Viajes solidarios: “No pretendemos salvar el mundo; es una forma de tomar conciencia”
A corazón abierto
Los viajes solidarios ayudan a concienciar de la fragilidad del planeta y a corregir desequilibrios

Existen proyectos solidarios relacionados con animales en distintos países

“He viajado un par de veces a Kenia, colaborando en escuelas locales enseñando a leer a niños, y la vivencia no podría haber sido más positiva”. Lo afirma Daniel Godoy, coordinador de Cooperatour, una oenegé catalana que, desde hace dos décadas, organiza experiencias solidarias en distintos rincones del mundo.
Él, como el resto de viajeros que han participado como voluntarios en alguno de los proyectos con los que colabora la oenegé, pone en valor un tipo de viajes “diferentes, útiles y sostenibles”. “Somos intermediarios; colaboramos con entidades locales de 20 destinos de África, Asia y Sudamérica en un total de cien iniciativas educativas, sanitarias, medioambientales, relacionadas con animales y de empoderamiento de la mujer, además de proyectos de inmersión cultural en comunidades indígenas”, explica Godoy.
Aunque existe una diferencia clara entre los viajes solidarios y el voluntariado, en ocasiones, los conceptos se confunden
Aunque existe una diferencia clara entre este tipo de viajes y los viajes de voluntariado -en ambos hay un deseo explícito de ayudar-, en ocasiones, los conceptos se confunden. Estos últimos -los viajes de voluntariado- están más ligados a la cooperación internacional y tienen una duración mucho más larga.
“Las experiencias solidarias, en cambio, no pretenden salvar el mundo; no colaboramos en zonas de conflicto, sino que convivimos con las comunidades y nos sumergimos un mínimo de dos semanas en su realidad. Es una forma de tomar conciencia; un intercambio beneficioso para ambos que se complementa con una compensación económica por nuestra parte”.

Estíbaliz acaba de regresar de una estancia en un refugio silvestre de Costa Rica. Allí, ha colaborado en el cuidado de perezosos, loros y tortugas rescatadas, apoyando al equipo local en su alimentación, en un aprendizaje sobre la importancia de proteger la biodiversidad. Por su parte, Ana -enfermera- viajó hace unos meses a la isla filipina de Palawan para echar una mano en un programa de educación sanitaria y planificación familiar junto a otras profesionales del sector, además de realizar visitas domiciliarias para tratar a enfermos con pocos recursos.
En los dos casos, las protagonistas son mujeres que han viajado solas, el perfil más habitual de los participantes en las experiencias solidarias de Cooperatour, aunque también, en menor medida, se inscriben parejas, familias o grupos de amigos. En ocasiones, estos pueden decantarse por los que desde la oenegé denominan aventuras solidarias, viajes que combinan la labor de voluntariado con una actividad turística, como un safari en Kenia o Tanzania o una visita al Taj Mahal, en India.
Nuevas formas de viajar
La solidaridad no responde a un modelo monolítico, sino que se materializa a través de múltiples fórmulas y en todos los segmentos económicos y sociales. “Después de la pandemia, nuestros viajeros se muestran mucho más conscientes de la fragilidad del planeta. Sus decisiones están cada vez más guiadas por el deseo de minimizar el impacto en sus viajes y asegurarse de que su presencia contribuya realmente a la conservación del entorno y al bienestar de las comunidades locales”. Quien verbaliza tal afirmación es Alessadra Girardi, directora de producto de Nuba, una agencia especializada en el diseño de viajes privados de alta gama. Sus acciones abarcan también desde la selección de proveedores que comparten valores y trabajan bajo criterios de sostenibilidad a la compensación de emisiones de CO₂ a través de iniciativas como el Bosque Nuba, que crece con cada viaje que permite reducir la huella de carbono y respaldar el desarrollo de las comunidades en las que se plantan los árboles.

“Nuestros viajeros, con un alto nivel socioeconómico y cultural, buscan experiencias hiperpersonalizadas únicas y transformadoras que encajen con sus valores. Desde Nuba, les recomendamos y diseñamos el viaje a la carta”, apunta Alessadra Girardi. “Por este motivo, es frecuente integrar de forma natural en un periplo experiencias de carácter solidario”.
Participar junto a un equipo de biólogos y naturalistas en un proyecto de reintroducción de una especie extinta en los Esteros del Iberá, en un viaje a Argentina; incluir en un periplo a Kenia la posibilidad de colaborar en la protección de los gorilas del parque nacional de Bwindi con el equipo de la doctora Gladys Kalema-Zikusoka, una de las principales científicas conservacionistas de Uganda, o acompañar a los rangers en Botsuana y conocer de primera mano su labor contra la caza furtiva son solo algunas de sus experiencias que han ofrecido a sus clientes.
“La mayoría de los viajeros coinciden en que estas experiencias aportan una dimensión distinta al viaje. No hablan solo de lo que han visto, sino de lo que han sentido. Lo describen como un momento de pausa, de conexión y de toma de conciencia; algunos, incluso, como un punto de inflexión: vuelven con una mirada distinta sobre el mundo y sobre su propio papel en él” concluye.

