Laia Sabaté, psicóloga: “Las personas con un estilo de apego ansioso o inseguro tienen una mayor predisposición a sobrepensar”
Psicología
Sabaté aborda algunas de las claves del sobrepensamiento y explica por qué este hábito mental se ha convertido en uno de los grandes desafíos emocionales de nuestro tiempo

Laia Sabaté, psicóloga

La psicóloga Laia Sabaté, experta en relaciones de pareja, autoestima y ansiedad, lleva años observando en consulta un patrón que se repite con independencia del motivo de visita: la mayoría de sus pacientes tiende a sobrepensar, quedan atrapados en bucles mentales que afectan su bienestar emocional, sus relaciones y su seguridad personal.
Tras investigar este fenómeno, decidió plasmar sus hallazgos en su nuevo libro Cómo dejar de dar vueltas a todo (Bruguera). En él, Sabaté invita a reflexionar sobre el origen de esta tendencia y propone reconciliarse con el overthinking, porque bien gestionado, lejos de ser una debilidad, puede convertirse en una herramienta útil en la vida cotidiana y en la toma de decisiones. En conversación con Guyana Guardian, Sabaté aborda algunas de las claves del sobrepensamiento y explica por qué este hábito mental se ha convertido en uno de los grandes desafíos emocionales de nuestro tiempo.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando entramos en un bucle de pensamientos?
Suelo explicarlo con una metáfora sencilla: es como si en nuestro cerebro abriéramos una pequeña puerta secreta. Nuestra mente almacena muchísimos recuerdos, creencias e imágenes. Cuando aparece un pensamiento inicial —por ejemplo, “no sé si quiero a mi pareja”—, esa puerta se abre y el cerebro comienza a sacar todo lo relacionado con esa idea. A partir de ahí empiezan a aparecer recuerdos, comparaciones, escenas del pasado, creencias culturales o incluso frases escuchadas en una película. Es lo que llamamos el “pensamiento liana”: comenzamos con una idea y saltamos a otra y a otra, enlazando recuerdos y emociones sin darnos cuenta. En ese momento dejamos de estar presentes. Ya no estamos en el aquí y el ahora, sino en el mundo de las ideas, anticipando escenarios o revisando el pasado.
¿Hay rasgos de personalidad que tiendan a sobrepensar más?
Sí, aunque más que hablar de un perfil concreto, hablaría de ciertas tendencias. Por ejemplo, las personas con un estilo de apego ansioso o inseguro pueden tener mayor predisposición, así como quienes presentan un apego evitativo. También pueden desarrollarla quienes han crecido en entornos donde era necesario estar en constante alerta o controlando lo que ocurría a su alrededor. Del mismo modo, las personas introvertidas, sensibles u observadoras, por su forma profunda de procesar la información, pueden tender a pensar más de lo habitual. Sin embargo, más que el rasgo de personalidad, lo determinante suele ser la relación que cada persona tiene con la seguridad. Cuando nos sentimos seguras en nosotras mismas y en nuestro entorno, tendemos a sobrepensar menos.
Cuando nos sentimos seguras en nosotras mismas y en nuestro entorno, tendemos a sobrepensar menos
¿Cómo podemos dejar de vivir atrapados en la preocupación constante por todo lo que sucede a nuestro alrededor?
Hay muchos factores, pero dos son clave. El primero es la regulación emocional: identificar qué sentimos realmente. En lugar de quedarnos atrapados en pensamientos sobre lo que podría pasar, podemos preguntarnos: ¿qué emoción hay detrás? ¿Siento miedo, vergüenza, rabia? El segundo es el anclaje al presente. Preguntarnos: ¿qué está ocurriendo aquí y ahora?, ¿qué está en mi alcance hoy? Estar en el presente es uno de los grandes antídotos contra el overthinking, aunque no siempre resulte fácil.
¿Hay alguna práctica que nos ayude a conectar con el presente?
Hay prácticas físicas como anclar los pies al suelo o nombrar cinco cosas que vemos, cuatro que tocamos y tres que oímos. Son técnicas de mindfulness que nos devuelven al presente. También ayuda escribir lo que nos preocupa y preguntarnos qué podemos hacer al respecto. Un ejercicio muy útil es dedicar cinco minutos por la mañana y cinco por la noche a preguntarnos qué sentimos y qué necesitamos. Cuando el cuerpo se regula, la mente también se calma.

¿Qué relación existe entre el overthinking y la procrastinación?
Hay una relación directa. El overthinking bloquea la acción. Cuando estamos atrapados en lo que podría pasar o en lo que ya ocurrió, nuestra sensación de capacidad disminuye. Podemos quedar congelados. Cuanto más pensamos, más difícil resulta actuar. Esto es frecuente en personas perfeccionistas: analizan tanto que terminan paralizadas.
¿Qué impacto tiene el overthinking en las relaciones personales y de pareja?
Tiene un impacto enorme. Hoy vemos que muchas demandas en las relaciones están atravesadas por el sobrepensar. Desde el lado ansioso aparece la preocupación constante: qué piensa el otro, si me quiere, si está por mí. Desde el lado evitativo surge la sensación de que la relación nunca es suficiente o que podría haber alguien mejor. Esta inseguridad y el miedo a que las relaciones no funcionen nos conducen directamente al overthinking.
El 'overthinking' también está presente en los hombres, pero en las mujeres suele ser más frecuente por factores culturales y sociales
¿Observas diferencias entre hombres y mujeres?
El overthinking también está presente en los hombres, pero en las mujeres suele ser más frecuente por factores culturales y sociales. La educación orientada al cuidado de los demás, la presión por estar a la altura en el ámbito laboral, la carga mental doméstica y de cuidados, y la necesidad de control sobre múltiples áreas de la vida contribuyen a que las mujeres sobrepiensen más. Aunque hemos avanzado, la carga mental sigue siendo desigual.
Es importante bajar el ritmo al final del día: reducir estímulos, evitar pantallas y permitir que el sistema nervioso se regule antes de dormir
¿Existe alguna parte positiva en pensar demasiado?
Sí, sin duda. Pensar mucho no es un problema en sí mismo. Si sabemos regularlo, puede ayudarnos a tomar decisiones, tener claridad sobre nuestras necesidades y planificar objetivos. No se trata de pensar menos, sino de pensar con más claridad. El problema aparece cuando el pensamiento se vuelve incontrolable y nos arrastra.
¿Cómo afecta el overthinking al sueño y al descanso?
Muchísimo. El overthinking suele estar relacionado con la hiperactivación del sistema nervioso. Para dormir necesitamos que tanto la mente como el cuerpo se relajen. A veces el cuerpo está cansado, pero la mente sigue activa. Al acostarnos en silencio, sin estímulos, el cerebro continúa en alerta. Por eso es importante bajar el ritmo al final del día: reducir estímulos, evitar pantallas y permitir que el sistema nervioso se regule antes de dormir.
Para terminar, trabajas también en redes sociales. ¿Cómo influyen en el overthinking?
Las redes nos exponen constantemente a comparaciones y a la sensación de que los demás tienen vidas mejores. Nos desconectan del presente y nos conectan con lo que “deberíamos” estar haciendo. También alimentan la idea de vidas perfectas que generan inseguridad. Y el overthinking vive precisamente de la inseguridad. Las redes sociales se convierten en un escaparate que activa comparaciones y dudas constantes.


