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Morella: el tesoro fortificado que

Escapada

Detrás de las paredes de esta residencia de Castell

Panorámica de Morella, cuyas murallas se prolongan a lo largo de dos kilómetros

Panorámica de Morella, cuyas murallas se prolongan a lo largo de dos kilómetros

Getty Images/iStockphoto

El deambular por el centro antiguo de Morella encuentra una pausa al alcanzar la plaza Pla de l’Estudi. Finalmente el entorno se ensancha después de recorrer callejones angostos y empedrados. En ese punto surge una colección de frentes albos, cada uno con balconadas de madera, que sirven de escenario a una singular pieza de bronce que brota ladeada desde el centro de la plaza. Se trata de un gnomon actual que arroja su silueta sobre el suelo pavimentado. Es decir, un cuadrante solar perfecto para recobrar el sentido cronológico durante la travesía histórica que ofrece la capital de Els Ports.

La plaza es un fabuloso exponente de un largo pasado. Aquí deliberaba el Tribunal del Lligalló, cuya existencia permitió Jaume I tras adueñarse del lugar en el siglo XIII. Y en este solar se construiría la Casa de la Vila. Si bien ese inmueble a fines del siglo XV se transformó en Casa Piquer, centro de enseñanza de humanidades y latinidades hasta el XIX, de ahí el nombre de la plaza. Un ambiente estudiantil que no impidió que se lidiaran toros o se ajusticiara a los reos, el último muerto con la crueldad del garrote vil en 1856.

La ausencia de coches ajenos en el casco antiguo refuer

Dicha sentencia ocurrió durante el periodo de las contiendas carlistas, momento en que Morella se convirtió en la base de Ramón Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, el cual seleccionó el sitio debido a su importancia táctica y por las robustas fortificaciones construidas siglos atrás. Precisamente en la época de los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes. Tales muros, torreones y la fortaleza elevada que cautivaron al famoso líder carlista, representan actualmente el principal atractivo de Morella.

Incluso a gran distancia, esta agrupación situada en una colina de piedra cautiva la vista, ideal para vigilar una zona que se extiende hasta las riberas del Mediterráneo mientras resguarda el acceso desde los sectores de Els Ports más escarpados. En realidad, al aproximarse desde el litoral, diversos puntos de observación invitan a detenerse previo a entrar en la villa para admirar dos kilómetros de muros defensivos, flanqueados por dieciséis torres y hasta seis entradas majestuosas que rodean el centro de la población.

La calle Blasco de Alagón cuenta con numerosas viviendas históricas
La calle Blasco de Alagón cuenta con numerosas viviendas históricasGetty Images

Sin embargo, tras contemplar la vista general es preciso explorarla desde una perspectiva turística. Esta tarea se realiza caminando, debido a que los vehículos de visitantes tienen prohibido el paso por el casco histórico de Morella. Tal restricción contribuye a esa impresión de cruzar las fronteras temporales apenas se atraviesan sus entradas. Particularmente el acceso situado entre los dos torreones idénticos de Sant Miquel. Cabe destacar que las dos pueden recorrerse y marcan el comienzo de una ruta perimetral por estos muros nacidos en la era musulmana, aunque adquirieron su apariencia más sólida de hasta 15 metros de elevación y dos de grosor durante el periodo cristiano.

No es la única entrada a la antigua Morella. También están la puerta del Rey, la dels Estudis que da a la plaza homónima o el portal de la Nevera, cercano a un pozo que antaño guardaba el hielo para conservar los alimentos en verano. Sin embargo, por su cercanía al parking de la Alameda, es recomendable entrar a través de las poderosas torres de Sant Miquel. Las cuales además encauzan la visita al área más atractiva.

Lo primero que se encuentra es el edificio gótico del Ayuntamiento, cuyos orígenes se remontan al siglo XIV. Un largo tiempo, pero gracias a una premiada restauración ahora luce espectacular por fuera y por dentro, tal y como se comprueba visitando estancias como la sala de Justicia, la del Consejo, el área de Lonja e incluso la prisión.

Vista la Casa Consistorial, se dirigen los pasos hacia la calle Blasco de Alagón, el noble aragonés que birló Morella a los musulmanes, tras lo cual tuvo que entregársela al autoritario Jaume I, quién luego cabalgó ufano presumiendo de su conquista. Este solo es un capítulo más de una extensa lista de sucesos protagonizados por personajes de gran calado. Por ejemplo, también anduvo por aquí a finales del siglo XI el Cid, si bien nunca conquistó esta ciudad, entre otras cosas porque cuando recorrió estos parajes del Maestrazgo castellonense, su mercenaria espada luchaba del lado musulmán.

Puerta dels Estudis, una de las antiguas entradas a Morella
Puerta dels Estudis, una de las antiguas entradas a MorellaTONO BALAGUER

Y mucho más tarde, allá por el año 1414 el rey Fernando I de Aragón y San Vicente Ferrer eligieron la morellana basílica de Santa María como lugar de reunión con el Papa Luna, o sea Benedicto XIII, para convencerle de que renunciara a su título y acabara con el cisma de Occidente que amenazaba al cristianismo. Pero no persuadieron al tozudo pontífice aragonés, quien desde aquí se dirigió a Peñíscola para mantenerse en sus trece hasta su muerte en 1423.

Por supuesto, el templo donde se mantuvo aquella improductiva reunión forma parte de la ruta a realizar en Morella. Pero ahí se llega más tarde. Antes hay que recorrer los pórticos que sostienen las casas nobiliarias de la calle Blasco de Alagón. En muchos de esos soportales abren sus puertas las tiendas con los productos típicos. Quien desee comprar quesos, embutidos o dulces, este es el lugar.

Claustro del convento de Sant Francesc de Morella
Claustro del convento de Sant Francesc de MorellaGetty Images

En resumen, se arriba rápidamente a la mencionada Pla de l’Estudi, sitio donde además de ajustar el reloj, es posible asomarse a un costado para contemplar el panorama, respirar y proseguir el ascenso hacia la fortaleza de Morella. Sin embargo, todavía quedan dos altos significativos en el camino, ambos de naturaleza religiosa.

La primera frente al convento de Sant Francesc, que formará parte de un parador nacional y por ello no se puede visitar. Donde sí se entra es a la sobrecogedora basílica arciprestal de Santa María la Mayor, con sus dos portadas espectaculares, una dedicada a los apóstoles y otra a las vírgenes. Merece la pena conocer esta joya casi desnuda del gótico valenciano. Y mucho más si se coincide con músicos que desde cualquier parten acuden a tocar su famoso órgano de Turull, que con casi 4.000 tubos fue fabricado en 1724.

Este templo es la última parada antes de afrontar el monumento más icónico de un conjunto que la ONU incluyó en su exclusivo listado Best Tourism Villages. De hecho, la visita al castillo es la guinda del recorrido. Da la bienvenida una estatua del carlista Ramón Cabrera, y a partir de ahí sus piedras se hunden en otras historias acaecidas en la edad Media. Para conocerlas, es bueno adentrarse en el palacio del Gobernador, ubicado en una cueva en la base del castillo. Ahí una exposición habla de reyes y otros personajes que por aquí pasaron, al igual que se recrean las estancias palaciegas del castillo o el ambiente militar de su plaza de armas.

Todo aquello se recorre durante la caminata por el recinto fortificado, abarcando el ascenso hasta la cima de la torre del Homenaje, situada a más de mil metros sobre el nivel del mar, por lo que brinda una extensa vista de los alrededores. ¡Es ciertamente el lugar perfecto para terminar de asimilar el extenso pasado de Morella!

La guinda

El arte levantino es herencia mundial.

Los atractivos de Morella no acaban en sus calles de aroma medieval. También hay que salir a andar por sus senderos o dar pedales en sus rutas ciclistas. Y quién todavía tenga más ganas de navegar por las olas de historia, puede acercarse a la masía de Morella la Vella, que aparece en seis kilómetros por la carretera CV-117 en dirección a Xiva. Allí hay un centro de interpretación que es la introducción necesaria para acercarse con visitas guiadas a los abrigos rupestres de estilo levantino. Unas pinturas milenarias y esquemáticas con escenas de caza. Al profano quizás le parezcan dibujos infantiles, pero por su singularidad y por formar parte de un conjunto artístico más amplio ubicado en exclusiva en el Arco Mediterráneo, la Unesco las cataloga como patrimonio de la humanidad.