo podemos practicar yoga en la oficina?
Practicar yoga en la oficina tiene mucho que ver con tomar conciencia del sedentarismo, que es uno de los grandes problemas actuales. Pasamos muchísimas horas sentados: en el transporte, en la oficina, de vuelta a casa, y eso tiene riesgos claros para la salud. Por eso es importante romper esa inercia con pequeños gestos a lo largo del día.
La respiración es fundamental. Incluso en el trabajo, poder cerrar los ojos un momento y respirar conscientemente ayuda a parar y a regularse
Se trata de introducir movimientos sencillos: mover el cuello y los hombros, hacer rotaciones suaves, levantarte de vez en cuando. Propongo cosas muy fáciles de integrar, como aprovechar cuando vas a por un café para hacer un pequeño equilibrio, revisar tu postura o simplemente doblar y estirar las piernas en la silla. También sugiero adaptar posturas como el guerrero utilizando una silla de oficina, aunque algún compañero te mire raro. Al final, lo importante es volver al cuerpo y romper el sedentarismo.
Y no todo son posturas: la respiración es fundamental. Incluso en el trabajo, poder cerrar los ojos un momento y respirar conscientemente ayuda a parar y a regularse.

¿Qué señales nos da el cuerpo que nos indican que necesitamos parar?
El cuerpo nos envía señales continuamente, pero muchas veces las pasamos por alto. Por eso es importante parar un momento y decir: tengo un cuerpo y necesito hacerle caso. A menudo avisa a través de tensiones o contracturas. Estás en una postura que no te va bien y sigues ahí durante una hora. Escucharte también significa darte permiso para moverte, recolocarte y buscar una posición más cómoda para estar mejor.
¿Tiene relación el yoga con la forma en que comemos?
Muchísima. El yoga habla de comer con moderación y con conciencia: no atiborrarse y aprender a reconocer cuándo tienes hambre y cuándo estás saciado. Mi mensaje no es decirle a nadie qué debe comer, sino invitar a observar qué le sienta bien y qué no. Muchas veces comemos por inercia, sin preguntarnos cómo nos hace sentir.
¿Cómo ha cambiado tu día a día al integrar el yoga fuera de la esterilla?
Muchísimo. Me ha ayudado a salir del piloto automático y a tener un recurso al que volver en cualquier momento. El cuerpo se convierte en un refugio. Saber que puedes guardar el móvil, respirar o hacer una postura sencilla mientras esperas el metro te da mucha estabilidad y sensación de poder. Son cosas pequeñas, pero transformadoras.

