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El legado de Antoni Gaudí más allá de las tierras catalanas

Edificios históricos

Comillas, Astorga, León y Palma poseen un codiciado y admirado póquer de obras arquitectónicas del genio del modernismo

El Capricho de Gaudí, en Comillas (Cantabria)

El Capricho de Gaudí, en Comillas (Cantabria)

Propias

El día 7 de junio de 1926 un tranvía barcelonés de la línea 30 a su paso por la Gran Via de les Corts Catalanes entre las calles Bailén y Girona atropelló a un anciano. Era una persona mayor, indocumentada y con aspecto desaliñado que tardó en ser trasladada al hospital de la Santa Creu. Ahí por fin se le identificó. Era Antoni Gaudí. Pero poco más se pudo hacer por él y apenas tres días después falleció.

Ahora se conmemora el centenario de su muerte con la amplia programación del Año Gaudí 2026. La mayor parte de actos tendrán lugar en Barcelona y otros puntos de Catalunya, ya que ahí desarrolló su labor el más célebre de los arquitectos modernistas. Sin embargo, su legado también se encuentra más allá de tierras catalanas. Eso sí, es una corta y selecta lista de obras merecedoras de descubrirse en una efeméride tan señalada.

Anrtoni Gaudí
Anrtoni GaudíREDACCIÓN / Otras Fuentes

El Capricho de Comillas

En la localidad cántabra de Comillas se halla la más antigua de estas construcciones. En realidad, junto a la barcelonesa casa Vicens, es una de las primeras viviendas que se conocen de Gaudí, ya que ambas se llevaron a cabo entre 1883 y 1885. ¿Cómo llegó este arquitecto treintañero a trabajar tan lejos de su hábitat natural? El motivo hay que buscarlo en su relación con Eusebi Güell, porque el empresario catalán estaba emparentado con el marqués de Comillas y sin duda les puso en contacto.

El Capricho de Gaudí es una amalgama de influencias
El Capricho de Gaudí es una amalgama de influenciasEuropa Press

Para este aristócrata que amasó una fortuna en Cuba y se estableció en Barcelona, Gaudí proyectó unas pocas obras menores, pero acabó contratado por el abogado del marqués: Máximo Díaz de Quijano, también enriquecido en las Antillas y que a su vuelta a España decidió levantarse una casa señorial en su pueblo de Comillas. Un proyecto muy personal y caprichoso que encontró en el joven arquitecto tarraconense al creativo perfecto.

La construcción es capaz de imbricarse con su entorno, pero al mismo tiempo trasladarnos a tierras persas, a la época gótica o a la Granada nazarí. Es una amalgama de influencias, propias de un modernismo que todavía se inspira en otros tiempos y lugares. Villa Quijano, como también se conoce, hoy luce esplendorosa tras una profunda restauración que la ha convertido en casa-museo donde descubrir las figuras de su promotor y de su creador.

Palacio episcopal de Astorga

Interior del palacio episcopal de Astorga.
Interior del palacio episcopal de Astorga.Gloria Sanz

En el año 1886 el palacio episcopal de Astorga fue pasto de las llamas. Y casualmente era la sede del obispo Joan Baptista Grau i Vallespinós, originario de Reus como Gaudí (aunque no está claro si el arquitecto nació en el cercano Ruidoms). Así que el prelado decidió encargarle el proyecto del nuevo palacio a su paisano.

Gaudí planteó una casona de aspecto medieval, casi fortaleza y casi iglesia. La idea se aprobó, pero a la hora de materializarla a partir de 1889 al arquitecto ya se le acumulaba la faena, de manera que trabajaba desde la distancia. Eso acarreó problemas y la situación empeoró al morir el obispo Grau en 1893. Tanto es así que Gaudí renunció a dirigir la obra, la cual no se concluyó hasta 1913.

Con el paso del tiempo, la construcción ha pasado por periodos de más o menos cuidado. Con especial mención a la Guerra Civil cuando se convirtió en cuartel y oficina de la Falange. Por fortuna, hoy ha recuperado su protagonismo arquitectónico, cultural y también turístico al alojar el Museo de los Caminos, evocando que por aquí pasa la ruta jacobea con destino a Santiago de Compostela.

Casa Botines en León

Hay muchos paralelismos entre Casa Botines y otras residencias que Gaudí proyectó en su tierra natal. Por ejemplo, se ubica en un ensanche de finales del siglo XIX. Pero en este caso en el ensanche leonés. Además, posee un evidente espíritu neogótico, algo que incluso se nota en la Sagrada Família. Y otra similitud con obras realizadas en Catalunya, es que la proyectó para la burguesía más próspera de la ciudad, concretamente para Simón Fernández y Mariano Andrés que poseían un almacén de tejidos conocido como Casa Botines.

Fachada de la Casa Botines Gaudí, en León
Fachada de la Casa Botines Gaudí, en LeónEUROPA PRESS / Europa Press

Para ellos construyó este verdadero palacio urbano entre los años 1892 y 1894. Una obra de seis plantas de aire medieval y al mismo tiempo muy cosmopolita. Fue su primera casa de vecinos, ya que la idea era que el sótano y la planta baja se usaran para el negocio textil. Mientras que la primera planta sería la vivienda de los propietarios, que además alquilarían el resto de pisos.

Aunque esa distribución cambió pronto, ya que desde 1929 y durante décadas se convirtió en sede de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León. Todavía se mantiene en manos de la entidad bancaria, pero ahora se puede visitar para entrar al Museo Casa Botines Gaudí, obviamente dedicado al maestro catalán.

Intervención en la catedral de Palma 

Interior de la catedral de Palma
Interior de la catedral de PalmaJeff Whyte Photography

La última de las obras de Antoni Gaudí fuera de Catalunya en realidad es más bien una mezcla entre reforma y restauración de la catedral de Santa María de Palma. Es una de las obras cumbre del gótico en España y por lo tanto un encargo que fascinó al arquitecto desde los primeros contactos con el cabildo balear.

En estrecha colaboración con el obispo Pere Campins diseñó un plan de actuaciones destinadas a dotar de más luz al templo. Al mismo tiempo que se trataba de lograr que los fieles sintieran más cerca el altar mayor y por lo tanto las ceremonias litúrgicas.

Para ello Gaudí proyectó trasladar el coro, abrir nuevas ventanas y dotarlas de vidrieras, llevar la luz eléctrica al interior del templo o crear un baldaquino sobre el presbiterio. Además de intervenciones decorativas modernistas, o sea algo revolucionarias para los conservadores. Era un proyecto realmente ambicioso, que hasta planteaba modificar la fachada.

Desde 1902 se materializaron algunos de esos trabajos, pero los enfrentamientos con los promotores, los constructores y con ciertos sectores de la sociedad mallorquina fueron minando su fervor por el trabajo. Así que, en 1914, tras el enésimo encontronazo abandonó el proyecto dejando muchas cosas por hacer. Incluso el actual baldaquino sobre el altar mayor no es más que una maqueta temporal que debía sustituirse por el definitivo. Sin embargo, ahí sigue más de 100 años después.