Rosana Álvarez, veterinaria etóloga: “Si tu perro lame constantemente un peluche, puede ser un caso de apego preocupante”
Mascotas
Un animal puede sentir apego por un peluche o juguete y ser algo sano, pero hay señales que indican cuándo es normal y cuándo debería preocuparnos

Rosana Álvarez comparte sus conocimientos en comportamiento animal y habla del apego en mascotas

En los últimos días ha circulado por redes sociales la historia de un macaco que fue rechazado por su madre en el zoológico Ichikawa City, en Japón. Los especialistas del centro le entregaron un peluche que simulaba la figura materna para minimizar su sensación de abandono. La escena ha emocionado a miles de personas y ha reabierto una pregunta que muchos dueños de mascotas también se hacen en casa: ¿puede un animal sentir un apego real hacia un peluche o juguete? ¿Que lo lama y controle constantemente es algo inofensivo o puede convertirse en una señal de alerta? Estas dudas las resuelve Rosana Álvarez, veterinaria especializada en etología (medicina del comportamiento), en una conversación con Guyana Guardian.

Los perros pueden padecer trastornos relacionados con el abandono cuando la ausencia de su dueño desencadena ansiedad o frustración
A raíz del vídeo viral de Punch surge una duda: ¿Es cierto que los animales sienten el abandono como los humanos?
Bueno, yo diría que no exactamente como los humanos, porque nosotros lo vivimos con una narrativa muy compleja (culpa, recuerdos, interpretación moral...). Pero sí es cierto que perros y gatos pueden sentir un malestar intenso y una pérdida del bienestar ante la separación. En perros, por ejemplo, pueden padecer trastornos relacionados con la separación cuando la ausencia de su dueño desencadena ansiedad o frustración. No hace falta que lo entiendan como un humano para que lo pasen mal de verdad.
¿Un peluche o juguete puede sustituir la figura de una madre?
Sustituirla como tal, en el sentido estricto de la palabra, no. Pero puede funcionar como apoyo o señal de seguridad, sobre todo en cachorros o animales muy jóvenes que pasan por cambios (dejar la lactancia, adopción, mudanza...), porque ofrece textura, olor familiar y una oportunidad de autoconsuelo (acurrucarse, chupar o amasar). Hay incluso productos diseñados para simular el latido o la compañía de la camada como ayuda en esa transición, lo cual encaja con una idea de regulación más que de sustitución real de la madre.
¿Es sano que una mascota tenga un peluche como objeto de apego?
Puede ser adaptativo que un animal use un objeto como apoyo para calmarse, siempre que su bienestar no dependa exclusivamente de él. En clínica, el límite lo marca la flexibilidad: si el animal puede dormir, comer, jugar y tolerar la ausencia del objeto sin una respuesta intensa de estrés, suele ser una preferencia normal; si hay estrés negativo ante la separación del cuidador y el objeto solo tapa el problema, conviene abordar el trastorno relacionado con la separación. En perros sabemos que el apego se demuestra sobre todo hacia personas: buscando proximidad y mostrando malestar al separarse del cuidador. Eso es distinto a que un juguete sea reconfortante.
¿Qué beneficios puede tener un peluche en términos etológicos?
- Ayuda a autorregularse. Acurrucarse, morder, lamer o amasar son conductas que en algunos animales reducen la activación y facilitan el descanso.
- Acompaña en periodos de transición. Algunos juguetes están pensados precisamente para ese momento de separación y tienen un efecto calmante.
- Enriquece el entorno. Si el objeto ofrece juego, olfato y masticación segura, puede sumar bienestar.

¿En qué casos puede ser contraproducente?
Se me ocurren principalmente tres casos:
- Es contraproducente si hay fijación u obsesión. Algunos perros muestran una motivación extrema por el juguete con rasgos de tipo adictivo (poca respuesta a alternativas como comida o interacción social, esfuerzo persistente por acceder al juguete y dificultad para calmarse si se le retira).
- Si el objeto favorece conductas de riesgo como ingerir trozos o atragantamiento o si lo usa para succionar o masticar de forma repetitiva. Esto puede tener consecuencias médicas.
- Y si oculta un problema de base. Por ejemplo, un perro con ansiedad por separación puede parecer que está mejor con el peluche, pero sigue sufriendo si no se trabaja la habilidad de quedarse solo de forma gradual y segura.
¿Qué señales indican que el apego es sano y cuáles que no lo es?
Será apego sano si lo usa para descansar o en momentos puntuales y luego puede hacer vida normal. También, si el peluche no está y se adapta a ello. Puede buscarlo un poco y luego pasar a otra cosa sin problema. Y cuando no hay agresividad, ni ansiedad intensa, ni conflicto con la familia. En cambio, sería apego preocupante si se altera cuando el objeto no está (jadeo, inquietud, incapacidad de relajarse), si rechaza alternativas como comer o dar un paseo o si hay conductas repetitivas como lamido constante o protección del objeto con gruñidos o mordiscos.
¿Qué significa que un perro lama el peluche constantemente?
Suele ser una conducta de autoconsuelo o de regulación emocional, parecida a cuando algunos gatos amasan o chupan mantas porque remite a patrones muy tempranos de lactancia y calma. Pero si es constante o muy repetitiva, también puede encajar con una conducta compulsiva, o estar asociada a estrés, frustración o incluso dolor o ansiedad. Por eso conviene mirar el contexto y la intensidad (cuándo lo hace, cuánto dura, si puede parar). Si además traga fibras o se le irrita la piel o los labios, yo lo consideraría motivo de consulta.
Quitarle el peluche de forma brusca no es la mejor solución
¿Es malo quitarle de golpe su objeto de apego?
Quitárselo de forma brusca no es la mejor solución. Si el objeto es un regulador importante para ese animal, quitárselo de golpe puede aumentar el malestar y empeorar la conducta (más ansiedad, más búsqueda, más frustración). Si hay riesgo (lo ingiere, se excita demasiado o hay agresividad), a veces sí hay que restringir, pero idealmente con un plan: retirar solo en momentos de riesgo, ofrecer alternativas seguras y trabajar la base (gestionar su posible estrés, la tolerancia a la frustración o el quedarse solo).
¿Qué hacer si lo rompe o lo pierde?
Depende del perfil del animal. Si era un objeto de rutina, suele ayudar el sustituirlo por otro muy parecido y, si es posible, con olor familiar (guardarlo un tiempo en su cama). También recomiendo aumentar los recursos de calma esos días a través de la estimulación del olfato, la masticación segura, aumentar el descanso...
Si el animal entra en un bucle de búsqueda o angustia, lo trataría como una señal de que ese peluche estaba sosteniendo algo más grande (estrés o separación), y ahí sí conviene una valoración conductual por parte de un experto.

¿Humanizamos demasiado a nuestras mascotas?
A veces sí, sobre todo cuando interpretamos sus conductas con etiquetas humanas: “Está triste porque echa de menos su infancia”, “tiene celos como una pareja”... Eso nos lleva a decisiones poco útiles. Pero también hay una parte positiva: preocuparnos por su mundo emocional ha mejorado mucho el bienestar animal. Los perros y los gatos son hoy en día miembros de nuestras familias y, como tales, hay que darles su lugar en la misma y atender a sus necesidades, que también son emocionales.
La clave es quedarnos con lo importante: sí sienten, sí pueden sufrir por separación o estrés y debemos responder con medidas etológicas (rutina, enriquecimiento, aprendizaje, seguridad), no solo con interpretaciones humanas y siempre asesorados por un profesional veterinario especializado en medicina del comportamiento.

