“La parte de la casa que más problemas da a los jubilados es la cocina porque tiene elementos que requieren fuerza o estabilidad para usarse con seguridad”: La reforma tras los 70
Jubilación
La arquitecta Florencia Luna ofrece sus mejores consejos para reformar la cocina tras los 70 años. Explica cómo adaptar el espacio para mejorar la seguridad, la comodidad y la autonomía en el hogar

Florencia Luna

A medida que pasan los años, hay partes del hogar que se quedan anticuadas y pueden generar incomodidad para algunas personas. La cocina es una de las áreas que, al igual que el baño, es crítica y puede llegar a presentar problemas para los jubilados. Forma parte de los llamados núcleos húmedos del hogar: “Combina superficies resbaladizas, cambios de nivel y tiene elementos que requieren fuerza o estabilidad para usarse con seguridad”, explica la arquitecta Florencia Luna.
Luna dirige el estudio Arquitectura Mola, enfocado en el diseño creativo y la reforma de espacios pensados desde el uso real, la experiencia cotidiana y las distintas etapas de la vida. “Mi enfoque se centra en escuchar atentamente las necesidades de cada persona para entenderlas y así crear diseños personalizados que reflejen su estilo de vida”, señala.

La arquitecta destaca la importancia de prestar atención a cómo está diseñada la cocina, ya que implica alcanzar objetos en altura, manipular elementos pesados y desplazarse sobre superficies donde puede haber agua o grasa. “Muchas veces no cuentan con apoyos adecuados ni con una iluminación pensada para una visión que ya no es la misma que años atrás”, explica.
Prevención de caídas en la cocina
En primer lugar, es fundamental contar con una buena iluminación general que permita ver todo el espacio, así como luces puntuales en las zonas de trabajo. Además, la experta destaca que una correcta organización del mobiliario ayuda a evitar movimientos innecesarios y reduce el riesgo de tropiezos.
Es importante contar con superficies antideslizantes, como pasa en los baños, y con una iluminación adecuada sobre las áreas de trabajo
Reducir la altura de algunas estanterías o priorizar cajones accesibles, mejora notablemente la comodidad y disminuye el riesgo de caídas. Una de las opciones que propone la arquitecta es sustituir los módulos bajos con puertas por cajones, lo que evita que la persona tenga que agacharse para buscar lo que necesita.
En zonas de circulación, la clave está en una iluminación clara y continua, así como en la eliminación de alfombras sueltas o desniveles innecesarios. “Son intervenciones simples, pero pensadas desde el uso real, que permiten que la casa acompañe el paso del tiempo de una manera más amable y segura”, recuerda.
Ajustes sencillos para una cocina más segura y cómoda
“Siempre que el adulto que vaya a habitar la vivienda conserve la lucidez necesaria para desenvolverse en la cocina, se pueden hacer ajustes sencillos que prioricen la comodidad y reduzcan esfuerzos innecesarios”, explica la experta. La clave, añade, está en mantener los utensilios de uso diario al alcance de la mano, en cajones o estanterías accesibles, para evitar agacharse o alcanzar alturas incómodas.

También es importante contar con superficies antideslizantes, como pasa en los baños, y con una iluminación adecuada sobre las áreas de trabajo, como la encimera y la zona de cocción. Lo ideal es que la cocina tenga ventilación natural y un detector de humo que pueda alertar ante una emergencia, especialmente si funciona con gas.
Elegir electrodomésticos fáciles de usar también contribuye a una experiencia más segura y autónoma. “Desde mi experiencia en reformas, muchas veces reordenar la cocina existente, mejorar la iluminación o ajustar algunas alturas es suficiente para que el espacio acompañe mejor las rutinas diarias, sin necesidad de grandes intervenciones”, afirma Luna.
Errores más comunes en la reforma
Según la arquitecta, uno de los errores más habituales es pensar en soluciones “extremas”, cuando en realidad muchas personas de edad avanzada solo necesitan pequeños ajustes para seguir viviendo con comodidad y autonomía. “Cada caso debe analizarse de manera particular, pero diseñar espacios excesivamente fríos o con un aire hospitalario puede generar rechazo y hacer que el adulto no se sienta como en casa”, advierte.

Otro error frecuente es priorizar la estética por encima del uso real del espacio. A diferencia de una reforma pensada para una persona más joven, que suele buscar modernizar, “en el caso del adulto mayor la reforma se encara desde otros objetivos”, aclara. Por ejemplo, elegir materiales muy lisos por razones estéticas puede resultar peligroso por ser resbaladizos, o incorporar mobiliario vintage respetando un estilo concreto sin tener en cuenta las alturas y alcances necesarios en el día a día.
También es común reformar sin pensar a futuro, atendiendo solo a las necesidades actuales. “Lo más importante es diseñar espacios flexibles, que puedan adaptarse con el tiempo sin necesidad de volver a intervenir en un corto plazo. Una buena reforma es aquella que acompaña el envejecimiento de manera natural”, concluye.


