Alejandro Martínez, podólogo infantil: “Los niños que usan un calzado tradicional tendrán el pie más débil”
Salud infantil
La mayor preocupación de unos padres es el bienestar de sus hijos, pero muchos pasan por alto la importancia del tipo de calzado que llevan a diario

Alejandro Martínez, podólogo infantil, destaca los problemas que conlleva usar calzado tradicional.

Mejores zapatos para los primeros pasos y qué calzado usar cuando empieza a caminar son dos de las consultas más repetidas en Google sobre calzado infantil. Detrás de estas búsquedas se esconde una preocupación común entre las familias: que los niños caminen cómodos y sin molestias. Por ello, cuando un bebé empieza a dar sus primeros pasos, empieza la búsqueda de un calzado que le proteja de cualquier daño. Pero no siempre la opción más común es la más adecuada.
“Si al quitarle el zapato a un niño vemos rozaduras o rojeces, podemos sospechar que el pie no entra bien, ya sea porque es una talla pequeña o porque el zapato no tiene forma de pie”, explica Alejandro Martínez, podólogo infantil, en una conversación con Guyana Guardian. Así, el especialista defiende que el mejor calzado es el tipo barefoot, que significa “descalzo”. Se trata de la opción más respetuosa tanto para los más pequeños como para adultos, a diferencia del calzado tradicional que, como resume el experto, puede “atontar” el pie.

¿Cuál es el mejor calzado cuando un niño empieza a caminar?
Antes de caminar, lo recomendable es no poner ningún tipo de zapato. Incluso hasta los 9 meses, los bebés llegan a tener el doble de sensibilidad en la planta de los pies que en la palma de las manos. Descubren el mundo a través de los pies. Si les calzamos, es como ponerles manoplas: pierden sensibilidad.
En los primeros pasos —que se consideran los primeros seis meses desde que empiezan a dar unos diez pasos por ellos mismos— me gustan mucho los zapatos que son un híbrido entre calcetín y zapato, con suelas muy finitas, cercanas a un milímetro. Son bebés que pesan poco y con una capita para protegerles de posibles arañazos en el parque es suficiente, y así perciben el máximo de estímulos a través de la planta del pie. A partir de esos seis meses ya hablamos de un calzado más “típico”, quizá con una suela un poco más gruesa, de unos 3,8 milímetros. Yo recomiendo el calzado barefoot.
¿Qué es exactamente el calzado barefoot?
Barefoot significa descalzo. Son zapatos cuyas características buscan parecerse lo máximo posible a caminar descalzo, pero protegiendo el pie. El niño no tiene capacidad para decir qué siente o explicar qué le pasa en los pies, pero sí da señales.
¿Qué señales indican que un zapato no es adecuado?
En consulta, lo que más suelo escuchar es que los niños se quitan los zapatos. Entiendo que cuando se los quitan es porque no están cómodos. Luego, los adultos, podemos quitar el zapato y ver rozaduras o rojeces y así podemos sospechar que el pie no entra bien, ya sea porque es una talla pequeña o porque el zapato no tiene forma de pie, con punteras estrechas, y eso genera esas rojeces.
¿Es correcto medir el zapato apretando la punta?
Es un error. No es preciso, no sabes dónde termina realmente el zapato y el niño puede estar encogiendo los dedos. Lo recomendable es usar la plantilla extraíble o, si compras online, dibujar el pie en el suelo, medirlo de talón al dedo más largo, sumar un centímetro y acudir a la guía de tallas. Siempre de pie, porque el pie se expande ligeramente.
El calzado tradicional suele terminar en pico, apelotona los dedos y desvía el primer dedo, que es clave para el despegue al caminar
¿Por qué el calzado tradicional puede generar problemas?
Por la forma. Suele terminar en pico, apelotona los dedos y desvía el primer dedo, que es clave para el despegue al caminar. Eso genera descompensaciones musculares y mayor predisposición a patologías como juanetes o dedos en garra. Además, las suelas acolchadas hacen que el mecanismo de amortiguación natural del pie trabaje menos y se delegue en el zapato.
Si un niño ha llevado calzado poco adecuado, ¿se puede compensar con el tiempo?
A partir de los siete, ocho o nueve años, el patrón de la marcha ya es más parecido al de un adulto. Ahí puede entrar el concepto de transición. Aunque yo soy partidario de usar calzado respetuoso sin necesidad de transición.
¿Qué significa hacer una transición al calzado respetuoso?
Cuando entramos en edades más cercanas a los siete, ocho o nueve años, un calzado con suelas acolchadas, blanditas, o un calzado encapsulado, hace que el pie no trabaje y estamos derivando parte de ese trabajo a otras estructuras, como pueden ser gemelos y demás, o en el propio zapato.
Al pasar al barefoot, el pie demanda más esfuerzo; la musculatura del pie tiene que trabajar más. Si el cambio es brusco, podemos ser más susceptibles a patologías como la fascitis plantar. Por eso recomendamos transición: ejercicios de fuerza, flexibilidad y uso progresivo.

¿La estética sigue siendo una barrera para este tipo de calzado?
Sí. En los niños suele ser más fácil aceptarlo, pero en adultos la estética es uno de los principales puntos de rechazo. Por eso intentamos jugar con las líneas, hacer un zapato más estilizado. Nuestro objetivo es que sea respetuoso, pero también estético, que se pueda llevar con estilo.
A nivel personal, ¿qué notó al empezar a usar este tipo de calzado?
Al principio noté más carga en el pie y el tobillo porque no estaba acostumbrado. Fue además en la pospandemia, cuando me movía menos. Con el tiempo, noto un pie mucho más fuerte y estable. Al final es llevar el trabajo que tiene que hacer el pie al propio pie, no delegarlo en un zapato que lo “atonta”.
¿Alguien que ha usado calzado respetuoso durante años puede evitar problemas en el futuro?
No te exime de padecer patologías. Usar calzado respetuoso no te garantiza nada, igual que usar calzado tradicional no asegura que vayas a tener problemas. Pero un pie más débil, encapsulado, tiene más papeletas de enfermar, porque el calzado tradicional hace que el pie esté como atrapado en una cápsula.