Viajes

La animada zona de Balat, un recorrido por cafeterías y callejones antiguos de Estambul.

Destino

Es una zona de larga trayectoria histórica situada en la ribera europea del Cuerno de Oro que resulta imprescindible visitar.

Bonitas casas de colores en una de las calles del barrio de Balat

Bonitas casas de colores en una de las calles del barrio de Balat

Nikolay N. Antonov

En algún momento del recorrido desde el centro histórico de Estambul (aproximadamente 4 kilómetros), dejas atrás la mezquita del barrio de Fatih, sus vendedores de globos y el olor a kebabs hasta llegar a una calle estrecha. Hay automóviles estacionados, ropa colgada y fachadas grises. Pero un lejano faro cromático pronto te indica que ya has llegado a Balat, ese microuniverso en forma de barrio colorido al sur del llamado Cuerno de Oro, en la orilla europea de la ciudad turca.

Viejo enclave de mercaderes armenios, griegos y judíos en el periodo otomano, el distrito de Balat renace en la actualidad como un foco cultural imprescindible si tienes previsto estar unos días en Estambul.

El encanto del barrio Balat reside en los colores de sus casas y cafést
El encanto del barrio Balat reside en los colores de sus casas y caféstAlberto Piernas

Balat: el espectro cromático total de Estambul


Escaleras de peldaños morados, rojos o azules; una iglesia que se alza por encima de los tejados, o locales repletos de acuarelas de frutas. En Balat, la idea principal es recorrer sus calles y dejarse envolver por las imágenes que ofrece este barrio histórico, olvidado en el mapa turístico de Estambul hasta hace pocos años, cuando el terremoto de 1894 y diversos procesos históricos posteriores impulsaron a muchas familias a trasladarse a la zona de Gálata.

Tras múltiples reformas en las que participó la propia Unesco, hoy Balat se revela al mundo con fachadas de colores vivos y balcones llenos de flores que constituyen la principal tarjeta de presentación de este barrio, donde el ritual invita a disfrutar de un café turco tradicional antes de emprender el recorrido.

Dentro de Balat, la premisa básica es deambular por sus rincones y dejarse envolver por las imágenes que este vecindario proporciona.

Al recorrer la vía principal, Kiremit Caddesi, hallarás las imponentes mansiones otomanas del siglo XIX - actualmente rehabilitadas -; cafeterías, comercios de recuerdos y un entorno sumamente internacional: desde residentes que cuelgan su ropa hasta turistas que recorren salas de arte, y gente del lugar alrededor de banquetes matutinos donde siempre está presente un excelente künefe, un exquisito dulce colmado de queso derretido, sirope y pistachos.

Aparte de su colorido, Balat posee un extenso pasado por descubrir. Esto se evidencia en la iglesia de San Esteban de los Búlgaros, un templo ortodoxo búlgaro que destaca como el mayor de dicha colectividad de Bulgaria fuera de sus fronteras. Este emblema de domo dorado ofrece un recinto interno que, con sus pinturas murales y pilares marmóreos, resulta igualmente impactante.

Colegio Ortodoxo Griego Fener en  el Balat es un ejemplo de arquitectura neoclásica
El Colegio Ortodoxo Griego Fener, situado en Balat, representa un ejemplo de la arquitectura neoclásica.Alberto Piernas

Una parada necesaria es el colegio Griego de Fener, erigido en el siglo XIX y excelente modelo de la corriente neoclásica, con sus pilares jónicos y esas llamativas tonalidades encarnadas del ladrillo -importado de Francia a finales del siglo XVI -; razón por la cual el inmueble es apodado castillo Rojo. También resalta la iglesia de San Salvador de Chora (o Kariye Camii), un remanso metropolitano algo más distante donde cobijarse entre murales que están a la altura de los situados en la vecina Santa Sofía.

El pasado se funde en este sitio con esa gracia de lo diario que cautiva a los turistas más reflexivos: se ven felinos en los alféizares, prendas secándose en los rincones menos esperados y arquitectura otomana que matiza esquinas con motocicletas en desorden, peldaños repletos de vegetación y pequeños divirtiéndose con el balón.

El barrio de Balat es colorido en todos sus rincones
El barrio de Balat es colorido en todos sus rinconesAlberto Piernas

Tal vez decidas permanecer un tiempo extra y subir por las cuestas que ofrecen vistas magníficas del cauce y el skyline de Estambul. O regresar al origen para contemplar las residencias Palantio de Kiremit Sokak, la estampa más representativa de viviendas con matices llamativos legadas por la clase alta griega.

Una policromía citadina que señala el inicio del igualmente sugerente distrito de Fener, sitio ideal para extraviarse entre sus locales fascinantes y atractivo estético hasta conectar con Fatih, área delimitada por los muros bizantinos de la vieja Constantinopla. Un fragmento metropolitano que representa el núcleo de Estambul al encontrarse flanqueado por el Cuerno de Oro, el canal del Bósforo y el mar de Mármara. Únicamente en ese instante, al retornar mientras el comerciante resguardado tras un conjunto de globos circula cerca de la mezquita de Fatih, comprendes que la urbe más célebre de Turquía se compone de tantos universos como hallazgos cromáticos.

Delicatessen Popstel Café

Si deseas realizar una pausa en tu recorrido por Balat, no hay nada superior a resguardarse en un rooftop para disfrutar de un café, escapar del ruido y capturar vistas memorables. Dentro de las alternativas destaca Popstel Café, un local situado en el centro de la zona que combina hostel, estudio y cafetería con un espacio exterior para degustar un té contemplando el colegio Griego y las azoteas circundantes. Su menú ofrece desde pasteles internacionales hasta aperitivos de la región y combinados. Asimismo, con frecuencia mensual se organizan actos culturales, celebraciones especiales e incluso sesiones de yoga.