Óscar Guillén, arquitecto: “Tu ciudad afecta en tu relación de pareja; el enamoramiento necesita espacios donde cruzarse y convivir”
Urbanismo
Las ciudades también afectan en la forma en la que nos relacionamos; Carmen Asensi y Óscar Guillén explican el por qué
“Cuando el entorno facilita pasear, respirar y tener momentos tranquilos, es más probable que la relación tenga más momentos buenos”, explican la psicóloga y el arquitecto

Pasan Que Cosas, el proyecto de Carmen Asensi y Óscar Guillén

Las ciudades no solo determinan cómo nos movemos, trabajamos o descansamos. También influyen en cómo nos enamoramos, convivimos o nos desgastamos en pareja. Desde esa idea parte Pasan Que Cosas, el proyecto de Carmen Asensi y Óscar Guillén, una pareja que ha decidido cruzar psicología y arquitectura para reflexionar sobre cómo el diseño urbano moldea la vida cotidiana y los vínculos afectivos.
Ella, psicóloga especializada en relaciones y primera infancia; él, arquitecto reconvertido tras años desencantado con una disciplina cada vez más alejada de las personas. Juntos analizan algo que casi nunca se pone sobre la mesa: hasta qué punto el entorno en el que vivimos condiciona nuestra forma de cuidar (o descuidar) la relación de pareja.
Relación de pareja
Cómo afectan las ciudades
¿Hasta qué punto el diseño de las ciudades condiciona cómo nos enamoramos, convivimos o nos separamos?
C: Nos gusta decirlo así: la ciudad no decide por ti, pero sí te pone el terreno de juego. Si tu día a día está pensado para ir siempre corriendo (trayectos largos, ruido constante, poco espacio para parar) te queda menos margen para cuidarte y cuidar el vínculo. En cambio, cuando el entorno facilita pasear, respirar, encontrarte con gente y tener momentos tranquilos, es más probable que la relación tenga “momentos buenos” casi de forma automática.
O: No es algo nuevo: desde las ciudades griegas, con el ágora como espacio de encuentro, hasta las romanas, la ciudad siempre ha organizado la vida social. La arquitectura nunca ha sido solo funcional; también transmite ideas y formas de vida.
A lo largo de la historia incluso se ha utilizado con fines políticos -como el racionalismo italiano o el brutalismo soviético- para construir una determinada idea de sociedad. Hoy ocurre lo mismo, aunque de forma menos explícita. La ciudad organiza movimientos, ritmos y encuentros, y el enamoramiento no surge en el vacío: necesita espacios donde cruzarse y convivir. Si esos espacios existen, las relaciones se facilitan; si no, se dificultan.

¿Las ciudades pensadas para la productividad y la velocidad dejan menos espacio para el vínculo y el cuidado?
C: Sí, porque la pareja se alimenta de tiempo y de energía, no solo de intención. En Barcelona nos pasaba: para hablar tenías que alzar la voz y esquivar coches y gente. En Basilea, en cambio, tienes zonas como el río a cinco minutos y sin tráfico, que te ayudan a soltar la tensión del trabajo. Son detalles pequeños, pero facilitan mucho el cuidado del vínculo.
O: Muchas ciudades se diseñan pensando en el rendimiento: empresas, infraestructuras, coches, autopistas. El ser humano aparece más como trabajador o consumidor que como alguien que vive la ciudad.
¿Qué elementos urbanos impactan más en la salud de la relación?
O: Hay dos factores especialmente claros y bien documentados: el ruido y la vegetación. El ruido te mantiene en alerta constante y reduce la paciencia, incluso en conversaciones normales. Si además moverte es incómodo, se pierden esos momentos tranquilos que muchas veces surgen simplemente caminando juntos.
Las zonas verdes, en cambio, reducen el estrés y mejoran el estado de ánimo. No es solo estética: influyen directamente en cómo te sientes cada día.
¿El teletrabajo ha evidenciado errores de diseño arquitectónico que afectan a la convivencia?
C: El teletrabajo tiene muchas ventajas: ahorra desplazamientos, da flexibilidad y reduce estrés. El problema no es trabajar desde casa, sino cómo se difuminan los límites del día. Antes, salir del trabajo marcaba un corte claro; ahora, sales del cuarto a las siete y ya estás en modo cena o sofá, pero siguen entrando correos o mensajes. Eso rompe momentos de conexión y los convierte en tiempo compartido, pero no de calidad.
O: El primer problema es básico: muchas viviendas no tienen un espacio claro para trabajar. La concentración requiere condiciones que no siempre existen en casa, y eso genera fricción rápidamente.
Otro problema es el aislamiento acústico: una vivienda puede servir para dormir, pero no para trabajar de día. El ruido aumenta el estrés y acaba trasladándose a la convivencia.
Además, no todos los trabajos necesitan el mismo tipo de espacio. Está estudiado que los techos altos favorecen la creatividad y los bajos la concentración, pero la mayoría de viviendas actuales son “monoaltura”. Desde el diseño, eso es un error. El teletrabajo solo ha hecho visible algo que ya estaba mal resuelto.
¿Una ciudad mal diseñada puede generar soledad incluso dentro de la pareja?
C: Sí, aunque no siempre por el mismo motivo. En muchos casos, entre trabajo, desplazamientos y compromisos sociales, el tiempo en pareja queda relegado. No es que no haya relación, es que no hay espacio real para estar juntos.
En nuestro caso ocurre lo contrario: al vivir fuera y no tener familia cerca, la pareja ocupa un lugar muy central. Eso tiene cosas buenas, pero también implica que casi todo el apoyo emocional pasa por el mismo vínculo.
O: Cuando el espacio público se fragmenta o se privatiza, hay menos lugares donde encontrarse de forma natural: plazas, bancos, bares de barrio, recorridos caminables. La socialización se vuelve incómoda o cara, y la gente acaba encerrándose más.
Muchas parejas viven con poco espacio, jornadas largas y estrés constante, y eso deja muy poco margen para regularse
Si diseñarais una “ciudad que cuida a las parejas”, ¿qué cambiaríais urbanísticamente y qué recomendaríais a nivel emocional?
O: Empezaría por reducir distancias para ganar tiempo. Eso se consigue con barrios mixtos, con vivienda, trabajo, comercio y servicios cerca. Hoy muchas ciudades funcionan por piezas separadas y eso obliga a desplazarse constantemente, consumiendo tiempo y energía.
La mezcla de usos da vida al barrio, reduce el estrés y permite vivir más a pie. A partir de ahí, todo suma: menos tráfico, menos ruido, mejor iluminación y más verde. Son decisiones sencillas con un impacto directo en cómo vivimos.
C: A nivel emocional, lo clave es que el contexto no obligue a vivir siempre al límite. Muchas parejas viven con poco espacio, jornadas largas y estrés constante, y eso deja muy poco margen para regularse.
En nuestro caso, en Basilea hemos integrado la ciudad en nuestros propios rituales de pareja: salir a cenar los viernes, ir a una heladería cuando hemos tenido un mal día, correr junto al río o ir siempre al mismo gimnasio. La ciudad forma parte de nuestra relación. Y eso es importante, porque por muy bien diseñada que esté una ciudad, si no la integras en tu día a día como pareja, su efecto se queda a medias.

