Arun Mansukhani, psicólogo: “A muchos jubilados, el hecho de no gastar les resta miedo y ansiedad, les da tranquilidad”
Longevity
Este especialista, autor de libros como Condenados a entendernos, resalta que a muchas personas mayores, jubiladas, les cuesta mucho cambiar de mentalidad si son ahorradoras
Según Mansukhani, a las personas mayores de hoy en día, “el consumismo de los 80 les pilló tarde para modificar sus costumbres”

Arun Mansukhani, psicólogo.
“Hay gente que no logra transitar, cambiar, cuando llega a la jubilación”, explica el psicólogo clínico Arun Mansukhani, preguntado sobre el efecto psicológico de salir del mercado laboral cuando llega la hora del retiro. Cómo organizar el tiempo y los ingresos cuando llega esta etapa vital es un aspecto fundamental, pero no fácil.
¿Ahorrar para los cuidados que necesitemos cuando envejecemos, o gastar el patrimonio para disfrutar plenamente de la última etapa vital? Ese es un gran debate interno entre los séniors actualmente. “Si supiéramos seguro lo que vamos a vivir y lo que nos va a costar la vida, nos organizaríamos, pero es imposible, claro”. Además, según Mansukhani, la inflación y el coste actual de la vida no ayuda a vivir la jubilación con tranquilidad. “Una sociedad en la que el encarecimiento de la vida fuera inferior —como pasaba antes—, haría que las personas mayores, en el momento de la jubilación, tuvieran mucha menos incertidumbre, sobre todo si se tienen bienes”, añade este especialista, autor del libro Condenados a entendernos (Ediciones B), preguntado por Longevity.
Haber pasado la posguerra
Por otra parte, las generaciones actuales de personas mayores de 65 años, han vivido una etapa histórica y unas circunstancias que condicionan su visión del ocio y el disfrute. Para Mansukhani, “habría que crear algún tipo de estructura para ofrecer a los mayores educación para el ocio, psicológica y financiera, bien en grupos o bien una atención individual para las personas en una situación más complicada”.
Son generaciones de jubilados mayores, apunta el especialista, “que no tienen educación para el ocio, por la austeridad aprendida tras la posguerra, el consumismo de los años ochenta les pilló tarde para modificar sus costumbres”. Y es que esto ocurre en especial en España, afirma este psicólogo clínico, “precisamente por la austeridad a que estaban acostumbrados obligados por las situaciones complicadas que habían vivido después de la Guerra Civil”.
La incertidumbre actual
En los tiempos que corren, la incertidumbre, la polarización, la inflación y los conflictos, no ayudan a enfocar la última etapa vital con ánimo. “Vivimos en una época, desde hace cinco años o diez años, en la que se ha instalado el pesimismo acerca del futuro. Cuando realmente no sabemos cómo será, pero tenemos esa sensación y se ha instalado de forma generalizada esa convicción, casi como si fuera una certeza”, relata el psicólogo.
“La gente no se fía. Vivimos con esa especie de angustia, de convicción absoluta de que la siguiente generación va a ser la primera que viva peor que sus padres. Es una frase que se repite desde hace tiempo a pesar de que, en realidad, no hay certezas absolutas”, añade.
El hecho de no gastar, en general, les resta miedo y ansiedad, les da tranquilidad y les resta incertidumbre
El hecho de haber vivido escasez en décadas anteriores, hace que muchas personas de estas generaciones tiendan a acumular. “Posiblemente, son las que toleran menos la incertidumbre en general. Son personas que sienten más satisfacción ahorrando que gastando. Porque el hecho de no gastar, en general, les resta miedo y ansiedad, les da tranquilidad y les resta incertidumbre. Es una emoción positiva, pero no disfrutan”, añade. “Cuando el consumismo empezó a florecer en España en los años ochenta, no les hizo cambiar, les pilló ya tarde para modificar sus costumbres asentadas”, añade.
Según Mansukhani, además, “acumular puede generar un formato adictivo”. “Llega un momento en el que no sabes hacer ese cambio del rol de acumulador al de disfrutador. Es más, si lo haces, ocurre a menudo que en realidad no lo disfrutas porque sientes mucha culpa por gastar y el disfrute desaparece”, asegura.


