Sociedad

Conxita Martínez, veterinaria: “En perros y gatos podemos ver cuadros comparables a la depresión humana, como pérdida de interés, apatía y decaimiento, casi siempre por cambios bruscos en su rutina o castigos continuados”

Ansiedad 

Uno de los errores más habituales, según la veterinaria, es no empatizar con las necesidades reales del perro y humanizar su conducta, lo que puede llevar a malentendidos y problemas emocionales

Conxita Martínez, veterinaria de Anicura Canis i Felis hospital veterinari. 

Conxita Martínez, veterinaria de Anicura Canis i Felis hospital veterinari. 

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La tristeza prolongada, la apatía y los cambios de comportamiento no son exclusivos de los humanos. Cada vez más estudios y veterinarios advierten que los animales también pueden sufrir alteraciones emocionales, y la depresión es una de ellas. Detectarla a tiempo no siempre es fácil, porque en ocasiones se confunde con el carácter, la edad o simples cambios de rutina. Sin embargo, aprender a identificar estas señales puede marcar una gran diferencia en el bienestar de nuestras mascotas. 

De ello nos habla precisamente Conxita Martínez, veterinaria, quien explica cómo reconocer los signos de alarma, qué cambios en el entorno pueden ayudar y cuándo es importante consultar con un especialista para evitar que el problema se cronifique.

Que nuestra mascota muestre menos apetito, prolongue sus horas de sueño o pierda interés por jugar o interactuar con otros perros o con la familia son señales de alerta

Conxita Martínez

Veterinaria

¿Qué significa que una mascota sufra cambios de humor? ¿Es comparable a lo que sentimos los humanos?

Cuando hablamos de un comportamiento normal en un perro, y nos centramos en ellos porque tienen una conducta más social, nos referimos a que realice de manera natural actividades diarias como alimentarse, cumplir con sus patrones de sueño, interactuar con otras mascotas y humanos, y que tenga interés y motivación. Según mi opinión, existen situaciones comparables a cuadros de depresión humana, en las que estos comportamientos naturales no se cumplen. Estos cambios pueden ser puntuales o prolongarse en el tiempo. Sí existe una situación similar a la depresión en perros: es un estado de tristeza, decaimiento y apatía.

Muchos perros viven condicionados por los horarios de trabajo de sus tutores, lo que implica horas de soledad o cambios en la rutina. 
Muchos perros viven condicionados por los horarios de trabajo de sus tutores, lo que implica horas de soledad o cambios en la rutina. Getty Images

¿Cuáles son los factores más frecuentes que pueden desencadenarlo en perros y gatos?

Casi siempre las causas están relacionadas con cambios bruscos en las rutinas. Los perros necesitan cumplir pautas más o menos regulares, y cuando hay una rotura o cambio brusco, necesitan un tiempo para adaptarse, que varía según cada individuo. Entre estas causas pueden estar un cambio de familia, un perro que pasa a otra unidad familiar diferente, ya sea porque falta algún miembro de la familia con el que tenía un vínculo mayor, o porque entra un nuevo individuo, como un bebé o un cachorro. Esto puede desequilibrar su rutina y producir un cambio emocional. También cualquier cambio en sus horarios, como pasar más tiempo solos, puede ser motivo de depresión o tristeza.

¿Y los perros sometidos a castigos continuados? 

También. Sobre todo cuando los castigos no se aplican correctamente. Hay que recordar que los castigos deben minimizarse y que lo que se debe procurar es educar mediante refuerzos positivos. Un perro sometido a estrés por castigos, por ejemplo, tras encontrarse pipí, cacas o algún destrozo en casa y ser reprendido, puede desarrollar ansiedad que derive en depresión o estado de tristeza.

¿Existen diferencias en cómo se manifiesta según la especie o la raza?

En principio, los cambios emocionales son más por individuo que por raza. Las características de temperamento de cada individuo son los factores de riesgo a padecer trastornos de conduta. Es cierto que hay razas que quizá son más susceptibles porque son más activas o nerviosas, que necesitan un grado de actividad física mayor. En estos casos, si el individuo está en un ambiente poco propicio para su desarrollo, quizá puede tener más riesgo. Pero también hay razas más tranquilas que se adaptan mejor a las situaciones del entorno del tutor. 

Según mi opinión, existen situaciones comparables a cuadros de depresión humana, en las que estos comportamientos naturales no se cumplen

Conxita Martínez

Veterinaria

¿Cuáles son los signos más sutiles?

Que nuestra mascota muestre menos apetito, prolongue sus horas de sueño o pierda interés por jugar o interactuar con otros perros o con la familia son señales de alerta. Siempre hay que descartar primero que exista alguna patología de base que provoque dolor o enfermedad que explique estos síntomas. Mi recomendación es que, si detectas estos signos y persisten, consultes rápidamente con un veterinario para evitar que la situación empeore o se cronifique.

Por tanto, la observación juega un papel determinante. 

Sin duda. Es muy importante que la gente sepa que debe fijarse bien, porque a veces se puede pensar que un cambio es solo por la edad o la personalidad de la mascota. Los pacientes geriátricos, por ejemplo, pueden sufrir síndromes relacionados con la disfunción cognitiva, similares a las demencias en personas mayores, que generan conductas de ansiedad o tristeza debido a trastornos del sistema nervioso central. Por eso es fundamental descartar cualquier causa orgánica, enfermedad o dolor, ya que esos mismos síntomas pueden deberse a un problema físico. La prevención y el estudio son esenciales.

¿Qué pasos recomienda dar primero si sospechamos que nuestra mascota está deprimida?

Lo primero es entender sus necesidades básicas, no solo físicas, sino también emocionales. Muchos perros viven condicionados por los horarios de trabajo de sus tutores, lo que implica horas de soledad o cambios en la rutina. A veces reciben poca atención entre semana y mucha el fin de semana, y esa falta de regularidad puede afectarles. También hay razas que necesitan mucha actividad física porque tienen gran energía y deben liberarla. En estos casos, es importante asegurar ejercicio y estimulación.

Como cada perro es diferente, algunos disfrutan socializando en parques o montaña; otros prefieren paseos tranquilos, olfatear y estar cerca de su tutor sin tanta interacción. Pero se trata de comprender las necesidades individuales de cada perro y ofrecerle estímulos y bienestar emocional, además de lo básico como alimentación o un lugar donde dormir. Hay que ir un paso más allá y empatizar con sus necesidades emocionales para evitar que se aburran o pierdan motivación.

¿Qué tipos de intervenciones funcionan mejor: cambios en el entorno, actividad física, interacción social...?

Principalmente, introducir cambios que mejoren su bienestar diario. Una de las claves es ampliar el tiempo de paseo o, como mínimo, asegurar que uno de ellos sea de calidad: no solo salir a hacer sus necesidades, sino dedicar ese rato a caminar, explorar y distraerse. Compartir tiempo e interacción con ellos también es importante: jugar, trabajar pequeñas órdenes o incluso practicar actividades como agility, especialmente en razas predispuestas al adiestramiento.

Otro aspecto clave es reducir, en la medida de lo posible, las horas que pasan solos en casa. Y cuando no se pueda evitar, proporcionar juguetes interactivos que les ayuden a entretenerse, buscar comida y mantenerse mentalmente activos. En definitiva, se trata de modificar algunos hábitos de su rutina para ofrecerles más estímulos, más compañía y más calidad en sus actividades diarias.

Muchos perros viven condicionados por los horarios de trabajo de sus tutores, lo que implica horas de soledad o cambios en la rutina

Conxita Martínez

Veterinaria

¿Qué errores comunes cometen los dueños que pueden empeorar el estado emocional de sus animales?

Uno de los errores que más se comete es no empatizar con las necesidades reales del perro. A veces se cree que con salir dos veces al día y pasar el resto del tiempo descansando en el sofá es suficiente, pero no lo es. Los perros son animales muy sociables e inteligentes, y necesitan estímulos mentales y oportunidades para interactuar, jugar, oler y explorar el entorno. Humanizar su conducta también puede llevar a malentendidos: pensar “qué bien vive mi perro, todo el día durmiendo en el sofá” puede parecer positivo, cuando en realidad esa falta de actividad y de estímulos no favorece su bienestar. Realmente, es fundamental entender no solo las necesidades físicas del animal, sino también las necesidades de bienestar emocional.

Las características de temperamento de cada individuo son los factores de riesgo a padecer trastornos de conduta. 
Las características de temperamento de cada individuo son los factores de riesgo a padecer trastornos de conduta. Getty Images

Si tuviera que dar un mensaje clave a los dueños sobre cómo cuidar la salud emocional de su mascota, ¿cuál sería?

Lo más importante es entender y respetar las necesidades emocionales de cada animal, además de las físicas. No todas las mascotas necesitan lo mismo: algunas requieren más ejercicio, otras más interacción social o estimulación mental. Observar, empatizar y adaptar las rutinas para ofrecerles bienestar integral es esencial. Si, a pesar de poner en práctica estos cambios, la situación no mejora en un corto periodo de tiempo, es fundamental consultar con el veterinario de referencia para descartar causas físicas y valorar la derivación a un especialista en comportamiento. En casos más complejos, el apoyo de un etólogo clínico puede ser clave para ayudar al animal.

Laura Villanueva

Laura Villanueva

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Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra y con máster en Periodismo Deportivo. Actualmente coordinadora de Peludos, SEO y redactora de audiencias en Guyana Guardian. He trabajado en Diario de Navarra y Mundo Deportivo.