Jordi Ferrés, especialista en comportamiento de gatos: “Si tu gato se va cuando intentas tocarlo, probablemente te está pidiendo que lo sigas y no que lo dejes en paz”
Felinos
El experto en etología felina introduce 'Si els gats parlessin', un manual para comprender la comunicación física de estos animales y refutar diversas creencias erróneas sobre su conducta.

Convivir con un gato es aprender a leer entre líneas cada día..

Habitar con un felino implica interpretar señales sutiles cotidianamente. Un guiño pausado, el movimiento del rabo, el estiramiento corporal o una aproximación imprevista comunican bastante más de lo que aparentan. No todos los mininos actúan de forma idéntica ni manifiestan sus sentimientos del mismo modo. Cotejar a tu mascota con la de conocidos, parientes o allegados frecuentemente genera diversos equívocos. Según Jordi Ferrés, especialista en conducta felina, en ese punto reside el origen de numerosos enredos al vivir con gatos. Dentro de su obra Si els gats parlessin, detalla que el núcleo de la conducta de los gatos es la comunicación gestual. “Todo lo que nos dicen, nos lo dicen con su cuerpo y con su expresividad”. Si bien estos animales producen ruidos —sobre todo en el vínculo materno-filial—, su auténtica lengua es distinta. “El lenguaje felino es el de la sutileza. El abanico de señales es muy amplio, pero los humanos solo captamos una pequeña parte”, afirma.
Una de las comunicaciones más evidentes que realizan los felinos consiste en entornar los párpados. Representa un gesto de tranquilidad y paz, parecido a echarse sobre el piso o incluso rodar sobre sí mismos, mediante los cuales manifiestan su disposición para interactuar. “Sentarse o tumbarse dando la espalda es otro mensaje bastante claro. Indica que no quieren conflicto y que concedan confianza. Si te doy la espalda no estoy pendiente de hacerte nada y, al mismo tiempo, compruebo que tú no me vas a hacer nada a mí”, aclara. Realizar bostezos, incorporarse del suelo estirándose profundamente, caminar con mucha pausa, aproximarse a otro congénere evitando el contacto visual directo o comenzar a lamerse el pelaje constituyen igualmente muestras habituales de sosiego. “El abanico es muy amplio y muchas veces pasa desapercibido para las personas, pero los gatos se comunican constantemente a través de estos gestos”, agrega.
Nuestros felinos nos expresan y relatan diversos mensajes a diario. La mayor parte no la comprendemos y otros simplemente nos resultan totalmente inadvertidos.
Sin embargo, existen ademanes que suelen generar malentendidos. Una de las señales más comunes es el desplazamiento de las orejas: ya sea durante el esparcimiento o ante una confrontación con otro felino, las repliega y muestra una actitud vigilante. “El problema es que, para jugar, hacen exactamente lo mismo que cuando se amenazan, pero con una carga emocional completamente distinta”, aclara Ferrés. Generalmente, este comportamiento no refleja una hostilidad verdadera, sino una simple predisposición. Una situación similar sucede con la cola. Frecuentemente se asume que, si un minino la agita, se encuentra molesto o listo para atacar, no obstante, la cola “se mueve por un montón de motivos”, señala el etólogo. Incluso un ejemplar tranquilo o somnoliento es capaz de menearla. Asimismo, se mencionan los bigotes como indicio de embestida, aunque Ferrés considera que tales interpretaciones son demasiado especializadas. “A la hora de entender e interpretar a un gato, será mejor dejarse de tecnicismos y probar más de sentir el momento, las sensaciones que recibimos”.

Conversaciones de gatos
Las personas solemos comprender erróneamente la comunicación de los gatos, lo cual ocurre habitualmente de manera desfavorable. “Si tienes varios gatos, entre ellos deben ponerse límites y orden, y no pasa nada que uno le sople al otro. Son mensajes contundentes que no tienen por qué acabar mal”, señala. En realidad, existen felinos más persistentes que reciben diversos bufidos cada jornada ya que los gestos físicos no les resultan suficientes. “Nuestros gatos nos dicen y nos cuentan muchas cosas todos los días. La mayoría no las entendemos y otras directamente nos pasan desapercibidas. Nuestra rutina de trabajo o familiar, las prisas con las que nos arrastra nuestra sociedad hoy en día o las ganas de relajarnos y descansar suelen ser factores que nos ciegan a la hora de ver que nuestros gatos nos están hablando, nos están diciendo cosas”.
Es habitual que, al volver a la vivienda, los felinos se acerquen a dar la bienvenida a sus dueños. No obstante, en diversas ocasiones apenas se les otorga un momento de cuidado, aunque de hecho reclaman bastante más. “Nos lo hacen saber persiguiéndonos por toda la casa. A muchos gatos se les cuelga la etiqueta de pesados, pero si entendemos que llevan todo el día esperándonos para liberar su alegría con nosotros, quizá estaremos más atentos la próxima vez”, comenta el etólogo.
Por tal motivo, sugiere emplear los diez o quince minutos iniciales tras volver al hogar para compartir tiempo con ellos. “No hace falta que sea en exclusiva: podemos hacer dos cosas al mismo tiempo”. Propone incluirlos en las tareas cotidianas mientras nos ponemos ropa cómoda o alistamos algo de comer. “Jugar a taparlos con la camisa o el pantalón, invitarlos a la cocina, darles algún premio, dedicarles unos mimos de lujo en el sofá o aprovechar para peinarlos. Cualquier cosa será bienvenida para romper con el aburrimiento y llenar de gozo una casa que ha estado vacía y carente de compañía”. Gran parte de estos animales habrán estado dormidos durante la jornada para lidiar con el tedio y el aislamiento, viéndonos prácticamente como “dioses”: somos quienes abren y cierran accesos, proveen alimento y bebida, asean sus cajas de arena y mantienen su entorno. “Nos adoran a su manera, y nosotros deberíamos devolverles esa adoración pagando con la misma moneda”.
Entretenerse ocultándolos bajo una prenda o el pantalón, proponerles ir a la cocina, otorgarles un obsequio, regalarles caricias de calidad en el sofá o usar el momento para cepillarlos. Todo recurso será bien recibido con tal de acabar con la monotonía.
Asimismo, procuran el acercamiento cuando nos notan descansando, ya sea en el sillón o en el lecho, y no vacilan al demandar cuidados. Sitúan su testa bajo nuestra palma y la elevan con energía para solicitar mimos, nos dan pequeños golpes con la cabeza en la extremidad o el rostro buscando cariño, se detienen ante accesos bloqueados —sobre todo los de azoteas, galerías o jardines— o aguardan junto al frigorífico, origen incesante de manjares. De igual modo, trotan entusiasmados al momento de acostarnos, contentos de disfrutar ese instante de la jornada. Por otro lado, Ferrés aconseja que resulta fundamental dividir el espacio de descanso y el reposo con ellos, puesto que consolida la unión y disminuye la tensión.
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Una de las conductas que mayor desconcierto provoca al convivir con felinos ocurre cuando se ponen de pie y se alejan precisamente cuando buscamos darles mimos. Un gesto que bastantes personas ven como un desaire, aunque, de acuerdo con Ferrés, habitualmente representa todo lo opuesto. “Cuando un gato se levanta y se va, salvo que estemos invadiendo algo que no quiere, muchas veces lo que está haciendo es pedirnos que lo sigamos”, señala el especialista en comportamiento animal.

De acuerdo con Farrés, esta confusión resulta frecuente y tiende a consolidarse con el paso de los días. Si la persona percibe el alejamiento como una negativa y cesa su intento, el felino asimila que escapar constituye el único método para gestionar la interacción. No obstante, en diversas ocasiones, el ser vivo anhela precisamente lo opuesto: ser escoltado a su propia velocidad, sin presiones y con tranquilidad. La recomendación que ofrece el experto en comportamiento es simple aunque instintiva: acompañar al felino lentamente, sin acosarlo, empleando un tono tenue y respetando el espacio que establezca. Durante ese breve “juego” de aproximación y distanciamiento, el animal verifica si se le comprende correctamente. En definitiva, comprender a un felino no consiste en forzar mimos ni en alejarse de inmediato, sino en lograr descifrar los códigos mediante los cuales solicita cercanía. Se trata de una comunicación no verbal, cargada de detalles, que requiere de elementos escasos en nuestra vida cotidiana: dedicación, atención y calma.

