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Ser arquitecta y vivir en una casa pasiva: “Al conservarse mejor la temperatura, se necesita menos energía para calentarla”

Vivienda

Imagina estar a 22ºC en casa sin calefacción mientras fuera la temperatura se acerca a los cero grados. Esta es la realidad de la arquitecta Kimberly Díaz y de quienes, como ella, habitan una vivienda pasiva

Kimberly Díaz, arquitecta e interiorista.

Kimberly Díaz, arquitecta e interiorista.

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Para Kimberly Díaz, arquitecta e interiorista, el dicho “en casa de herrero, cuchillo de palo” no tiene cabida. Especialista en la construcción de casas pasivas, lleva ya dos años viviendo en una de ellas. “Lo que más noto es cómo se mantiene el calor en invierno y el fresco en verano con poco aporte de energía. El aire se siente limpio y a una temperatura muy agradable”, explica a Guyana Guardian.

Conocidas por consumir muy poca energía, las casas pasivas se construyen con un alto nivel de aislamiento, de forma que la demanda energética no supere los 15 kWh/m² al año y la potencia de los equipos instalados no sea superior a 10 W/m². La suma de eficiencia energética, aislamiento y ventilación da como resultado un hogar que minimiza el consumo energético y garantiza un alto nivel de confort interior, manteniendo una temperatura agradable durante todo el año. 

Reforma de una vivienda tradicional payesa en Ibiza
Reforma de una vivienda tradicional payesa en IbizaTomeu Canyellas

Las casas pasivas o Passivhaus —término original en alemán—, se conciben precisamente para garantizar ese nivel de confort de forma constante. “En la vivienda tradicional nos hemos resignado a cosas que no deberíamos aceptar: pasar frío cerca de las ventanas, convivir con humedades o depender de sistemas como la ventilación convencional”, advierte la arquitecta. Hablamos con la arquitecta e interiorista sobre su experiencia viviendo en este tipo de construcciones.

¿Qué es lo primero que percibe alguien que entra por primera vez en tu casa?

Lo primero que suele sorprender es la altura de los techos. Siempre quisimos que fueran altos para aportar mayor amplitud al espacio. También llama mucho la atención el olor de los materiales nobles, como la madera recuperada que utilizamos en los armarios del vestíbulo. Y, por supuesto, se percibe enseguida la sensación térmica: ese ambiente cálido en invierno o fresco en verano que se nota nada más entrar, en contraste con el exterior.

¿Se vive diferente el invierno y el verano en una casa pasiva?

Totalmente. Por nuestra forma de vivir en el Mediterráneo, en verano me encanta tener las ventanas abiertas. Es verdad que así entra algo de calor, sobre todo cuando el aire no se mueve y las temperaturas son altas. Diseñamos las aperturas pensando en la ventilación cruzada, de modo que se genera una corriente de aire controlada muy agradable. Con el apoyo de algunos ventiladores, dormimos muy bien sin necesidad de tener el aire acondicionado encendido toda la noche.

En verano dormimos muy bien sin necesidad de tener el aire acondicionado encendido toda la noche

Kimberly Díaz, arquitecta

En invierno ocurre lo contrario. Con el simple uso de la casa —cocinando, moviéndonos, haciendo vida— la temperatura ya sube. Si en algún momento necesitamos aportar un poco más de calor, con el suelo radiante alcanzamos fácilmente una temperatura confortable. Además, como están muy bien aisladas, ese calor se conserva perfectamente.

Tres Cantos, viviendas eficientes proyectadas en Madrid
Tres Cantos, viviendas eficientes proyectadas en MadridKLARQ

Has dicho que desde que vives en una casa pasiva descansas mejor. ¿Qué notas exactamente en tu cuerpo o en tu rutina diaria?

Al tener la humedad y la temperatura controladas, y el aire renovándose de manera constante, las condiciones para dormir son óptimas. Si a eso le sumas un buen diseño del aislamiento acústico, unas proporciones adecuadas del espacio y una elección cuidada de materiales y mobiliario, se crea un ambiente muy agradable que favorece un descanso muy reparador.

¿Qué te explican los clientes sobre su experiencia en una casa pasiva?

Están encantados. Recuerdo un comentario que me hizo especial ilusión: unos clientes nos contaron que en Navidad se reunieron más de veinte personas en su comedor y, aun así, el aire no se sentía en absoluto cargado. Todo ello sin necesidad de abrir las ventanas, gracias a que la casa está muy bien sellada y a un sistema que renueva el aire de forma constante.

Unos clientes nos contaron que en Navidad se reunieron más de veinte personas en su comedor y, aun así, el aire no se sentía cargado

Kimberly Díaz, arquitecta

¿Cuánto se nota en la factura energética?

De mucho a muchísimo. Al conservarse mejor la temperatura en el interior, se necesita mucha menos energía para calentar o enfriar la vivienda. Si además produces tu propia energía, por ejemplo con placas solares, el ahorro en la factura puede llegar a ser notable.

¿Una casa puede realmente reducir el estrés o es una idea romántica?

Rotundamente sí. Nuestra casa puede estresarnos o ayudarnos a relajarnos. Influye absolutamente todo: desde aspectos aparentemente sencillos, como el orden o tener un lugar para cada cosa, hasta que el espacio esté realmente diseñado y pensado para aportarnos bienestar.

En ese sentido son fundamentales los flujos y recorridos dentro de la vivienda, las proporciones de los espacios o la iluminación. La luz, por ejemplo, es clave. La temperatura de color puede influir muchísimo en nuestro estado de ánimo. A todo esto se suma la importancia de que el aislamiento térmico y acústico esté bien diseñado y ejecutado, y de contar con instalaciones pensadas según las necesidades reales de la vivienda.

Ca Na Lola, una vivienda pasiva en Mallorca
Ca Na Lola, una vivienda pasiva en MallorcaTomeu Canyellas

Yo me llevo las manos a la cabeza cuando veo que alguien hace una reforma —con la inversión que supone y el impacto que tendrá en su vida, ya que pasamos gran parte del tiempo en casa— y delega decisiones de diseño o construcción en profesionales que no están técnicamente preparados. Al final, por muy bonito que sea el sofá o los cojines, si hay humedades en las paredes, el ambiente está cargado o en verano te sofocas, no vas a estar cómodo.

Por muy bonito que sea el sofá, si hay humedades en las paredes, el ambiente está cargado o en verano te sofocas, no vas a estar cómodo

Kimberly Díaz, arquitecta

Si mañana tuvieras que volver a una vivienda convencional, ¿qué es lo que más echarías de menos?

Sinceramente, echaría de menos la facilidad para controlar el ambiente interior. En una casa tradicional es más difícil controlar la temperatura y la humedad. Al final, dejas de decidir tú cómo quieres estar para que lo decida el clima exterior.

Y, en el fondo, esto es lo que da sentido a mi trabajo. Cuando cuidas bien la parte técnica desde el principio, estás creando espacios en los que se vive mejor. La idea es que la casa no sea solo bonita desde el punto de vista del diseño, sino un lugar cómodo y agradable en el que siempre apetezca estar.