Luis Muiño, experto en el ámbito de la psicoterapia: “Trata de tener un introvertido en tu grupo, porque es el que se va a salir de ese acuerdo social que a veces mata a los grupos”
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Un especialista detalla los motivos por los que integrar a individuos introvertidos resulta sumamente provechoso.

Luís Muiño en un momento del podcast

Diversos individuos, sobre todo las introvertidas, requieren un periodo inicial de análisis antes de actuar. Distante de ser inactivo, dicho procedimiento obedece a una manera diferente de interactuar con el medio. Mirar con atención, evaluar el panorama y entender el funcionamiento colectivo facilita una integración más lúcida y adaptada a las circunstancias. En una sociedad que acostumbra valorar la celeridad y la respuesta instantánea, este comportamiento meditativo suele ignorarse, aunque brinde examen crítico, solidez y una interpretación más exacta de la realidad.
Luis Muiño se desempeña como psicólogo, terapeuta, comunicador y autor de origen español, destacado principalmente por su trabajo en el ámbito de la salud mental y la psicología práctica, presente en diversos medios informativos y obras literarias. Durante una participación actual en el programa 'Entiende tu mente', en compañía de Molo Cebrián y Esther Pérez, han analizado los procesos mentales de aquellos individuos que experimentan el sentimiento constante de no encajar en su entorno.

Me parece que cada introvertido ha regresado a su hogar tras celebraciones en las cuales todo resultó ser un completo desastre.
Esta clase de individuos acostumbran percibir que no encajan en un colectivo, siendo conscientes asimismo de que no podrán integrarse: “Es como si los demás supieran algo que nosotros no sabemos”, comienza señalando. El especialista considera que se relaciona con un rasgo del carácter, concretamente la introversión: “Los introvertidos somos muy selectivos a la hora de relacionarnos. Creo que llevamos muy bien el tú a tú, porque encontramos formas de conectar con el otro en profundidad. Incluso en una conversación trivial estamos buscando un grupo de música o una película de culto con el que conectar. Se trata de una forma real de encontrar una especie de comunión de almas. Eso en los grupos no ocurre nunca”, detalla. Las agrupaciones mantienen una interacción distinta, más habitual, donde las temáticas tratadas carecen de ese nivel de complejidad.
Quienes poseen una naturaleza introvertida suelen creer que carecen de la rapidez mental para soltar la broma que agilice un diálogo. Ese malestar puede derivar en una sensación de agobio y tensión: “Naufragas en un mar de pensamientos y culpabilización. Creo que todos los introvertidos hemos vuelto a casa después de fiestas en las que todo ha salido de manera desastrosa”, explica. Aprender a validar los propios sentimientos, evitar los juicios internos severos y apreciar la forma personal de habitar los espacios compartidos permite transformar la introspección en una cualidad valiosa.

Especialistas como Luis opinan que la recomendación ideal para alguien introvertido es aceptar su propia naturaleza: “Tardamos más en entrar en la conversación. Nuestro ritmo es mucho más lento porque vamos buscando una comunión de almas y hasta que no la logramos no estamos a gusto. No te fuerces a seguir el ritmo del otro y trata de seguir tu propio ritmo. No valores tanto lo que has dicho, valora cuánta gente has escuchado, porque eso funciona bastante bien a la hora de saber lo que has aportado al grupo”, sostiene. En ocasiones, priorizar la escucha sobre el habla constituye el método más eficaz para lograr influencia y entendimiento.
Un avance significativo consiste en identificar los puntos fuertes de ser introvertido. Luis opina que en contextos tales como juntas corporativas, disponer de un integrante introvertido resulta sumamente provechoso para la meta colectiva: “Trata de tener un introvertido en tu grupo, porque es el que se va a salir de ese acuerdo social que a veces mata a los grupos. Algunas reuniones suelen ser un desastre porque nadie es crítico. Los introvertidos, precisamente porque no tenemos pertenencia, somos los únicos capaces de decir en un momento dado que nos estamos estrellando”, aclara. El análisis reflexivo, el seguimiento detallado y la facultad de discrepar con valentía constituyen recursos vitales para todo grupo que busque operar de forma sana y eficiente.
Una pieza clave de la respuesta reside en admitir nuestra propia naturaleza: “¿Qué ocurriría si aceptáramos que somos introvertidos, que los grupos no son nuestro mejor lugar, que no es donde damos, vamos a llamarle la mejor versión de nosotros mismos y que tampoco pasa nada? Ya está”, concluye al final. Identificar nuestra tendencia introvertida y valorar nuestras fronteras personales nos ayuda a proteger nuestra vitalidad, fortalecer aquello que verdaderamente nos distingue y soltar la carga de intentar mostrar siempre una imagen perfecta ante el resto. Al asumir esta realidad, hallamos que es posible aportar y vincularnos de maneras más genuinas y plenas.
