“Una microbiota más rica, menos sobrepeso y protección frente al dolor y el estrés”: así favorecen las mascotas la salud infantil
Vínculo
Según el doctor Luis Fernández Pereira, vicepresidente de la Sociedad Española de Inmunología, a los tres o cuatro meses, los bebés de familias con mascotas presentan una microbiota intestinal más rica
“Los niños hospitalizados tienen menos estrés y ansiedad y sienten menos dolor cuando están acompañados de animales”, explica Ana Méndez Echevarría, coordinadora del Área de Pediatría Hospitalaria, Enfermedades Infecciosas y Tropicales del Hospital Universitario La Paz

Según el doctor Luis Fernández Pereira, vicepresidente de la Sociedad Española de Inmunología, a los tres o cuatro meses, los bebés de familias con mascotas presentan una microbiota intestinal más rica

La ciencia no está al margen de los significativos cambios que se producen cuando un animal entra en la vida de una familia. Diversos estudios han examinado la influencia positiva en la salud física y emocional de las personas que conviven con animales. En el caso de los niños, el interés es aún mayor, ya que su corta edad permite observar de un modo más claro la manera en que su estado físico y anímico puede modificarse debido a la interacción con el animal de compañía. ¿Qué dicen los últimos trabajos acerca de ello? ¿Hay un impacto médico positivo sobre la infancia?
El punto de partida: la hipótesis de la higiene
“La vida en granjas ha servido como ‘experimento natural’ para entender el papel de las exposiciones microbianas en la salud infantil. Diversos estudios han mostrado que crecer en granjas, rodeado de animales y polvo de establo, se asocia de forma consistente con menor prevalencia de asma y rinitis alérgica, así como con cambios medibles en la producción de IgE [un tipo de anticuerpo] y en distintos parámetros inmunológicos”, destaca el doctor Luis Fernández Pereira, vicepresidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEMI). No obstante, matiza: “Aunque las condiciones de una granja no son equiparables a tener un perro en un piso urbano, estos datos refuerzan la idea de que convivir con animales contribuye a un entorno inmunológicamente 'educador'”.
Crecer en granjas, rodeado de animales y polvo de establo, se asocia de forma consistente con menor prevalencia de asma y rinitis alérgica

Esta realidad encaja con la denominada ‘hipótesis de la higiene’: cuando los niños están en un entorno excesivamente limpio y esterilizado, el sistema inmune no se ‘entrena’ del todo, y esto podría favorecer la aparición de alergias y de algunas enfermedades autoinmunes. Los primeros años de vida son un momento clave para esas exposiciones externas. ¿Qué papel juegan aquí las mascotas? “La convivencia con animales domésticos introduce de forma constante microorganismos ambientales que llegan al niño tanto por contacto directo, como por el polvo doméstico y por las partículas que transportan el pelo y que traen las mascotas en sus patas”, subraya el experto de la SEMI para Guyana Guardian.
Así modulan las mascotas el sistema inmune infantil
Tal como cuenta el inmunólogo, la hipótesis de la higiene ha dado paso a un marco más amplio donde la presencia de las mascotas es uno de los factores que puede modular la evolución del sistema inmunitario, “aunque no es el único ni el más determinante”, aclara. A su lado están el microbioma (conjunto de microorganismos que están en nuestro cuerpo), y otros aspectos que tienen que ver con la diversidad ambiental, como el contacto con otros niños, con la naturaleza y disfrutar de una alimentación variada.
Pero la evidencia científica es tozuda y muestra que la convivencia con mascotas provoca, precisamente, cambios en el microbioma. “Los hijos de familias con mascotas presentan ya a los tres-cuatro meses una microbiota intestinal más rica en ciertos grupos bacterianos considerados beneficiosos”, señala. “Estos cambios se han relacionado con perfiles inmunitarios menos ‘alergénicos’, con mejor equilibrio entre células T reguladoras y respuestas de tipo Th2, un elemento clave en la prevención de alergias”.
¿Protegen los animales frente al asma y la alergia infantil?
Muchos de los estudios que analizan la relación entre la salud infantil y las mascotas se han dedicado a responder a una pregunta muy frecuente entre las familias: ¿provoca asma o alergia en los niños tener un perro o un gato? La asociación entre estas enfermedades y la convivencia temprana con mascotas es débil, tanto en un sentido como en otro. En algunos trabajos se observa un pequeño incremento del riesgo, pero en otros la tendencia es ligeramente protectora. Igual sucede cuando se analiza la respuesta de los niños que tienen animales en casa frente a infecciones respiratorias frecuentes. “Los resultados son heterogéneos y todavía no permiten afirmaciones concluyentes”, destaca el Dr. Fernández Pereira.
En niños con alergia a epitelios de gato o perro, la convivencia sí aumenta los síntomas y la inflamación de las vías respiratorias
Sí se sabe que “en niños con alergia demostrada a epitelios de gato o perro, la convivencia con esos animales aumenta los síntomas y la inflamación de las vías respiratorias, por lo que se recomiendan medidas de evitación individualizadas que, en algunos casos, incluyen no tener ese tipo de mascota en casa. Lo mismo ocurre en el asma ya establecida y mal controlada, donde los alérgenos de mascotas pueden actuar como desencadenantes importantes de crisis”, alerta. Por eso, las guías europeas en alergia y asma no recomiendan adquirir o evitar la convivencia con una mascota de forma sistemática, sino particularizar cada caso.
Como resume el inmunólogo, “convivir con una mascota desde la infancia forma parte de un entorno rico en estímulos microbianos que contribuye a la maduración del sistema inmunitario y, en algunos contextos, puede asociarse con menor riesgo de determinadas alergias, aunque los datos sobre asma son contradictorios y los efectos, cuando existen, suelen ser modestos”.
¿Quién saca a pasear a quién?
Más allá del terreno de la inmunidad, las alergias y las afecciones respiratorias, cuando los niños viven en familia con una mascota hay otros beneficios cuantificables para la salud. En un análisis de más de 50 estudios científicos internacionales de los últimos cinco años, realizado por la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona, se ha llegado a la conclusión de que vivir con un perro tiene un impacto positivo real sobre la salud. En esta revisión sistemática ha quedado acreditado cómo los pequeños que se responsabilizan del cuidado de su perro, incluyendo paseos y juegos, desarrollan actividad física de más calidad y están más en contacto con el medio natural. “No solo les ayuda a hacer más ejercicio físico y a alejarse de las pantallas, sino que ese ejercicio tiene tendencia a llevarlos a zonas verdes o a zonas azules (cerca del mar o de ríos), en contraposición a los espacios grises urbanizados”, resalta Jaume Fatjó, director de la citada cátedra.
Al mantenerse activos físicamente se logra un beneficio que persiguen muchas políticas públicas: reducir la alarmante tasa de obesidad infantil actual. Según el último informe ALADINO (de 2024), en España el 40,6% de los niños entre seis y nueve años tienen exceso de peso (un 23,3%, sobrepeso, y un 17,3%, obesidad).
No solo les ayuda a hacer más ejercicio físico y a alejarse de las pantallas, sino que ese ejercicio tiene tendencia a llevarlos a zonas verdes o a zonas azules
En este sentido, reflexiona Fatjó, “¿quién saca a pasear a quién? Aunque el perro no te ‘pasea’, te impone de manera amable una responsabilidad, una rutina, que supone para el niño una oportunidad educativa”.
En este mismo sentido, reflexiona la Dra. Ana Méndez Echevarría, coordinadora del Área de Pediatría Hospitalaria, Enfermedades Infecciosas y Tropicales del Hospital Universitario La Paz, de Madrid, “al salir de casa, los niños mejoran su socialización, lo que implica beneficios psico-emocionales que redundan en beneficios sobre su salud en general, ya que mente y cuerpo van unidos”.
Cada vez más presentes en terapias infantiles
Ciñéndonos al plano meramente emocional, que tiene una respuesta clara sobre la salud física, el contacto estrecho con los animales ayuda en situaciones de estrés y ansiedad de los más pequeños, facilita la comunicación familiar y favorece la autoestima, ya que los menores no se sienten juzgados sino en un espacio seguro.
Ese apoyo emocional se ejemplificó en un trabajo citado por Jaume Fatjó en el que se les preguntaba a los niños con mascotas qué hacían si se despertaban de noche con una pesadilla o si habían tenido un mal día en el colegio. Los menores declararon que en estas situaciones sus animales de compañía les confortaban en la misma medida que sus padres. “Contar con apoyo social se considera como uno de los mejores predictores para disfrutar de una buena salud no solo emocional sino física. Por eso, en la medida en que un animal es capaz de reforzar esa red de apoyo en el niño, refuerza también su salud física”, añade.
Por todo ello, los animales están siendo cada vez más incluidos en terapias destinadas a niños con enfermedades. Se utilizan para mejorar la espasticidad en menores con parálisis cerebral, para ayudar cuando hay un trastorno de la alimentación como anorexia o bulimia, para niños con autismo, con alteraciones psicomotoras o en los casos en que hay problemas conductuales. También en unidades de cuidados intensivos pediátricas y en Oncología, la presencia de los animales es cada vez más usual. “Hay una mejora de la tensión arterial, una mejora cardiovascular, se reduce el dolor, por ejemplo en procedimientos invasivos, y todo ello redunda en la mejoría del niño que está hospitalizado porque favorece su recuperación”, recalca la pediatra.
La Dra. Méndez Echevarría ha llevado a cabo un estudio de investigación, en colaboración con la Fundación Mapfre y la Asociación Española de Pediatría (AEP), en el que ha analizado las ventajas de las mascotas en los hogares de un niño trasplantado. Tener una o estar en contacto con animales se ha asociado a beneficios para la salud física, mental y social de estos niños, ya que reducen la soledad, la ansiedad y la depresión, aumentan el ejercicio y promueven un estilo de vida saludable. Fruto de este trabajo es también una guía con orientación médica para aquellos menores que tienen problemas de salud que afectan a su sistema inmunológico y que conviven con mascotas.
En los hogares de niños trasplantados, tener una mascota se ha asociado a beneficios para la salud física, mental y social
Entre los consejos ofrecidos para estos niños inmunodeprimidos está consultar antes con el médico y con el veterinario, seguir las revisiones veterinarias, con especial cuidado en la vacunación y la desparasitación del animal, y evitar besos y lametazos de la mascota, sobre todo en la cara y si hay heridas. Tampoco se aconseja compartir cama, utensilios o comida y habría que dejar la higiene del arenero o la recogida de las heces para otra persona.

El vínculo afectivo, por encima de todo
¿Suponen todos estos beneficios un argumento decisorio para tener una mascota en casa? No debería ser así. “Para la mayoría de las familias, la decisión de tener mascota debería basarse en el vínculo afectivo y en la capacidad de ofrecer un cuidado responsable, integrando la historia alérgica del niño y las recomendaciones del especialista más que en la expectativa de un ‘escudo’ inmunitario garantizado”, resalta el Dr. Luis Fernández Pereira.
Ese vínculo afectivo también va del animal a la familia. Por lo que la Dra. Ana Méndez insiste en la importancia de tener un cuidado especial cuando un recién nacido llega a casa, sobre todo cuando la mascota no ha convivido con niños antes. Puede haber celos por parte del animal y hay que estar muy al tanto, no dejando al bebé solo con él. En definitiva, para niños y adolescentes, tener una mascota es una experiencia vital única, más allá de la protección física y emocional que pueda brindarles, que está ahí e inequívocamente respaldada por la ciencia.

