“La parte de la casa que más problemas da a los jubilados es el baño porque concentra humedad y superficies resbaladizas”: La reforma tras los 70
Arquitectura
Una reforma eficiente es clave para garantizar la seguridad en el hogar, ya que adapta los espacios al uso real y reduce los riesgos cotidianos, especialmente con el paso del tiempo

Flor Luna

Cuando se piensa en reformar el hogar durante la jubilación y es necesario priorizar espacios, el baño suele ser una de las estancias más recomendadas. En muchas viviendas, las zonas que más dificultades presentan para las personas mayores son, en primer lugar, los núcleos húmedos, como el baño o la cocina. Esto se debe a que en estos espacios de uso diario se combinan superficies resbaladizas, cambios de nivel, iluminación deficiente y elementos que requieren fuerza o estabilidad para utilizarse con seguridad.
Desde Guyana Guardian hablamos con Florencia Luna, arquitecta interiorista y profesora de interiorismo. En la actualidad dirige un estudio centrado en el diseño creativo y la reforma de espacios, concebidos desde el uso real, la experiencia cotidiana y las distintas etapas de la vida. “Gran parte de mi trabajo está orientado a proyectar viviendas que acompañen a las personas a lo largo del tiempo, integrando funcionalidad, confort y diseño”, explica. A partir de su experiencia, comparte algunos consejos básicos para quienes estén pensando en realizar una reforma durante la jubilación.
Prevención de caídas: pequeños cambios para evitar sustos en el baño

Al tratarse de espacios que, por lo general, tienen una superficie reducida, no suelen requerir adaptaciones muy complejas para prevenir caídas o accidentes. En los baños es fundamental sustituir los suelos existentes o incorporar superficies antideslizantes, tanto en el pavimento general como en la zona de la ducha.
“Mi recomendación es optar por cerámicas o porcelánicos antideslizantes y, además, añadir barras de apoyo bien ubicadas que acompañen los movimientos naturales del cuerpo”, subraya Luna. Asimismo, la experta aconseja evitar bañeras altas o reemplazarlas por duchas a ras de suelo, que eliminan el esfuerzo y reducen el riesgo al entrar y salir durante el aseo diario.
Soluciones prácticas para mejorar la autonomía sin grandes reformas
El baño es uno de los espacios donde más se puede mejorar la seguridad mediante intervenciones sencillas. Incorporar barras de apoyo estratégicamente situadas, tanto en la ducha como junto al inodoro, aporta estabilidad y confianza en los movimientos de mayor riesgo. Otra solución práctica es instalar suelos con acabado poroso o alfombras antideslizantes, así como sustituir cortinas inestables por mamparas, que ofrecen mayor control visual y físico.
“En la ducha también se puede añadir un asiento abatible o una banqueta resistente, lo que mejora notablemente la autonomía sin necesidad de modificar la estructura del espacio”, destaca. En cuanto a la grifería, Luna recomienda los sistemas monomando, las duchas de mano regulables y una correcta organización de los elementos de uso diario, ya que contribuyen a que el baño sea más cómodo y seguro. “Son ajustes que se pueden incorporar a lo existente y que, si están bien pensados y elegidos, pueden transformar la experiencia cotidiana sin necesidad de una reforma integral”.
Adaptaciones temporales frente a soluciones permanentes
Existen adaptaciones que pueden resolverse de forma temporal y flexible, especialmente cuando las necesidades aún no son permanentes. Por ejemplo, instalar barras de apoyo desmontables, alfombras antideslizantes, luces nocturnas portátiles o reorganizar el mobiliario son intervenciones sencillas que pueden ajustarse según el momento vital de cada persona.

“Sin embargo, hay otros cambios que conviene planificar a largo plazo, sobre todo cuando se piensa en envejecer en la propia vivienda”, señala Luna. Adaptar los baños con duchas a nivel del suelo —descartando las bañeras desde el inicio—, diseñar la iluminación con al menos tres capas de luz por estancia, eliminar desniveles, apostar por viviendas de una sola planta o replantear la distribución de los espacios son decisiones estructurales que aportan seguridad y comodidad de forma sostenida en el tiempo.
El consejo más importante, concluye la experta, es pensar la vivienda desde el uso real y cotidiano, y no solo desde la estética. “Adaptar una casa para envejecer de manera segura no significa renunciar al diseño, sino entender cómo se habita el espacio y cómo ese espacio puede acompañar los cambios del cuerpo y del paso del tiempo”.



