Lídia López, experta en comportamiento felino: “Para tu gato supone un riesgo que fumes en casa, algunas plantas decorativas o aromas como a pino”
Felinos
La experta en bienestar y comportamiento felino, Lídia López, señala que gestos cotidianos como una ventana abierta, una pastilla en la mesilla o una planta decorativa pueden convertirse en una amenaza silenciosa

Nuestras casas están diseñadas por humanos y para humanos. No están pensadas para un depredador de pequeño tamaño, ágil, curioso y con una capacidad asombrosa para meterse en líos.

Cuando decidimos que nuestro gato sea un animal estrictamente de interior, tomamos una decisión basada en el amor y la protección. Sabemos que, cerrando la puerta, dejamos fuera los coches, las enfermedades infecciosas y los peligros de la calle. Y es cierto, las estadísticas no mienten; un gato casero vive más y mejor. Sin embargo, bajar la guardia por completo es un error común. Nuestras casas están diseñadas por humanos y para humanos. No están pensadas para un depredador de pequeño tamaño, ágil, curioso y con una capacidad asombrosa para meterse en líos. Lo que para nosotros es parte natural del día a día (una ventana abierta, una pastilla en la mesilla de noche o una planta decorativa), para ellos puede convertirse en una amenaza silenciosa.
La mayoría de los accidentes domésticos veterinarios no ocurren por negligencia, sino por desconocimiento. “No sabía que eso podía pasar” es la frase más repetida en las clínicas. Hoy vamos a cambiar ese “no sabía” por un “lo sé y lo evito”, repasando los puntos críticos del hogar con realismo y soluciones prácticas.

Uno de los peligros domésticos más frecuentes es el relacionado con las alturas. Los gatos son equilibristas extraordinarios, pero un mal salto o un insecto que pasa volando pueden desencadenar una caída desde ventanas o balcones. El conocido “síndrome del gato paracaidista” recuerda que, por mucha habilidad que tengan para girarse en el aire, un impacto desde varios pisos puede provocar lesiones graves o incluso la muerte. A este riesgo se suma otro menos conocido, pero igual de peligroso: las ventanas batientes u oscilo–batientes. Estas aberturas dejan una rendija por la que el gato puede intentar pasar y quedar atrapado en el marco, lo que suele causar daños internos severos e incluso puede resultar mortal. Es un accidente silencioso, que ocurre en segundos y que sorprende incluso a tutores experimentados. Garantizar que todas las ventanas estén protegidas mediante redes, mosquiteras reforzadas o sistemas específicos para ventanas batientes es una medida indispensable para cualquier hogar con un felino.
Los productos de limpieza también representan una amenaza constante. El aroma a pino, limón u “hogar limpio” que a nosotros nos resulta tan agradable puede contener sustancias altamente tóxicas para ellos. La lejía, el amoníaco, los fenoles y muchos limpiadores perfumados pueden causar irritación, vómitos, problemas neurológicos o dificultad respiratoria si el gato los pisa, los inhala o los ingiere accidentalmente al lamerse. Por eso, es fundamental almacenar estos productos en muebles cerrados, utilizarlos cuando el gato no esté presente y aclarar bien cualquier superficie antes de permitir que vuelva a caminar sobre ella. Otra alternativa muy recomendable es optar por productos de limpieza naturales, suaves y específicamente formulados como cat-friendly, que reducen de forma significativa la exposición a compuestos tóxicos sin renunciar a un hogar limpio.
Las plantas, otro elemento habitual en muchos hogares, pueden esconder un peligro real. Algunas especies muy comunes, como los lirios, los potos, las diefenbaquias, el aloe vera, las azaleas o el ciclamen, pueden causar desde irritaciones orales hasta fallos renales fulminantes. A los gatos les encanta mordisquear hojas, ya sea por curiosidad, juego o necesidad de purgarse, y esto convierte cualquier planta tóxica en un riesgo latente. La buena noticia es que existen muchas plantas de interior completamente seguras para convivir con felinos, como la Calathea, la cinta, la Pilea peperomioides, la Chamaedorea elegans o incluso la orquídea Phalaenopsis. Informarse antes de incorporar nuevas especies puede evitar emergencias veterinarias.
El aroma a pino, limón u “hogar limpio” que a nosotros nos resulta tan agradable puede contener sustancias altamente tóxicas para ellos
En cuanto a la tecnología doméstica, los cables y enchufes son una tentación irresistible para muchos gatos, especialmente jóvenes. Mordisquear un cable puede provocar quemaduras o descargas eléctricas, y tirar de un cargador conectado puede ocasionar caídas de objetos pesados. Del mismo modo, los electrodomésticos como lavadoras, secadoras, hornos y microondas atraen a los felinos por su calor o su olor. No es raro que un gato se esconda en el tambor de una lavadora abierta o en una secadora aún templada, o que se acerque demasiado a una vitrocerámica que conserva el calor minutos después de apagada. A ello se suma un riesgo poco comentado: los radiadores. Estos puntos cálidos son irresistibles, pero las uñas pueden quedar atrapadas entre sus ranuras y causar heridas dolorosas o incluso lesiones articulares. Colocar protectores, revisar siempre el interior de los electrodomésticos antes de utilizarlos y ofrecer alternativas de calor seguras reduce notablemente estas situaciones de riesgo.
Otro ámbito esencial es el de la alimentación y los medicamentos. Los gatos metabolizan muchas sustancias de manera distinta a los humanos, por lo que alimentos tan cotidianos como la cebolla, el ajo, el chocolate, el aguacate, el café, las uvas o cualquier producto con xilitol pueden resultar tóxicos incluso en pequeñas cantidades. Lo mismo ocurre con muchos medicamentos de uso humano: un simple comprimido de ibuprofeno, paracetamol o ciertos antidepresivos puede ser letal para un gato. Mantener tanto los alimentos como el botiquín fuera de su alcance y evitar ofrecerles cualquier resto de comida humana es una forma sencilla y eficaz de prevención.
La curiosidad felina se activa especialmente ante objetos pequeños o que se mueven de forma llamativa. Hilos, agujas, gomas del pelo, cuerdas, cintas de regalo, clips o piezas de juguetes infantiles pueden resultar muy peligrosos si se ingieren, ya que pueden causar obstrucciones intestinales graves que requieren cirugía inmediata. Incluso elementos que parecen inocuos, como las hebras sueltas de un rascador muy usado, pueden ser ingeridos por error. Algo similar ocurre con los juguetes diseñados para gatos cuando están deteriorados o contienen piezas que pueden desprenderse fácilmente. Supervisar su estado y renovarlos con regularidad ayuda a evitar accidentes que suelen ocurrir sin que nadie los vea.
El agua, aunque no suele ser su elemento favorito, también puede convertirse en un riesgo. Bañeras llenas, cubos de fregar con restos de detergente, lavabos profundos o incluso el inodoro abierto son trampas inesperadas, especialmente para gatitos o gatos mayores con menor agilidad. Mantener estos recipientes vacíos o cerrados es una medida simple pero muy eficaz para evitar incidentes. Las puertas y los muebles con ruedas añaden una dimensión extra a los riesgos cotidianos. Una simple corriente de aire puede hacer que una puerta se cierre de golpe y atrape una cola o una pata. Un mueble desplazado sin comprobar qué hay detrás puede sorprender a un gato dormido y un ventilador sin una rejilla lo bastante fina puede convertirse en una amenaza para las patas más curiosas. Mantener la atención y asegurarse de que el hogar se mueve con un ritmo compatible con la presencia de un gato resulta esencial para prevenir sustos.
Incluso la basura puede esconder peligros: restos de comida tóxica, huesos que se astillan, envases cortantes o productos químicos mal desechados pueden convertirse, desde la perspectiva de un gato, en un tesoro tentador. Mantener los cubos bien cerrados y vaciarlos con regularidad es otra forma de evitar problemas.
Fumar en casa también supone un riesgo importante para los gatos, aunque a menudo pase desapercibido.
Fumar en casa también supone un riesgo importante para los gatos, aunque a menudo pase desapercibido. Los felinos inhalan el mismo humo que las personas, pero su organismo, más pequeño y sensible, lo procesa con mayor dificultad. A ello se suma lo que los veterinarios denominan “humo de tercera mano”: las partículas tóxicas que quedan adheridas a muebles, suelos, ropa, textiles y, sobre todo, al propio pelaje del gato. Como se acicalan con frecuencia, acaban ingiriendo estas sustancias, lo que incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias, alergias e incluso ciertos tipos de cáncer. Fumar en exteriores, ventilar bien y lavarse las manos después son hábitos sencillos que reducen significativamente este peligro silencioso.
Las velas, pese a su apariencia inofensiva, pueden convertirse en una fuente inesperada de accidentes. Una llama accesible es suficiente para que un gato curioso sufra quemaduras en el hocico o en la cola, o para que, con un simple salto o un roce al pasar, la vela se caiga y provoque un incendio doméstico. Además, el calor puede dañar sus bigotes, esenciales para su orientación, y muchas velas perfumadas contienen fragancias o aceites que resultan irritantes o tóxicos para ellos. Optar por velas LED o mantener siempre las velas tradicionales fuera de su alcance y bajo supervisión es la forma más segura de conservar la atmósfera cálida del hogar sin comprometer su bienestar.
Finalmente, los cosméticos, ambientadores y productos de higiene personal completan el listado de riesgos. Cremas, perfumes, desodorantes, difusores eléctricos y aceites esenciales pueden contener alcoholes y sustancias irritantes o tóxicas. Como los gatos se lamen con frecuencia, cualquier rastro en su pelaje o en sus patas puede terminar en su sistema digestivo, provocando malestar o intoxicaciones.

A pesar de este largo inventario de riesgos, convivir con un gato no tiene por qué convertirse en una tarea estresante ni en una sucesión de prohibiciones. La clave está en anticiparse y ofrecer alternativas. Un gato que dispone de enriquecimiento ambiental adecuado dedica menos tiempo a explorar zonas peligrosas. Un hogar bien organizado, con ventanas aseguradas, productos tóxicos fuera de su alcance y espacios revisados regularmente, reduce drásticamente la posibilidad de accidentes. Y, sobre todo, la observación y la convivencia diaria nos permiten aprender qué atrae especialmente a nuestro gato, qué hábitos tiene y cómo adaptar el entorno a sus necesidades.
Proteger a un gato no significa vivir con miedo, sino construir un espacio consciente donde pueda ser él mismo sin exponerse a riesgos que podemos evitar. Cada ventana protegida, cada radiador cubierto y cada cable escondido es un gesto silencioso de amor hacia quienes llenan nuestra vida de compañía y ronroneos. Convertir el hogar en un lugar seguro no implica limitarlo, sino cuidarlo. Porque, al final, crear un entorno protegido para ellos es simplemente otra forma de decirles, cada día y sin palabras, que su bienestar es importante para nosotros.

