Bienestar

Rafa Guerrero, experto en psicoterapia: “El adulto enfadado con el mundo muchas veces fue un niño que nadie vio”

Trauma

En una entrevista para Guyana Guardian, el psicólogo clínico invita a revisar aquellas heridas invisibles que muchos arrastran sin saber que tienen nombre

Según el especialista en apego y desarrollo cerebral, “no todo trauma es una catástrofe”: a veces es crecer sin sentirse visto, protegido o validado

Según el especialista en apego y desarrollo cerebral, “no todo trauma es una catástrofe”: a veces es crecer sin sentirse visto, protegido o validado

Cedida

Hay adultos que viven permanentemente a la defensiva. Se irritan con facilidad, desconfían casi por sistema y sienten, aunque no siempre lo digan, que nunca son suficientes. Han construido una vida aparentemente estable (trabajo, pareja, hijos) pero arrastran una tensión que no saben explicar. “Yo soy así”, suelen decir. Como si fuera carácter. Como si no hubiera una historia detrás.

Para el psicólogo clínico y divulgador Rafa Guerrero, una de las voces más reconocidas en España en desarrollo cerebral, apego y trauma, muchas veces no es carácter: es herida. En una entrevista para Guyana Guardian, el especialista (doctor en Educación, director de Darwin Psicólogos y autor de más de una veintena de libros) sostiene que existe una forma de sufrimiento mucho más frecuente de lo que imaginamos y, al mismo tiempo, mucho menos reconocida.

“El trauma no siempre tiene forma de catástrofe”, advierte. A veces no hay un gran acontecimiento que señalar. A veces fue simplemente el día a día: “Comentarios repetidos, silencios prolongados, humillaciones normalizadas”, concreta; experiencias que no siempre se recuerdan como traumáticas… pero que siguen operando décadas después.

La realidad es que hay mucho más trauma del que creemos

Rafa Guerrero

Psicólogo clínico

Cuando hablamos de trauma, ¿qué estamos señalando realmente?

Muchas personas piensan que trauma es un hecho brutal, que deja secuelas inmediatas y visibles. Pero la realidad es que hay mucho más trauma del que creemos. No siempre es un accidente, un abuso o un evento catastrófico. A veces el trauma se construye poco a poco, con la repetición de experiencias dolorosas o la falta de cuidado.

“A veces el trauma se construye poco a poco, con la repetición de experiencias dolorosas o la falta de cuidado”
“A veces el trauma se construye poco a poco, con la repetición de experiencias dolorosas o la falta de cuidado”Cedida

¿Existe diferencia entre un trauma evidente y otro que no lo es tanto?

Sí, hablamos de trauma simple y trauma complejo. El primero es puntual y, si hay apoyo, puede repararse con relativa facilidad. El trauma complejo es más silencioso: surge de situaciones repetidas, como sentirse ignorado, humillado o desvalorizado constantemente. Ese deja cicatrices profundas que afectan cómo nos vemos a nosotros mismos y al mundo.

Por otro lado, muchas veces los adultos minimizan lo que vivieron de niños. ¿Qué nos dice eso sobre el trauma?

Esa forma de hablar refleja algo muy frecuente: se confunde resiliencia con herida. Sobrevivir no significa que no haya habido trauma. Muchos adultos que piensan ‘a mí me pegaban y aquí estoy’ siguen arrastrando miedo, rabia o desconfianza, aunque hayan aprendido a ‘funcionar’ en la vida cotidiana. La herida permanece, incluso si no siempre es evidente para ellos mismos o para los demás.

Lo cotidiano que nadie ve, sin acompañamiento, puede moldear nuestra percepción de nosotros mismos para siempre

Rafa Guerrero

Psicoterapeuta

¿Puede ser más dañino un maltrato cotidiano que un hecho puntual grave?

Sí. Imagina crecer escuchando ‘eres tonto’ cada día o viendo cómo tus emociones se minimizan. Eso deja huella. Un hecho grave puntual puede doler mucho, pero si fue acompañado y reparado, no siempre deja secuelas crónicas. Lo cotidiano que nadie ve, sin acompañamiento, puede moldear nuestra percepción de nosotros mismos para siempre.

¿Qué tipo de experiencias cotidianas generan este tipo de trauma?

Humillaciones constantes, desvalorización normalizada, comparaciones permanentes… incluso silencios prolongados o falta de reconocimiento. Es el día a día que enseña a los niños que no son suficientes o que sus emociones no importan.

“Imagina crecer escuchando ‘eres tonto’ cada día o viendo cómo tus emociones se minimizan. Eso deja huella”
“Imagina crecer escuchando ‘eres tonto’ cada día o viendo cómo tus emociones se minimizan. Eso deja huella”Cedida

¿Por qué es tan difícil identificarlo en la adultez?

Porque muchas personas lo normalizaron desde pequeños. Creen que ‘así son las familias’, ‘así es la vida’. No saben que esas experiencias pueden operar décadas después, condicionando relaciones, emociones y decisiones.

El adulto enfadado con el mundo muchas veces fue un niño que nadie vio

Rafa Guerrero

Psicólogo experto en apego y desarrollo cerebral

¿Cómo se manifiesta ese trauma no reconocido en la vida adulta?

Se traduce en rabia crónica, ansiedad, baja autoestima y dificultad para vincularse. Muchos adultos viven a la defensiva, esperando decepción o rechazo, y ni siquiera comprenden por qué reaccionan así. Por eso digo que el adulto enfadado con el mundo muchas veces fue un niño que nadie vio: detrás de esa ira hay una historia de necesidades invisibles y heridas que nunca se atendieron.

¿Puede afectar a la forma de relacionarse con los hijos o con la pareja?

Sí, a veces se reproduce el patrón aprendido o se tiene miedo a repetirlo. Puede aparecer sobreprotección, distanciamiento o irritabilidad constante. Sin conciencia, se trasladan las heridas a nuevas generaciones.

“Sin conciencia, se trasladan las heridas a nuevas generaciones”
“Sin conciencia, se trasladan las heridas a nuevas generaciones”Getty Images/iStockphoto

¿Existen otros mecanismos de escape que la gente usa sin darse cuenta?

Algunos buscan consuelo en adicciones, trabajo excesivo, control absoluto… son intentos de manejar emociones que nunca fueron atendidas.

¿Se puede sanar?

¿Es posible superar esas heridas de la infancia?

Sí, pero no se borra, se integra. La cicatriz sigue ahí, pero se puede transformar en experiencia que nos enseñe a protegernos, a conectar y a elegir relaciones que nos nutran. Sanar no significa olvidar, significa vivir con conciencia de lo que nos marcó y aprender a no repetirlo.

Aprender a confiar de nuevo, a aceptar que merecemos cariño, es transformador

Rafa Guerrero

Psicoterapeuta

¿Cuál es la clave para iniciar esa reparación?

Ir a la raíz: reconocer lo que dolió, validar nuestras emociones y buscar vínculos que reparen lo que faltó. Y muy importante: no estamos para comparar traumas. Cada historia duele y cada historia merece atención.

¿Es posible encontrar relaciones en la adultez que reparen lo que faltó?

Sí, aunque nunca reemplaza el pasado, esas relaciones enseñan que hay lugar para ser cuidado, valorado y escuchado. Aprender a confiar de nuevo, a aceptar que merecemos cariño, es transformador. Es la forma de que el niño que nadie vio por fin sienta que existe y es suficiente.

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