Óscar Rosa, detective privado: “Una parte importante de mi trabajo consiste en decirle a un cliente que no le conviene investigar”
Ser detective privado
Lejos de los tópicos de la ficción, el investigador defiende un oficio basado en la escucha, los límites legales y la toma de decisiones cuando algo no encaja

Óscar Rosa ha vivido la profesión desde que prácticamente tiene uso de razón, y eso le ha ayudado a ser el detective que hoy es

“Un detective no está para espiar por espiar”, dice Óscar Rosa, casi como si llevara años respondiendo a la misma idea equivocada. “Eso es cosa del cine”, asegura en el pódcast de Daniel Fontanals. Su trabajo real, explica, tiene menos de gabardinas y seguimientos nocturnos y más de escuchar, analizar y ayudar a tomar decisiones cuando alguien no sabe por dónde tirar.
Rosa es detective privado desde 2008, aunque su relación con el oficio viene de mucho antes. Hijo de uno de los nombres históricos del sector en España, creció en una empresa donde investigar no significaba perseguir sombras, sino manejar información con rigor. “Ser hijo de un detective conocido me dio oportunidades, pero también me obligó a demostrar más que nadie”, explica. Empezó desde abajo, como mensajero y administrativo, antes de asumir responsabilidades mayores. “Si no sabes lo que cuesta hacer un seguimiento o perder a alguien en la calle, no puedes dirigir nunca a nadie”, advierte.
Ser detective privado
¿Es cómo parece en las películas?
Buena parte de los casos que llegan a su despacho no responden a grandes giros de guion. “La gente no nos llama para confirmar lo que ya sabe, sino porque algo no encaja”, resume. Dudas laborales, conflictos familiares, sospechas que desgastan. “Muchas veces no buscan una verdad incómoda, sino saber si hay una salida”, asegura. Por eso insiste en que el trabajo del detective empieza antes de investigar. “Primero hay que escuchar. El problema real casi nunca es el informe, es lo que hay detrás”, recalca.

Rosa explica que el año 2008 marcó un punto de inflexión para la profesión, pues una sentencia del Tribunal Supremo estableció que solo los detectives privados pueden investigar datos no obtenidos de fuentes públicas. “Eso nos dio un marco legal muy claro y una responsabilidad enorme”, señala. Investigar, subraya, no es husmear. “No todo lo que se puede hacer se debe hacer. Y una parte importante de mi trabajo consiste en decirle a un cliente que no le conviene investigar”, apunta.
Hay investigaciones que se ganan no haciendo nada
Esa visión ética del oficio lo ha llevado también a la docencia y a la divulgación. Da clases en universidades, participa en congresos internacionales y ha dedicado años a estudiar la historia del detective privado en España. “Somos una profesión con más de un siglo de recorrido y, sin embargo, muy desconocida”, explica. Por eso defiende dar la cara y explicar qué hacen y qué no hacen los detectives. “La discreción no es esconderse, es trabajar con límites”, explica.
Sobre el futuro, Rosa no cree que la tecnología vaya a sustituir el núcleo del oficio. “La inteligencia artificial ayudará, claro. Pero seguir a una persona, entender sus rutinas o interpretar un contexto no se automatiza”, afirma. En su experiencia, los casos más complejos no se resuelven acumulando datos, sino formulando las preguntas adecuadas. “Hay investigaciones que se ganan no haciendo nada”.

Después de años de profesión, lo que más le sigue sorprendiendo no es el engaño, sino la confianza. “Hay personas que te cuentan cosas que no han contado ni a su familia”, reconoce. Ahí, dice, el detective deja de ser solo un profesional. “Te conviertes en alguien que acompaña”. Y concluye con una idea que resume bien su manera de entender el oficio: “Un buen detective no es el que lo averigua todo, sino el que sabe qué merece la pena averiguar”.