Javier Mariscal y Swatch se han unido para crear una pieza que homenajea a Barcelona.
Historias del tiempo
El diseño Grancelona protagoniza la última entrega de Swatch Destination Art, la serie de relojes exclusivos que visita distintos puntos geográficos mediante ilustraciones creadas por un autor autóctono fundamental.

Con aire mediterráneo, rebosante de colorido y con un toque de rebeldía. Así se presenta el jovial Grancelona ideado por Javier Mariscal.

Barcelona se percibe más a través de ademanes que de minutos. Esto sucede básicamente porque es una urbe excepcional y distinta, que supo proyectarse a sí misma mucho antes de transformarse en un sello comercial. Una capital que siempre ha visto el trazo como lenguaje y el devenir cronológico como una hélice mediterránea y vibrante, con un matiz pícaro y vocación estética. Todo ese conjunto, que es considerable, es lo que fundamenta y plasma Grancelona, el modelo Swatch Destination Art consagrado a la sede perpetuamente olímpica diseñado por Javier Mariscal.

El origen estético de este proyecto surgió de la obra mural que el mundialmente reconocido creador de Cobi diseñó destinada al establecimiento Swatch situado en paseo de Gràcia, integrando ¡60! Rincones icónicos de la urbe. De esta forma, pasando de la ilustración al pulso, el modelo Grandcelona se ha lanzado formalmente en Palo Alto. ¿En qué otro sitio podría ser?
Grancelona hizo su aparición en Palo Alto para constituirse como una breve proclama transportable.
Junto a Javier Mariscal y Gonzalo de Cevallos, el ejecutivo nacional con mayor poder en el coloso de la relojería Swatch, quienes reivindicaron el reloj no solo como una herramienta práctica sino como un vehículo de cultura, Grancelona hizo su aparición oficial deslumbrando con sus horas radiantes y llenas de color. Todo ello para erigirse como una breve proclama transportable.
Swatch comprendió pronto, tal como Warhol con la sopa Campbell, que cualquier artículo común puede transformarse en una proclama. “El buen diseño es visible; el gran diseño, transparente”, sostenía Joe Sparano, mientras que Mariscal siempre ha defendido una propuesta visual que se manifiesta con vigor. Que a ratos vocifera. De este modo, entre Swatch y Mariscal, la medición de las horas se vuelve un divertimento formal. Un sarcasmo transportable. Construcción de sentimientos.

Mediante este vínculo orgánico, Swatch ratifica nuevamente su gran interés por la expresión artística y la creación de relojes. Resulta imposible para la marca eludir ese doble entusiasmo que proyecta a través de Swatch Destination Art mediante cronógrafos siempre singulares. Existe un modelo para cada ubicación específica, con una estética exclusiva diseñada por un creador regional fundamental en su disciplina. Cada ejemplar, tal como sucede con este Grandcelona, resulta irrepetible, surge para un sitio determinado y se desarrolla junto a un artista local de renombre. Un autor con la habilidad de concentrar la esencia de toda una región en los apenas 40 milímetros que componen la caja y su extensa pulsera.

No se trata de simples piezas de recuerdo. Son cronógrafos que narran relatos. Porciones de la urbe transformadas en horas. Javier Mariscal resultó el seleccionado en este momento debido a que “pocas miradas han sabido explicar la ciudad con tanta libertad, ironía y afecto como la suya”, comentaba Gonzalo de Cevallos, quien destacó la relevancia táctica de esta iniciativa que vincula el ingenio regional con la proyección internacional.
No es una coincidencia. La compañía se encuentra próxima a festejar un aniversario significativo de otra propuesta que acentúa su devoción por el arte. Se trata del Swatch Art Peace Hotel, el centro de residencia artística que inició en 2018 en Shangái y que ha pasado a ser uno de los ensayos culturales más cautivadores de esta marca que igualmente difunde su interés estético por medio de Swatch Art Journey.

En realidad, esta gama se amplía actualmente mediante el lanzamiento de la línea Swatch x Guggenheim. La iniciativa combina la estética artística de la centuria pasada con el diseño de relojes actual empleando cuatro piezas basadas en creaciones célebres de Paul Klee, Edgar Degas, Claude Monet y Jackson Pollock. Trabajando junto al Guggenheim de Nueva York y la Peggy Guggenheim Collection de Venecia, esta serie continúa el vínculo establecido a comienzos de la década de 1990 entre la firma helvética y los centros de arte asociados a la Solomon R. Guggenheim Foundation.
