Belén Rueda abre las puertas de su acogedora casa a las afueras de Madrid: una vivienda cálida, de tres plantas y con porche en el jardín
Casas de famosos
Un recorrido detallado por el refugio de estilo nórdico y decoración minimalista donde la actriz encuentra la calma necesaria para preparar sus personajes y desconectar de la exposición pública

Belén Rueda, en una imagen de redes sociales.

Con títulos como Mar adentro o El orfanato a su espalda, esta noche se sienta en el plató de El Hormiguero Belén Rueda. No lo hace sola, sino acompañada por su hija, Belén Écija, con quien comparte cartel en El vestido, el largometraje de terror que llega a las salas este 13 de febrero. Esta visita subraya un momento dulce para la actriz, que a sus 60 años recién cumplidos, sigue encadenando éxitos mientras ve cómo su primogénita consolida una trayectoria propia en el mundo de la interpretación.
Sin embargo, tras el brillo de las alfombras rojas y la intensidad de los rodajes, existe un espacio de retiro donde el ruido del motor de la industria se apaga. Se trata de su residencia habitual a las afueras de Madrid, una vivienda de tres plantas que se ha convertido en su santuario de paz. Alejada del bullicio del centro y de la exposición constante, la actriz ha construido un hogar que refleja su propia evolución: un lugar donde la arquitectura y la naturaleza convergen para ofrecer calma y armonía.

“El contacto con la naturaleza”
Un chalet de tres plantas con estilo nórdico y estancias bañadas por la luz natural
La vivienda, situada en una zona privilegiada de las afueras de la capital, destaca por un diseño de líneas puras y una marcada inspiración nórdica. La luz es la gran protagonista del inmueble, filtrándose a través de grandes ventanales que conectan el interior con un jardín privado. “A veces he tenido tentación de vivir en el centro, pero en cuanto sale aquí el sol… se me quitan todas las ganas”, confesó la intérprete en una entrevista para el suplemento Shopping&Style de El País en 2016, dejando clara su preferencia por el aire libre y “el contacto con la naturaleza” frente al asfalto madrileño.

El salón principal es un ejercicio de minimalismo y calidez, dominado por paredes con molduras clásicas y una paleta cromática de blancos, beiges y tonos crema. La estancia está presidida por un sofá modular rinconero que invita al descanso. La madera natural vertebra todo el mobiliario, aportando una textura orgánica que equilibra la sobriedad del espacio. En un lateral, una imponente estantería negra guarda guiones, novelas y recuerdos familiares, conformando el rincón de trabajo donde la actriz da vida a sus próximos papeles.

Cerca de esta zona se encuentra el comedor, un espacio funcional pero elegante compuesto por una mesa de madera blanca con superficie de cristal y sillas que combinan ratán y madera. La continuidad visual es clave en esta planta, donde cada mueble parece haber sido escogido para no romper la fluidez del paso ni la serenidad del ambiente. Es aquí donde la actriz ha pasado los últimos veinte años, viendo crecer a sus hijas y gestionando una carrera que no ha dejado de ascender.
Su refugio perfecto
Un dormitorio de corte señorial y un jardín que funciona como oficina al aire libre
El dormitorio principal rompe ligeramente con el minimalismo absoluto para abrazar un aire más señorial. El elemento central es un cabecero acolchado en tono camel que aporta una nota de sofisticación clásica. Las mesitas de noche, de mármol blanco con patas doradas, y los detalles como las rosas blancas frescas sobre el cristal refuerzan esa atmósfera de confort hotelero, pero con alma de hogar. Es el lugar dedicado estrictamente al descanso tras las largas jornadas de rodaje que exige su profesión.

Por último, pero no menos importante, el exterior de la casa representa la verdadera joya de la corona. Una pasarela de madera rodea la vivienda y conduce hacia un porche cubierto equipado con una gran mesa metálica blanca. Este es, según sus propias redes sociales, el lugar preferido de la actriz para estudiar y jugar con su mascota.

Rodeada de enredaderas y muros cubiertos de vegetación, Belén ha logrado que su casa no sea solo una propiedad inmobiliaria, sino un refugio orgánico donde desconectar del mundo.